“Los caminos, los caminos
no se hicieron solos
cuando el hombre, cuando el hombre,
dejó de arrastrarse.”
Pablo Milanés
No puedo ahora recordar quién acuñó lo de gobiernismo, pero hace unos días leí en un artículo un enfoque muy crítico de esa idea tan extendida de que el esfuerzo principal, y a veces único, de la política y de los políticos es tratar de ganar el gobierno. Si viviéramos en un sistema democrático eso como objetivo principal no tendría nada de censurable, pero sí lo tiene en un sistema político cuyo espíritu entre quienes detentan el poder tiene que ver exclusivamente con mantenerse en él incluso al costo de
violar las reglas que los llevaron a alcanzarlo. Del otro lado, quienes no están el gobierno pretenden simplemente sumar, sin medida ideológica y alejados de una mínima fidelidad a principios democráticos. Pero como en la política el verbo sumar es fácilmente diferenciable de unir (la unidad se supone entre iguales pero no se suman peras con manzanas), el perdón, el olvido, el “borrón y cuenta nueva”, constituyen materia sustancial para que todo funcione y se intente el remplazo.
Lo que el término “gobiernismo” define tal vez sea, junto con la impunidad, la actitud más negadora de la construcción democrática. Más aún, la impunidad es esencial para la puesta en práctica del gobiernismo cuyo único fin es llegar el gobierno, lo que más de una vez han logrado los partidos tradicionales (PRD-PRM, PRSC y PLD) y otros menores que juegan a ver cómo terminarán sumados
El “gobiernismo”
Guillermo Cifuentes
“Los caminos, los caminos
no se hicieron solos
cuando el hombre, cuando el hombre,
dejó de arrastrarse.”
Pablo Milanés
No puedo ahora recordar quién acuñó lo de gobiernismo, pero hace unos días leí en un artículo un enfoque muy crítico de esa idea tan extendida de que el esfuerzo principal, y a veces único, de la política y de los políticos es tratar de ganar el gobierno. Si viviéramos en un sistema democrático eso como objetivo principal no tendría nada de censurable, pero sí lo tiene en un sistema político cuyo espíritu entre quienes detentan el poder tiene que ver exclusivamente con mantenerse en él incluso al costo de violar las reglas que los llevaron a alcanzarlo. Del otro lado, quienes no están el gobierno pretenden simplemente sumar, sin medida ideológica y alejados de una mínima fidelidad a principios democráticos. Pero como en la política el verbo sumar es fácilmente diferenciable de unir (la unidad se supone entre iguales pero no se suman peras con manzanas), el perdón, el olvido, el “borrón y cuenta nueva”, constituyen materia sustancial para que todo funcione y se intente el remplazo.
Lo que el término “gobiernismo” define tal vez sea, junto con la impunidad, la actitud más negadora de la construcción democrática. Más aún, la impunidad es esencial para la puesta en práctica del gobiernismo cuyo único fin es llegar el gobierno, lo que más de una vez han logrado los partidos tradicionales (PRD-PRM, PRSC y PLD) y otros menores que juegan a ver cómo terminarán sumados con uno de los cuatro mediante alianzas para llegar al gobierno que convocan a tantos y tantas fácilmente identificables en direcciones generales y hasta en algún ministerio.
Se hace cada vez más necesario tener una reflexión acerca del funcionamiento del Estado dominicano, especialmente cuando las ocurrencias últimas evidencian que el sistema político no es democrático, ni muestra cambios importantes y esto se enlaza con ideas dominantes de carácter neoliberal.
Un buen ejemplo de lo que sucede cuando el sistema político no muestra cambios es la compra por la Junta Central Electoral de unos equipos inútiles cuyo uso, por demás, era ilegal. Lo ocurrido sirve para demostrar la impotencia y, por decirlo de alguna manera, la ingenuidad de los grupos de presión con mayor presencia mediática. Lo que está a la vista no necesita espejuelos dice el refrán, por lo que es de suponer que ya no les queden dudas de que el fenómeno electoral no es controlable con “observación electoral”. Sin embargo, y a pesar de que la irregularidad y hasta la ilegalidad de los procesos electorales ha sido puesta hasta en los titulares de prensa, no se cuestiona el papel del tipo de observación electoral aplicado y en el marco que describimos no faltan los oportunistas diciendo que se necesita más ciudadanía. Quienes así claman intentan seguir engañando pues la ciudadanía es una relación entre las personas y el Estado y sólo puede haber ciudadanía en un Estado democrático o en un contexto de abierto enfrentamiento cuya posibilidad actual, especialmente por la debilidad de los actores políticos alternativos, es difícil que se presente.
Desde el punto de vista de las instituciones –y de su predictibilidad- supongo que estamos ad portas del nombramiento de una comisión que presente un informe sobre los escáner, la que naturalmente determinará que hay que cambiar la ley de compras y contrataciones. ¿Les suena?
