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Los ‘Millennials’ dominicanos: una generación que no quiere participar (I)

Con la mirada puesta en la cooptación de votantes, los ‘líderes’ de los partidos políticos y los candidatos a las elecciones, constantemente elaboran un discurso (muchas veces vacío) del porqué los jóvenes son tan importantes en su proyecto político. Debe ser sumamente difícil convencer a una persona que, penosamente, no está interesada en participar del desarrollo social.

La palabra ‘juventud’ tiene diversas concepciones: para muchos no la representa la edad, que según la ley 49-00 es de 15 a 35 años; para estos, la juventud es un estado de vida y una forma de asumir los retos del día a día, con energía y optimismo.

Fuera de este concepto consolatorio, las masas sociales son vistas como cuerpos conjuntos y en los cuales los individuos y sus grupos tienen funciones muy específicas. El orden social es el que garantiza el paso de los recursos de esta generación para que puedan ser aprovechados por las venideras.

Nunca falta la desconfianza en el porvenir. Muchos piensan que no vale la pena cuidar recursos naturales o económicos que al final las nuevas generaciones van a depredar o despilfarrar.

Pero el asumir construir una sociedad más justa, fuerte, equitativa y plural es la misión propia de personas que los ciudadanos hemos escogido para que diseñen un modelo de nación, que es el que queremos dejarles a nuestros hijos y nietos, y a los hijos y a los nietos de estos.

Los funcionarios públicos, los que se eligen de manera popular, los técnicos y los designados (sea o no por razones de orden partidista o clientelista), son los representantes del grueso de la sociedad. Tienen el deber cívico y moral -delegado directa o indirectamente por nosotros- de responder por los intereses del colectivo, o de los sectores a los cuales están llamados a representar.

Según un estudio de Accenture, el 34% de la población mundial tiene entre 18 y 34 años de edad. Solo en Estados Unidos hay de 79 a 80 millones de jóvenes en este rango de edades, según el Dpto. de Tesoro de ese país. Son los llamados ‘Millennials: los que alcanzaron la edad adulta luego del año 2000. Algunos sociólogos ubican esta población entre los que nacieron de 1981 a 1995. Con su llegada a la adultez, llegaron las nuevas tecnologías y, consigo, un mercado sumamente competitivo y agresivo que ha rediseñado el orden mundial.

Para orientarnos en nuestro país, la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en 2014, informó que un 27.95% de la población dominicana estaba (en ese momento) entre los 16 y 29 años de edad. Esto es poco más de una cuarta parte de la población y más de la mitad de los votos que un candidato presidencial necesita para hacerse con la victoria en primera vuelta.

Aunque la participación de jóvenes en el sistema de partidos ha crecido significativamente en los últimos años, lo cierto es que en la República Dominicana aún tenemos un largo camino por recorrer. Quizá es un poco cliché que yo escriba esto, pero lo cierto es que vale la pena: para 1838, cuando fue fundada la sociedad secreta La Trinitaria, Juan Pablo Duarte tenía apenas 25 años de edad.

Dando un vistazo superficial de la participación política de los jóvenes, una generación llena de desconfianza en nuestro sistema quiere, de manera inconsciente tal vez, una serie de cambios estructurales en un país donde no participan de la toma de decisiones. Tal es el grado de falta de motivación, que la Junta Centra Electoral, en el proceso del 15 de mayo de 2016, entregó certificados de “primeros votantes”, premiando lo que más bien debería ser una responsabilidad cívica.

Sí, un país donde no participamos, pero nos quejamos. Los funcionarios de Estado, en especial los legisladores encargados de elaborar las normas donde deberían primar los intereses de nuestro sector, no toman en cuenta las opiniones no emitidas por un grueso poblacional que representa más de una cuarta parte del electorado nacional.

¿Por qué? Porque nos quedamos de brazos cruzados. No opinamos ni nos involucramos, ni siquiera cuando nos brindan la oportunidad. Dejamos que los miembros de la generación X y del Baby Boom tomen las decisiones por nosotros, las que nos afectan, sin siquiera preguntarnos.

De cara a la necesidad que tiene el país de un nuevo (y ampliamente discutido) sistema electoral y de partidos políticos, lo cierto es que la gente joven es la gran ausente. Parece que debemos conformarnos con las vergonzosas cuotas de participación que, al final, se reparten a discreción como respuesta a favores políticos de terceros.

En una próxima entrega, me adentraré en un análisis profundo de las estadísticas de participación política de los jóvenes, creando marcos de proyección que nos permitan cuantificar esto en nuestro sistema de partidos.

Enmanuel Díaz Santiago
Maestro en formación

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