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Marcha Verde y su toma de decisiones

La concentración del 28 de enero pasado de Marcha Verde ha agudizado las naturales diferencias, tensiones y discusiones que se llevan a cabo dentro, en el entorno y fuera de ese movimiento. Ningún partido, movimiento o colectivo logra salir indemne de los efectos de las discusiones, las diferencias, ni de los intereses de grupales e individuales que pugnan para hacer prevalecer sus posiciones en esas agrupaciones. El balance arrojado por dicha concentración evidencia que para evitar eventuales efectos corrosivos de esas diferencias en el seno de un colectivo deben tejerse alianzas hacia adentro y hacia afuera que son indispensables para hacer más eficaz el colectivo, pero sin hacer concesiones que conduzcan a errores o trampas.

Activistas de Marcha Verde y gente del entorno y fuera de esta, expresan su preocupación por que entienden que fue limitada la cantidad y calidad de los asistentes a la referida concentración. Esa preocupación tiene relevancia y debe tomarse en cuenta, porque es cierto de que la manifestación, más que la realidad y potencialidad de Marcha Verde fue una evidencia, en esencia, de que una errónea acción puntual puede crearle a ese movimiento una situación que limita su potencialidad para convertirse en una fuerza efectiva para cerrarle el paso al continuismo peledeísta, desviándolo de ese objetivo que es el fundamental en la presente coyuntura política. Las consecuencias de esa desviación pueden ser fatales para el movimiento y más que para este, para el país.

En general, las decisiones certeras o equivocadas de un movimiento como Marcha Verde son expresiones directas de la metodología empleadas para tomarlas. En el caso que nos ocupa, según expresiones de activistas movimientistas, es evidente que el método que se usa para tomar decisiones es esencialmente asambleario. Ese método no siempre expresa realmente la diversidad de un movimiento, pues los grupos de mayor experiencia en la conducción de asambleas terminan imponiendo su lógica a quienes carecen de esa herramienta. Un método supuestamente democrático, en su forma de aplicación, podría no serlo, y la representación o posición que se apruebe tampoco serían realmente representativa del universo de actores que dice representar.

No siempre la cantidad y calidad de los representantes de una asamblea de un movimiento conglomerado reflejan realmente su diversidad, a veces sí el particularismo de un grupo que en realidad es minoritario, y no sólo minoritario frente al movimiento en su totalidad, sino en relación con muchos de los sectores que lo configuran, ese es uno de los problemas de la democracia, cuya solución, no es fácil de lograr y cuando esto sucede se requiere firmeza e inteligencia para evitar caer en la lógica del adversario. El sector hasta ahora efectivamente mayoritario en Marcha Verde ha optado por la inevitable posición de llevar las exigencias del fin de la corrupción e impunidad al contexto que lo hace posible: el contexto político, rechazando la ilusión de una ruptura violenta del orden político/social que impulsan algunos.

Pero eso no basta para que no se repitan traspiés, es necesario tender puentes a otros sectores dentro y fuera del movimiento, cociendo con ellos alianzas donde se reconozcan la diversidad en términos de experiencias, cultura política y las razones fundamentales de todos para tomar determinadas posiciones en torno a la política y a los políticos, pero en ese y en todos los casos, evitando concesiones en cuestiones fundamentales. Las diferencias son inevitables y a veces hasta saludables para cualquier colectivo o movimiento, pero si los métodos para tomar decisiones se basan en formación de mayorías mecánicas, como se quejan no pocos, difícilmente podrán superarse esas diferencias sin que se produzcan fisuras irreparables.

Las próximas decisiones que se tomen en Marcha Verde podrán ser efectivas si en los dirigentes de esta se produce una sostenida y seria reflexión sobre esta cuestión, si se piensa seriamente en la situación de fragmentación de la sociedad dominicana, en la precariedad en que discurre la vida de diversos sectores productivos en términos institucionales y la debilidad del sector laboral; si se toma en cuenta la expansión de la red clientelar del gobierno y su partido, la cual determina un segmento de la población que vive de las envilecedoras dadivas del poder, algo que se refleja en los nada desdeñables altos niveles de aceptación que aún conserva el partido oficial y algunas instituciones claves para la reproducción del régimen.

El descontento que tomó cuerpo como Marcha Verde no se ha disuelto, las causas que la determinaron no solo se mantienen, sino que se acentúan; capitalizar este descontento y hacerlo políticamente rentable es aún posible, incluso independientemente de la voluntad o mantenimiento de cualquier forma organizativa que este tenga. Claro, siempre es mejor para el país que esta se mantenga, pero para eso tiene que mejorar sustancial y sostenidamente sus métodos de toma de decisiones.

César Pérez
Sociólogo y profesor universitario

 

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