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OPINO | Por ejemplo, la basura

El algún momento los dominicanos haremos un alto, nos detendremos y nos pondremos de acuerdo en que deberemos resolver dificultades que sólo desarrollando estrategias transversales, que abarquen todas sus implicaciones y efectos, empezaremos a resolver.

A enderezar cargas torcidas, tras decenios de indecisiones y posposiciones del abordaje serio de las principales problemáticas que no sólo nos agobian sino que además parecen cercarnos y obstaculizarnos para acometer el inicio de un verdadero modelo de desarrollo.

Es como si tesis expuestas desde el siglo pasado por sociólogos y economistas, sobre países en vías de subdesarrollo, fallidos, que parecen caminar en retroceso, como el cangrejo, como fueran caracterizados a finales del XX, con definiciones que parecen hechas para nosotros los dominicanos, por más que nos ufanemos de tener más de 50 años casi consecutivos de crecimiento económico.

La perspectiva, visionaria como ha de ser, tiene que columbrar por encima de las visiones limitantes de los partidos, las sectas religiosas, los regionalismos, las logias, los pontífices que predican cada día como debemos actuar mejor, mientras de alguna manera se acomodan a los poderes que tanto limitan nuestras potenciales como sociedad.

Tan grandes problemas, cada cual más envolvente, que nos obnubilan o enceguecen y nos dejan a medio camino hacia ningún lugar.

Ande, camínelo en cualquier dirección el país, y verá que parecemos un basurero enorme. Las veras de los caminos, carreteras y autopistas, parecen destinadas a recibir vasos y platos plásticos de los viajeros de guaguas públicas, de carros y hasta de yipetas valoradas en millones de pesos.

Es como si no tuviéramos conciencia de que al convertir nuestras vías y plazas públicas en espacios sucios, nos estamos menospreciando como habitantes de unos tiempos modernos, en los que los problemas que asedian a la gente son otros más complejos.

Desde quien lanza basura a la calle, los congresistas y las alcaldías, las universidades, el gobierno y la sociedad en general, parecemos no tener conciencia plena de que somos un país que tiene en el turismo una de sus fuentes de recursos fundamentales.

Y que el turista que viene atraído por nuestro sol, playas y exuberante vegetación, y por la calidez de nuestra gente, se van advertidos de que a un país tan sucio, como a una casa sucia, provoca aversión y ganas de volver jamás.

Los empeños de los países turísticos es tener ciudades bonitas, entornos amigables, visiones saludables.

Aquí tenemos cientos de vertederos a cielo abierto lanzando a los aires chorros de contaminación, como si no tuviéramos informados de que los excesos en que el hombre ha incurrido han generado cambios climáticos que incluyen, entre otros, el calentamiento global que alarma al mundo.

Desde los tiempos en que el líder José Francisco Peña Gómez fue alcalde de la capital, venimos escuchando hablar de disposición final de la basura, rellenos sanitarios y de eso pasaron décadas y todavía estamos bregando con los problemas de Duquesa, y se habla de que el aseo del Gran Santo Domingo es una fuente de grandes negocios que ensucian tanto como la basura.

Tengo la impresión de que el alcalde del Distrito Nacional, David Collado, está realizando un gran esfuerzo por limpiar el DN, incluso por generar conciencia ciudadana, para lo cual se ha auxiliado por la ex vicepresidenta y ex secretaria de Educación, doña Milagros Ortiz, una personalidad cuya integridad invitan a la transparencia, a la reflexión.

El de la basura es un tema transversal, por el que bien podemos empezar, como país, a encarar nuestros males de fondo.

Nelson Marte
Periodista

 

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