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La Coalición: un proceso, una vía

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La diversidad, cantidad y calidad de los participantes en el acto de lanzamiento de una coalición para la regeneración democrática de la sociedad dominicana ha producido un esperanzador entusiasmo en diversos segmentos de la sociedad civil y de la sociedad política. El momento del acto ha sido notablemente importante, pero lo más trascendente ha sido el proceso de discusión e integración de voluntades a través del cual, durante casi seis meses, se debatieron amplia y profundamente de los contenidos de la proclama. Un ejemplar ejercicio de democracia pata consensuar los lineamientos básicos en que debe basarse una acción política imprescindiblemente unitaria para cerrarle el camino al continuismo de la corrupción e impunidad de los gobiernos peledeistas.

En efecto, quienes pretenden llevar a cabo una regeneración de la práctica política de este país, deben comenzar dando ejemplo de clara voluntad de respeto a la diversidad, elaborando de manera conjunta y en un plano de clara igualdad, las ideas centrales de lo que se debe y puede hacer para derrotar en próxima fecha del calendario electoral un gobierno y un partido absolutamente corruptos. En ese sentido, el documento presentado por la Coalición deja claramente establecido su vocación política, de incidir en sistema político desde la perspectiva no solamente establecer una forma de gobierno como se consigna en su proclama, sino que desde antes de lograr ese objetivo, discutir e incidir en todos los partidos del espectro opositor la necesidad de impulsar una regeneración política de país comenzando por ellos mismos.

La Coalición no pretende, ni debe pretender ser un partido, es consciente de que derrotar del continuismo peledeista es imposible sin los partidos de la oposición y/o en contra de ellos, pero la generalidad de sus integrantes es igualmente consciente de que en esos partidos tiene que producirse un proceso de regeneración, a través de una discusión en la que se imponga la decisión de romper con la cultura del clientelismo, de la corruptela de muchos de sus miembros, sobre todo de una significativa parte sus actuales elegidos, municipales y congresistas. Si esas colectividades no dan claros indicios de una regeneración en ese sentido, difícilmente podrán establecer una confluencia de ese vasto sector social y político del país que quiere un cambio sustancial del país y ese es el objetivo central de la Coalición y Marcha Verde, dos instancias diferentes de la oposición.

Ninguno de los sectores del amplio espectro opositor puede derrotar el continuismo de la corrupción y la impunidad peledeista con su propia fuerza, pero sin una clara voluntad de limitar al máximo las taras que en sus diversas formas tienen prácticamente todos les será imposible lograr una confluencia realmente seria de la pluralidad de ese espectro para frenar el continuismo peledeista. Exigir la eliminación de esas taras no es dictarle pautas a esos partidos, como tampoco exigirle que no presenten a impresentables en sus boletas electorales, porque ninguna sociedad se regenera con congresistas y autoridades municipales corruptos o corruptibles, porque con ese tipo de candidatos y sin unos lineamientos políticos claros y consensuados no se logra crear una imprescindible y envolvente torrente de fuerzas sociales y políticas para frenar el continuismo.

Y más aún, no solamente planteamos que con candidatos impresentables no se logra concitar la necesaria la ilusión o esperanza de que es posible derrotar un gobierno y un partido que controlan todas instituciones del Estado y que poseen un mercado cautivo de votos creado sobre la base de una estructura clientelar, sino que como nuestra de responsable coherencia nos planteamos discutir con los partidos la pertinencia de presentar como candidatos a figuras de reconocida solvencia y prestigio, sean éstos o no de la Coalición. Cómo y quienes serían esos candidatos, que no es una posición rígida y ni mucho menos de principio, de la Coalición, es algo que lo definirá el proceso de discusión con los partidos políticos.

En ese sentido, no de trata de búsqueda de puestos ni de ¨discusión de candidaturas¨, sino de coherencia y sentido de responsabilidad política; la generalidad de quienes formamos parte de la Coalición no necesitamos buscar candidaturas, algunos ya la han ostentado por su ganado prestigio y solvencia y además son libres, como todos los miembros esta nueva iniciativa política, de preferir cualquier candidato de la oposición, no somos anti partidos. Ser anti partido, generalmente, es una expresión de la anti política de muchos y una forma de esconder su inútil y peligroso sectarismo principista, una manifestación de la anti política que ha contribuido al retraimiento político de grandes masas, sobre todo populares, que ha servido de caldo de cultivo para la propagación de la ola populista que hoy azota a varios países del mundo.

Finalmente, la Coalición ha asumido el compromiso de impulsar un proceso de confluencia de una pluralidad de sujetos y actores políticos para llegar a un acuerdo nacional, consciente de las dificultades que se presentaran en el camino, de las incomprensiones y tergiversaciones de sus propósitos, no sólo del gobierno y sus bocinas, sino de algunos sectores de la misma oposición.

Pero la suerte está echada. Daremos la pelea.

César Pérez
Sociólogo y profesor universitario

 

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