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López Obrador el izquierdista

“La izquierda es la inteligencia de los subalternos de que la situación puede cambiar”
Luis Thielemann H.

Muchos celebran la victoria electoral de López Obrador en México que por un amplio margen venció a los otros candidatos y también a los que parecen todavía empleados del “Miami Herald” de las décadas del 60-70 del siglo pasado cuya imposible puesta al día consiste en convertirlo en equivalente a los “izquierdistas” Chávez o Maduro, a Funes (que nunca fue izquierdista) o al matrimonio Ortega Murillo de Nicaragua. López Obrador los venció a todos.

Mientras los periódicos del mundo titulan acerca del “triunfo del candidato de izquierda” nosotros, junto con desear que México sea beneficiado por los cambios políticos y económicos que mejoren las condiciones de vida de casi la mitad de su población que vive en la pobreza y con una violencia que parece imposible contener. Les recordamos que la gran nación azteca llegó a esta situación sin contar jamás con la ayuda de un gobierno de izquierda y sin ser víctima de sus políticas “populistas”. Fue la derecha pura y dura la que llevó a México a ocupar esos lugares. Hoy, por qué no hacerlo, recordamos a las víctimas de Tlatelolco en 1968 que no tuvieron en la tradición progresista la suerte de los estudiantes de Paris de ese mismo año, probablemente porque los estudiantes mexicanos asesinados junto con amas de casa, trabajadores, profesionales e intelectuales organizados en la Comisión Nacional de Huelga luchaban por la democracia, por más libertades políticas y por la renuncia del gobierno del PRI.

Sobre lo que viene de López Obrador ojalá que a la hora de la evaluación de su gestión nadie de la estatura intelectual de Manuel Antonio Garretón diga que se limitó a maquillar el neoliberalismo en un texto como el que el chileno escribió sobre los veinte años de gobiernos de la concertación (Aylwin, Frei, Lagos y Michelle Bachelet I) con el nombre “Neoliberalismo corregido y progresismo limitado” ¿Me entiende?

Pero desde esta isla del Caribe debemos saludar a AMLO porque su victoria debe ser también pedagógica. A Dios gracias él no estuvo en eso de unir a la oposición: fue un activo militante de construir una alternativa y habrá que reconocerle una ayuda valiosa en el necesario proceso de dejar en evidencia a los pusilánimes, a los temerosos y a los que por toda pretensión esperan lo que caiga.

La victoria de López Obrador regala un muy buen ejemplo acerca del actuar de un dirigente que tiene como motivo de su acción política la justicia, los derechos de los más pobres, el fin de la corrupción. Como opinión de entrada, si hacemos algún paralelo con los artífices de la unidad de la oposición del patio, AMLO salió del PRI y estuvo entre los fundadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD), del que luego de obtener algunos éxitos renunció pues no fue capaz de superar las fracciones de los caudillos y sus hábitos. Fundó entonces MORENA, el partido que lo llevó a la presidencia de México. Romper con los partidos, tradiciones y prácticas del sistema fue sin duda la razón de su éxito y por favor, no vaya usted a creer que estoy asociando al PRD mexicano con el PRM dominicano. Pero de que se parecen, se parecen.

Entonces, en medio de esta nueva experiencia que desmiente a los que quieren que todo siga igual es hora de la nueva política, de la política democrática, de la política para el cambio donde deben estar todos quienes compartan esos ideales junto con el fin de la corrupción y de la impunidad. Es la hora de los oídos sordos ante los analistas que insisten en que las nuevas alternativas no surgen porque los partidos del sistema no han colapsado. Ese verdadero asalto a la inteligencia trata de ocultar la verdad más grande de la política: el fin del adversario es siempre provocado. Ese escamoteo ha sido un negocio deshonesto de pretendidos científicos y de comunicadores mientras ocultan sus adhesiones políticas.

Lo que ocurrió con la ley de partidos y con la ley electoral demuestra que los cuatro partidos del sistema se defienden y defienden al sistema. Lo que no reconocen es que están pasando de contrabando la reproducción de la ley electoral de 1997 que diseñó este sistema de partidos no competitivo. Además a los responsables de la reforma de 1997 hay que recordarlos y recordarles que la democracia ya había sido descubierta en ese tiempo y que muchos países de América Latina tenían sistemas electorales mucho mas avanzados y equitativos que lo normado por la ley de 1997.

Ante la propuesta de primarias para los partidos con más del 5% Neruda diría “Juntos en la misma brecha, como va el explosivo con la mecha”. Se trata de un abuso similar a la forma de repartición de los fondos que el Estado otorga a la política y que da un valor al voto reformista o perredeísta imposible de justificar. Pero eso son. La suerte de los cuatro (PLD, PRD, PRM y PRSC) depende de que se mantenga la institucionalidad trujillista balagueriana y depende de que haya menos democracia para poder seguir en lo que siempre han estado: tratando de mantener lo que López Obrador quiere terminar en México.

Está llegando la hora del MORENA dominicano y en sus contenidos no estarán las “propuestas” que esperan las oenegés. Lo que sí no podrá faltar son los cambios institucionales cuya necesidad ya resulta imposible de ocultar para sectores cada vez más amplios de la sociedad dominicana. Ése será, no lo dudo, el mejor emprendimiento de los empresarios democráticos cuya posibilidad de hacer negocios decentes se ve cada día más amenazada. Una cosa es la libertad de empresa y otra muy distinta la necesidad de sobornar para ejercerla. Apuesto a que muchos de ustedes no estarán de acuerdo con lo que he escrito… todavía.

Guillermo Cifuentes
Articulista

 

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