Lamentablemente sigue creciendo la cifra de personas fallecidas por el desastre, informó el mandatario al hacer un resumen de los estragos causados por el fenómeno y las medidas adoptadas.
El desbordamiento de tres ríos que circundan Mocoa desencadenó las avalanchas de lodo y piedras en la madrugada del sábado 1 de abril, las cuales arrastraron árboles, casas, puentes y todo cuanto encontraron a su paso.
Hay unos dos mil 700 pueblerinos en siete albergues y más de mil 500 están registrados como damnificados, precisó el jefe de Estado quien pidió terminar esa última lista en el menor tiempo posible a fin de garantizar que las donaciones lleguen a los necesitados.
No obstante el tiempo transcurrido siguen las misiones de búsqueda y rescate de desaparecidos ahora con maquinaria pesada por el endurecimiento de las capas de lodo y escasas esperanzas de hallarlos con vida.
El pasado lunes Santos declaró a Mocoa, situada en el pie de monte amazónico, en emergencia económica, social y ecológica con el objetivo de acelerar la tramitación de ayuda y restablecer con la mayor rapidez posible servicios básicos como el suministro de agua y de energía eléctrica.
Asimismo designó al ministro de defensa, Luis Carlos Villegas, como gerente para la reconstrucción de esa localidad debido a su experiencia en la recuperación de famoso eje cafetero a raíz del devastador terremoto de 1999.
Los trabajos de restauración podrían demorar de dos a tres años, la prioridad es construir viviendas para las personas que perdieron totalmente sus hogares, adelantó Villegas.
Organizaciones, guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) y ciudadanos conmovidos con la tragedia que enfrentan los sobrevivientes envían donativos a los sitios más golpeados por las avalanchas.
Canales televisivos y diarios publican imágenes y desgarradoras anécdotas de quienes lograron salvar sus vidas y apenas la ropa que llevaban puesta.
En misas colectivas los lugareños despidieron a algunos de los difuntos, velados en la mayoría de los casos en plena calle entre las ruinas de la ciudad de Mocoa.






