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Del sur | Me gusta Chile

“Ojalá que el ladrillo que a puro riesgo traje
para mostrar al mundo como era mi casa
dure como mis duras devociones
a mis patrias suplentes compañeras
viva como un pedazo de mi vida
quede como un ladrillo en otra casa.”
Mario Benedetti

Parece pertinente -decíamos el pasado 29 de noviembre en esta misma columna- que independientemente de lo que ocurriera en la segunda vuelta de las elecciones celebradas en Chile, había que aprender de ese proceso, “sacar algunas conclusiones que ayuden a construir democracia y que confirmen la tendencia a la realización de reformas sociales, económicas y políticas en todos nuestros países.”

Ya conocidos los resultados y teniendo en cuenta los últimos sucesos peruanos, habrá que reconocer la necesidad de ampliar el ámbito del que se debe aprender. Me refiero a lo ocurrido en Perú con uno de los hijos pródigos del Consenso de Washington, el consultor “ñoño” de Oderbrecht, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), a quien Verónika Mendoza interpeló: “lo que acaba de hacer es una vil traición a la Patria. A cambio de salvar su pellejo ha negociado con el Fujimorismo un indulto infame al corrupto y asesino A. Fujimori. Para Ud. todo se negocia y se vende, una vez más ha actuado como un vendepatria.”

El consultor PPK -colega de algunos locales en el arte servil de las entregas por pagos- ha mostrado la cara que Fukuyama convenientemente ignoró en sus teorías apocalípticas: la cara de alguien para quien una planilla de contabilidad de sus empresas vale más que los avances de la humanidad en materia de Derechos Humanos, y los crímenes de lesa humanidad son indultables. Crimen de lesa humanidad y genocidio es el cometido contra más de trescientas mil mujeres peruanas víctimas de esterilizaciones forzadas por el criminal Fujimori puesto en libertad por PPK a cambio de impunidad. Por estos pagos no faltara algún nietísimo que observe este baldón para la humanidad como señal humanitaria y hasta abandono de la venganza.

Ése es el escenario que se está diseñando al sur del continente. En Centroamérica los crímenes contra la democracia se resuelven trasladando embajadas a Jerusalén. Si no estuviéramos hablando de cosas tan serias para nuestros países diríamos que las reacciones son de chiste: en Chile uno de los opinólogos estrella justificó su simpatía por Piñera en su twitter diciendo “Prefiero un pillo a un flojo”. Es decir que para Patricio Navia, doctor en Ciencia Política, Chile será gobernado por “un pillo” los próximos cuatro años. Sin duda los acuerdos entre Temer, Macri, Piñera y PPK serán de cualidades.

Para efectos peruanos nos vuelve a la memoria la pregunta del personaje de Vargas Llosa “¿Cuándo se jodió el Perú?”. Para efectos chilenos las incertidumbres se mantienen en muchos sectores sociales y políticos, las reformas electorales sin duda contribuyeron a mejorar la representación en el parlamento aunque los más favorecidos fueron los partidos de derecha. Sobre estas reformas es pertinente no olvidar la autocrítica de Bachelet luego de eliminar el voto obligatorio: “Yo me equivoqué sobre el voto voluntario”.

Siguiendo con Chile, quisiera señalar que si los avances democráticos y de vigencia de derechos hoy están en duda, lo que parece que ya no volverá a ser tema será el de la transición (O’Donell está muerto y enterrado). En mi opinión lo que terminó en Chile es la “vía chilena al neoliberalismo” iniciada a sangre y fuego en 1973 y que acabó llevándose a quienes sin ser neoliberales favorecieron la victoria final del neoliberalismo en 2017, por lo menos en principio. Los Lagos, Zaldívar, Escalona, Walker y otros, quedaron “off side” y mirarán su obra desde las graderías y desaparecerán para siempre. La historia se encargará de recordarlos según la modalidad que prefieran para pensionarse. Chile eligió los originales y renunció a las copias.

A partir de ahora las líneas divisorias de proyectos políticos serán necesariamente mucho más definidas y el fin de la impunidad sin dudas marcará certeramente a los unos y a los otros. Basta mirar Perú, Brasil, Argentina, Chile, Ecuador. Sobre esa línea habremos de situarnos para comenzar a mirar y construir lo que hay más allá del horizonte post neoliberal. No hay posibilidad de otro “Carterazo” como el de 1978 en República Dominicana aunque pretendan tener vigencia algunos proyectos de políticos que no leen los periódicos sino el diario mural de la embajada.

Ya muchos de nosotros escuchamos esa sentencia genial que nos alertaba respecto del hecho de que cuando Fukuyama decidió que la historia había terminado, todos dijimos que no tenía razón, pero actuamos como si la tuviera.

Con todo, he de reconocer que me gusta Chile y más todavía cuando escucho a los que no les gusta. Quienes quisieron tomar el cielo por asalto fueron derrotados, pero también fueron derrotados los que nunca quisieron asaltar nada. A los demás nos queda la certeza de que el cielo sigue ahí.

Guillermo Cifuentes
Articulista

 

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