El gobierno dominicano reculó y se negó a firmar el Pacto Mundial sobre las Migraciones, aprovechando irresponsablemente y con fines político electorero el ambiente de miedo/terror que sobre el tema migratorio un puñado de nacionalistas cerriles ha impuesto a la sociedad dominicana. De ese miedo, que enturbia la razón a la hora de discutir el tema de las migraciones, y que concita las más peligrosas pasiones e irracionalidades colectivas, no han podido zafarse diversos sectores de la sociedad civil dominicana ni la generalidad de una clase política que también ha asumido los mitos, medias verdades y mentiras sobre un tema que es vital para el presente y futuro de nuestro país. En el ámbito político, las posiciones de los partidos Revolucionario Moderno y Alianza País, son dos decepcionantes ejemplos.

El PRM se reclama socialdemócrata y AP se presenta como alternativo y de cambio y tiene un significativo e influyente número de militantes que se reclaman de izquierda, pero a pesar de que por momento han sido categóricos en la condena a los abusos que muchas veces se cometen contra los migrantes haitianos, esta vez han coincidido con el ultranacionalismo ramplón. El primero ha dado declaraciones pobres y vagas para oponerse a que el Estado firme el Pacto Mundial para la Migración que firmó la aplastante mayoría de los países miembros del de la ONU. A través de su presidente AP, con equívocos, medias verdades e inexcusables omisiones ha expresado su oposición a la firma del Pacto
El presidente de AP, Guillermo Moreno plantea esencialmente que, “en las condiciones actuales de la RD lo correcto es que tema migratorio se mantenga exclusivamente como competencia de la ley interna de dominicana” y “primero poner en orden nuestra casa antes de asumir compromisos internacionales” un juicio no pertinente, pues la firma del Pacto no es contradictorio con un proceso de establecimiento de ese “orden” ni tampoco obligaba a nuestro país ni a ningún otro a renunciar a sus propias leyes. Moreno no toma en cuenta que la causa principal del presente fenómeno migratorio radica en las transformaciones estructurales del sistema productivo a nivel mundial, que demanda mano de obra extranjera para realizar labores que no hace la local. No advierte u omite decir que la migración haitiana hacia nuestro país es por la necesidad del migrante como del sistema productivo que la demanda.
El fenómeno migratorio es indetenible, las regulaciones o el “orden” para enfrentarlo son importantes, pero hacerlo con miedo y sin el sentido de globalidad que correctamente se plantea en el Pacto significa perder la oportunidad de discutir sobre el mismo con el grado de seriedad que ese tema demanda. El 80/20 (80% de dominicanos contra el 20% de extranjero en los centros de trabajo) que establece de la ley laboral y que demanda Moreno es histórica, sociológica y económicamente impracticable, simplemente porque hay trabajos que nuestra mano de obra no hace, como sucede en muchos países, debido a que la remuneración está por debajo de las expectativas de la población local. Es una tendencia mundial de la organización del trabajo de la cual nosotros no nos podemos abstraer.
Este fenómeno, provocado básicamente en el ámbito de la esfera económica provoca flujos migratorios que provocan innegables y a veces peligrosas tensiones en las sociedades receptoras de dichos flujos y de eso los líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil deben tomar notas y plantearse el tema seriamente, evitando que sean la irracionalidad o el terror del ultranacionalismo derechista los que impongan agendas y medidas para enfrentar el tema. Los ultranacionalistas y populistas de derecha han encontrado en las referidas tensiones la fuente de su crecimiento en términos electorales en diversos países. Lo han logrado, y a eso la generalidad de las tendencias liberales, progresistas y de izquierda no han podido dar una respuesta.
A veces la respuesta ha sido la de asumir de manera velada algunas de las posiciones del ultranacionalismo sin resultados políticos, y sí con descensos clamorosos términos electorales que tienen en vilo muchos países y que impiden un abordaje eficaz del tema migratorio. En el caso específico de nuestro país, el gobierno ha sido irresponsable al recular y negarse a firmar un documento que conocía y que reconocía su valor; la misma condena debe hacerse a una clase empresarial que sabe mejor que nadie que el proceso productivo dominicano no puede operar sin la mano de obra extranjera o de origen, por lo cual ha debido exigir un debate serio sobre el tema en cuestión en lugar de plegarse a la estrategia del miedo, del terror, falsedades y tergiversaciones de los ultranacionalistas y de confundidos en torno a la esencia del Pacto para las migraciones.
Contrario a diversos sectores de la sociedad civil, de partidos como el PCT, Opción Democrática y APD que sí han sido coherentes, ese terror la alta dirección de los partidos Revolucionarios Moderno y Alianza País no lograron zafarse, sumándose al coro de las justificaciones sin asidero serio del ultranacionalismo para que el gobierno no firmase el Pacto. Una lástima, una decepción que evidencia de que, en este caso, sobre el tema esos partidos podrían tener ideas, pero no el coraje de defenderlas.
César Pérez
Sociólogo y profesor universitario






