La Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte (DIGESETT), que antiguamente se conocía como la AMET, dista mucho de ser la institución estatal encargada de organizar el tránsito, yo diría más bien que su especialidad es crear el caos para el descontento de la población.
Sus agentes, en la mayoría de los casos, se ganan la antipatía del público, no por sus prácticas de imponer el orden, si no, por sus actuaciones medalaganarias, cuando de imponer multas se trata. En Baní, hay un sinnúmero de calles que han sido marcadas como de una vía, pero su vigencia nunca ha sido establecida y la población sigue usando esas vías como si fueran doble vía ante la mirada pasiva de esos agentes.

Ahora bien, el día que a ellos le ordenan recabar dinero de multa, forman un operativo de una hora en esas calles hasta que obtienen la cuota deseada. Luego se retiran y la población sigue considerando esas calles como doble vía, hasta que ellos necesiten de nuevo llenar su cuota de multas.
Si queremos educar la población a que aprenda a respetar las leyes de tránsito, las autoridades deben dar ejemplos de constancia y perseverancia.
Manejar un vehículo en Baní, es arriesgarse a que en cualquier momento un agente de tránsito le arruine el presupuesto, claro está si usted es decente, educado y no tiene una cuña. Para muestra están las guaguas de Asomiba, que forman tremendos tapones en la Presidente Billini recogiendo pasajeros, o los motoconchistas que se cojen las esquinas sin dejarle espacio a los conductores para poder doblar. Todo eso ante la mirada indiferente de nuestros consagrados agentes de tránsito.
Los fines de semanas si usted está manejando en Bani, aléjese de la Máximo Gómez y de la presidente Billini, porque atravesar esas calles, es un verdadera proeza. Este es nuestro pueblo y lo queremos, pero en estos momentos adolecemos de gente con material colgante, que se rebele y exija que nos devuelvan el pueblo que nos han robado.
Yo estoy dispuesto
Raúl Montero
Sicólogo y escritor






