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Los centelleantes cinco puntos del ingeniero Santaella

El ingeniero Eulogio Santaella acaba de publicar un enjundioso y pertinente documento, donde detalla con datos difícilmente refutables las irregularidades cometidas durante el proceso de adjudicación y construcción de Punta Catalina. En ese proceso se cometieron sobornos y erogación de dineros de parte la empresa Odebrecht a legisladores, funcionarios, empresarios y para el financiamiento de la reelección del presidente Medina y para obtener el contrato para la construcción de dicha obra. Santaella expone en cinco centelleantes puntos, las exigencias que debe hacérsele al gobierno en torno a tan lacerante tema, sugiriéndolos como un plan de acción para revitalizar la lucha contra la corrupción e impunidad expresada en las marchas verdes.

Santaella plantea una revisión del Contrato EPC de 1,945 millones de dólares, argumentando que la empresa Technimom, socia de la CEDEEE, por 910 millones de dólares construyo en Brasil una planta de capacidad similar a la de Punta Catalina; absoluto rechazo al pago de sobrecostos y recuperación del doble del pago de los sobornos de los 92 millones declarados por Odebrecht; reclamar las penalidades que se derivan del atraso en la entrega de la primera fase de la obra, el cobro por los daños y perjuicios ocasionados por ese y otros eventuales atrasos, tomando como referencia la suma de 410 millones de dólares por año y finalmente, obligar a Odebrecht el cumplimiento inmediato del Acuerdo Reformulado entre esta y la PGR que la obliga ofrecer todos los datos reales de las personas físicas y morales envueltas en los sobornos.

El gobierno mantiene su manifiesta posición de no obtemperar ante esas obligaciones de orden moral y técnico, seguirá la construcción del más grande monumento a la indignidad, del más escandaloso robo del erario público cometido por gobierno alguno de nuestra historia, con el agravante de que el dolo se ha cometido con la participación y a favor de una empresa extranjera que trajo al país como padrinos a dos presidentes del país de origen de esa empresa. Y es que desenredar esa espesa madeja de indignidad, corrupción, robo y dispendio de los recursos públicos resulta harto difícil, por grandes que sean los niveles de habilidad que se le atribuyen al presidente Medina, no podrá salir de ese estercolero que ha sido la construcción de la referida obra.

Como muchos presidentes, Medina ha querido hacer de Punta Catalina la obra monumental a través de la cual sea recordado como uno de los grandes constructores de obras públicas de nuestra historia. En un país, donde los presidentes de la República o de cualquier entidad quieren que se les recuerden como grandes constructores de obras y no como forjadores de la institucionalidad no ha de sorprender que Medina haya sucumbido a nuestra nefasta y dañina cultura del monumentalismo. La cultura de la construcción ha hecho multimillonaria a la cúpula peledeista. En sus trabajos, el Ingeniero Santaella detalla la dolosa forma de adjudicación y construcción de la obra que más dinero a aportado a la fortuna de esa cúpula y a su reproducción en el poder.

En otro orden, la diversidad de los intereses y personajes envueltos en la construcción de Punta Catalina constituye un entramado de relaciones dolosas de difícil solución, hay contradicciones que no solamente son difíciles de superar por la cuantía del dinero envuelto, la credibilidad de empresas, empresarios y figuras ligadas a instituciones religiosas y de diversas esferas, sino porque Punta Catalina más que económico, es un problema político. La aceptación de parte del gobierno de varias cláusulas contractuales como ese infame Art. 9.3 del Contrato EPC de Odebrecht, bajo la denominación “Reclamos del Contratista”, firmado por el gobierno, que basado en ese artículo esa empresa se dispare ahora con el reclamo de 708 millones como compensación de unos atrasos de los cuales ella es responsable.

Ese reclamo, no significa una simple expresión de grosera soberbia de esa empresa, significa que esta lo hace porque conoce de las debilidades y los altos niveles de abyección de los técnicos del gobierno que negociaron el contrato de adjudicación de construcción de Punta Catalina, significa que conoce la imperiosa necesidad política de Medina de que esta obra se termine a como dé lugar durante su mandato para apuntalar su poder dentro de su partido y para proyectarse en la historia. También significa que la referida empresa se apoya en un contrato doloso para obligar al gobierno a desconocer un compromiso contractual que este suscribió, como bien lo describe el Ingeniero Santaella y que simplemente no puede honrar de manera abierta, como lo obliga el artículo mañoso que gozoso firmó, porque políticamente no puede hacerlo.

Sin embargo, como se trata de un conflicto entre pillos, entre gánsteres que espolian este desvencijado país, tratarán de encontrar una forma dolosa de entenderse y de esa manera Odebrecht, a través de la extorsión obtener más dinero del pueblo dominicano. La lucha contra ese intento de extorsión, uno de los cinco puntos del Ingeniero Santaella en su magnífico trabajo de investigación/denuncia constituyen las bases para la acción contra ese monumento a la indignidad, que es Punta Catalina, que siendo el más grande de los tantos escándalos en que han discurrido los gobiernos del PLD se ha convertido en el eslabón más débil de la cadena de escándalos de esos gobiernos. Hacer que este eslabón se rompa constituye una de las más importantes tareas políticas del momento.

César Pérez
Sociólogo y profesor universitario

 

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