Hoy más que en cualquier momento del pasado, la actividad política y las figuras públicas están asociadas a los negocios y al tráfico de influencias. Las denuncias y los escándalos dominan nuestros escenarios, a tal punto de que han desplazado las ideas y las propuestas para hacer cosas para mejorar.
La política no tiene sentido si no es para servir a los demás, aunque muchos que tienen la oportunidad de incursionar en ella y en la administración de las instituciones públicas acaban denigrándose por la práctica de su conducta.
No son pocos los que se van alejando de la actividad política como respuesta a la decepción y al desencanto. Esa actitud la asumen aunque sea coyunturalmente. Muchos se refugian en su entorno familiar y en su oficinas privadas, creyendo que se salvan del ambiente.
Carmen Iris Sierra de Herrera
Periodista







corto pero muy bueno