Amigas y amigos, el órgano electoral del Estado acaba de reconocer que no contó los votos, que el escrutinio lo hizo la empresa proveedora de los equipos que no funcionaron y aquí no ha pasado nada. Tal vez los más radicales de la oposición podrían enviarle los periódicos a Almagro, el de la OEA.
Así uno de los recursos predilectos de los que tienen al gobiernismo como práctica es que todo se resume en sacar del gobierno al PLD. Es obvio que quien tenga vocación política debe aspirar a eso, pero para quien esa vocación también sea democrática ese simple objetivo es absolutamente insuficiente. No hace falta hacer ni una investigación ni una encuesta para afirmar cuales serían las consecuencias si llegaran a gobernar quienes promueven estas teorías estrafalarias que a la hora de las proyecciones obligan a recrear la política y ponerle objetivos más sustanciosos y seguros que el puro control del gobierno.
El ex presidente de Chile, Ricardo Lagos ha llegado en nuestra ayuda al declarar hace unos días que “Sin ética no hay justificación para la búsqueda del poder. Y claro, la búsqueda del poder sin un plan de acción concreto por el bien del país que usted espera servir es la peor de las corrupciones”.
¿Puede alguien imaginar que un gobierno lleno de balagueristas y de sus aliados “izquierdistas” pudieran haber dado algún paso que acercara el fin de la impunidad? La gran diferencia sería que algunos dirigentes de la Marcha Verde serían directores generales o vice ministros, pero me parece que Marcha Verde habría surgido igual. Ese es, entonces, el resultado del gobiernismo y nada indica que se anuncia algo distinto, todavía.
Pero también en ocasiones el gobiernismo aparece como ilusión o como delirio en los chiquitos, negándose a esfuerzos para lograr acuerdos que aunque no les aseguren el gobierno (con el que deliran), sí pueden ser el inicio de procesos políticos que generen dinámicas distintas en el plano institucional y en el plano electoral. Lo peor es que hay quienes lo ocultan, quienes no confiesan proveedora de los equipos que no funcionaron y aquí no ha pasado nada. Tal vez los más radicales de la oposición podrían enviarle los periódicos a Almagro, el de la OEA.
Así uno de los recursos predilectos de los que tienen al gobiernismo como práctica es que todo se resume en sacar del gobierno al PLD. Es obvio que quien tenga vocación política debe aspirar a eso, pero para quien esa vocación también sea democrática ese simple objetivo es absolutamente insuficiente. No hace falta hacer ni una investigación ni una encuesta para afirmar cuales serían las consecuencias si llegaran a gobernar quienes promueven estas teorías estrafalarias que a la hora de las proyecciones obligan a recrear la política y ponerle objetivos más sustanciosos y seguros que el puro control del gobierno.
El ex presidente de Chile, Ricardo Lagos ha llegado en nuestra ayuda al declarar hace unos días que “Sin ética no hay justificación para la búsqueda del poder. Y claro, la búsqueda del poder sin un plan de acción concreto por el bien del país que usted espera servir es la peor de las corrupciones”.
¿Puede alguien imaginar que un gobierno lleno de balagueristas y de sus aliados “izquierdistas” pudieran haber dado algún paso que acercara el fin de la impunidad? La gran diferencia sería que algunos dirigentes de la Marcha Verde serían directores generales o vice ministros, pero me parece que Marcha Verde habría surgido igual. Ese es, entonces, el resultado del gobiernismo y nada indica que se anuncia algo distinto, todavía.
Pero también en ocasiones el gobiernismo aparece como ilusión o como delirio en los chiquitos, negándose a esfuerzos para lograr acuerdos que aunque no les aseguren el gobierno (con el que deliran), sí pueden ser el inicio de procesos políticos que generen dinámicas distintas en el plano institucional y en el plano electoral. Lo peor es que hay quienes lo ocultan, quienes no confiesan que han sido obstáculos al logro de esos acuerdos, para que las dudas caigan también en los que hicieron el esfuerzo. A veces no es necesario mentir, basta con quedarse callado.
Claro que quienes aspiran a construir democracia deben tener el gobierno, pero la epopeya es que bajo las actuales condiciones eso no es posible. A ellos y a ellas les corresponde crear las condiciones para acuerdos sociales y políticos comprensibles y deseables por las mayorías. Para lograrlo también hace falta transparentar hasta las desconfianzas, pues los acuerdos surgen siempre después de las divergencias.
El futuro político democrático sólo es posible si acaso quienes no son parte, ni por acción ni por omisión, acuerden construir caminos nuevos, desafiar viejas ortodoxias y edificar nuevas utopías, no por imposibles, sino por necesarias.
Guillermo Cifuentes
Articulista






