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Se acentúa el trágico final del chavismo

La aguda y prolongada crisis económica de Venezuela, junto a la crisis de legitimidad y legalidad política del chavismo, inequívocamente expresada en los resultados de las elecciones parlamentarias de diciembre del 2015, han determinado que el gobierno de Maduro haya tomado la infausta decisión desconocer esos resultados y convocar una Constituyente, realizándola a sangre y fuego, con lo cual no solamente hará imposible la gobernabilidad de ese país, sino que acentuará la vocación autoritaria del populismo militarista en que ha discurrido ese régimen y con eso el inicio su trágico final. En la votación para esa Constituyente participó un 41%, según el gobierno y un 12% según la oposición, cifras que quedan muy por debajo del 74.25% que participó en las parlamentarias.

En esas elecciones, hace apenas un año y ocho meses, la oposición logró 2, 2 millones de votos más que el chavismo, traduciéndose en 109 escaños para ella y 55 para el gobierno. Lo peor para el chavismo fue que perdió en los centros urbanos más importantes; en Caracas obtuvo sólo un diputado de 9 en liza y en algunas provincias de alta concentración de trabajadores fabriles obtuvo menos del 40%. En varios barrios populares el chavismo obtuvo resultados muy inferiores a los obtenidos por la oposición, dándose el caso del conocido Petares, donde dos de cada tres votantes votó contra el oficialismo. El régimen fue incapaz de calibrar el surgimiento de una nueva mayoría en Venezuela, al tiempo que un sector de la oposición no supo calibrar la nueva coyuntura, enzarzándose ambos en una pugna sin salida.

Un sector de la oposición planteó la salida pura y simple de Maduro, otro demandó el referéndum revocatorio, acogiéndose a la legalidad del régimen, pero este ignoró esas demandas optando por la fuga hacia adelante, desconociendo la nueva mayoría surgida de aquellas elecciones, planteándose una Constituyente que en comparación con cantidad de los votos obtenidos para constituirla con la cantidad y calidad del voto de la Asamblea Nacional surgida algo más de un año, constituye otra muestra de la condición de minoría real del chavismo. Existen elementos que permiten inferir que la oposición es todavía mayoría en Venezuela, pero hasta el momento carece de un liderazgo capaz de encontrar la forma de entenderse con el régimen; su principal dirigente, al igual que Maduro, se dice, ha recibido dinero de Odebrecht para su campaña.

En lo inmediato, esa circunstancia acentúa una crisis de gobernabilidad que profundizará las penurias de la población, la fuga de cerebros y de mano de obra calificada, además la sostenida pérdida de aceptación del régimen en los sectores sociales que antes lo apoyaron, profundizando sus acciones de rupturas con su propia legalidad y su incapacidad de enfrentar la bancarrota económica. Para sostenerse, el régimen insiste en la represión; a pesar de que la historia enseña que ese recurso es el peor antídoto contra cualquier intento de recuperación político/económica. Sectores poderosos nacionales y extranjeros desplazados del poder han contribuido a la bancarrota económica, pero ha sido la incapacidad del chavismo de darse un proyecto de transformación inclusivo pero sustentado en la legalidad realmente democrática el factor determinante de esa circunstancia.

El chavismo encontró el precio del petróleo a 10 dólares el barril y en poco tiempo ese carburante superó la barrera de los 80 dólares. Con esos precios, en sus inicios, Chávez logró recursos para incorporar al consumo y sacar de la marginalidad a legiones de pobres sin techo y sin servicios, pero la cuantía de esa riqueza no impidió un acelerado déficit fiscal, un proceso de endeudamiento insostenible, una acentuación de la mono producción, haciendo dependiente la economía del país. Mientras que con menos recursos Evo Morales logró superávit fiscal, incorporó a tantos o más pobres al consumo, sin dejar de expresar su discurso antiimperialista. ¿Que Venezuela era y es más apetecible que para los Estados Unidos?, podría discutirse, pero el flujo de petróleo que desde siempre le ha llegado desde Venezuela ha seguido de manera sostenida durante el chavismo.

En tal sentido, atribuirle a los Estados Unidos todo el peso de la desgracia económica del Venezuela es un argumento de un sector de una izquierda, en eso no muy lejana de cierta derecha, que del antinorteamericanismo hacen ideología y para justificar sus carencias para diseñar una propuesta transformadora cimentada en el ejercicio pleno de la democracia política. La debacle del chavismo constituye una tragedia para Venezuela y un golpe demoledor a una izquierda que sin transigir con los intereses de las oligarquías locales ni con los designios de dominación imperialista, no está tan ciega para no entender las razones últimas que han determinado que el chavismo haya visto pasar una preciosa oportunidad para llevar esperanza y bienestar a los olvidados de siempre, y que ahora haya recurrido a la quema de sus naves, enrumbándose hacia un trágico final, el cual parece que será irremediablemente sin retorno.

Una tragedia que desafortunadamente pagarán los pobres y un vasto sector de las capas medias de ese país, no quienes desde el poder se han enriquecido a través de la corrupción. Una tragedia que afecta las posibilidades de avance de una izquierda de la región que además de útil quiere ser eficaz.

César Pérez
Sociólogo y profesor universitario

 

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