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13 de abril del 1844, la batalla del Memiso

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La declaratoria de independencia fue solo la primera fase de un largo y cruento proceso de guerras. Ante la proclama del 27 de Febrero del 1844, sobrevinieron las contiendas. El plan de las fuerzas militares haitianas fue orquestado para llegar al territorio dominicano y atacar con su ejército dividido en 3 frentes: el Norte, el Centro y el Sur.

El 19 de marzo, el enemigo fue rechazado por el cañón de Francisco Soñé, la fusilería de Lucas Díaz, Jean E. Ceara, José Del C. García y en la que el general Antonio Duverge, con certero instinto militar, definió el plan de combate que llevó a la victoria dominicana. Ese día, Pedro Santana ordena retirar las tropas de la ciudad. Había sido en azua, sobre la llanura ondulante donde la carga dominicana, los gestos de fiereza y los actos de heroísmo, donde se desmoronaron por el momento el plan sureño de los haitianos y las tropas nacionales cortaron el aliento de la tropa invasora. Ese mismo 19 de marzo de 1844, cruzaba también por el rio masacre el general haitiano Pierrot y tomaba la ciudad de Dajabon, preparando el invasor su avance por el Norte. Ramón Matías Mella, gobernador de Santiago, fue debidamente informado y por instrucciones de la Junta Central Gubernativa, fue nombrado el General José María Imbert como segundo al mando, encargándolo de ciertas operaciones. Mella comenzó a reclutar más hombres y trató de ir definiendo preliminarmente tácticas militares, decidiendo sobre el uso más ventajoso sobre las únicas piezas de artillería con las que los nacionales contaban.

Mientras en el sur y a pesar de colocarse dentro de un escenario triunfante, Santana ordena retirar las tropas de la ciudad de Azua y el 21 de marzo en el norte, las tropas del General Jean Louis Pierrot son enfrentadas por guerrillas en Talanquera al este de Dajabón, pretendiendo los soldados dominicanos, sin mucha suerte, frenar el avance haitiano, por lo que las huestes conquistadoras llegan a la ciudad de Mao.

El 23 de marzo, Duarte arriba al sur, llega al cuartel de Baní, se presenta ante el General Pedro Santana y de inmediato se hacen presentes las dificultades, pues mientras el Patricio era partidario de iniciar la ofensiva por el Sur, Santana rechazaba la sugerencia e insistía en permanecer a la defensiva. Entre tanto, el 27 de marzo del 1844, la Junta Central Gubernativa, llama al general José maría Imbert, pidiéndole entregar su destreza y la vida a la patria. Igual se hizo con los oficiales Pedro Eugenio Pelletier, Archielle Michell, Angel Reyes, así como los coroneles Ramon Franco Bido, Jose Nicolás Gomez, los artilleros Jose M. López, Lorenzo Mieses, Dionisio Mieses, José Gómez Mallot, Toribio Ramirez, Marcos Trinidad López y Fernando Valerio. El plan dominicano ya había sido discutido con Mella y fue finalmente definido, organizado; se determinó la ubicación de tres fuertes de defensa, al margen del río Yaque del Norte: Dios, Patria y Libertad.

El 29 de marzo, en el Norte, las tropas haitianas dirigidas por Pierrot avanzan rápidamente y se acercan a la ciudad de Santiago. Los haitianos organizan su ejército, divide sus tropas, avanzan con más de 2,000 soldados en cada columna de combate y antes del amanecer entran a la ciudad atacando el fuerte libertad y la legión de Pierrot se atrinchera en gurabito.

Del lado nacional, ese día 29 de marzo, comienzan arribar refuerzos desde Baní, al mando del coronel Ramón Santana.

El 30 de marzo del 1844 y pasado el mediodía, el comandante de las tropas haitianas, comienza el ataque. Los hombres dominicanos acantonados en Santiago, sabían que tocaba el turno, en continuación de la epopeya, a una nueva hazaña, para constituir en bastión de la independencia el corazón de la patria y el Santiago heroico esperaba su asalto. Los haitianos creían que la tropa dominicana no resistiría y que del lado nacional no había fuerzas para sostener por mucho tiempo la bandera de la libertad.

30 de marzo del 1844 y Santiago de los Caballeros era la ciudad elegida, entre todas las del país, para distinguirla con la predestinación del heroísmo, ofreciéndose como crisol para templar definitivamente la conciencia de la Patria y galvanizar la separación.

Constituía el segundo enfrentamiento de alta relevancia entre dominicanos y haitianos luego de proclamada la independencia nacional el 27 de febrero del 1844. Los comandantes nacionales ya habían lanzado el rayo de la proclama libertaria, el filo de las espadas resplandecían con el sol y los soldados de casaca azul, con homogénea disposición, aguardaban con espíritu indomable el inicio de las hostilidades. En el campo de batalla, el estruendo militar y el estampido de los fusiles, consolidaba la victoria de Santiago y se creaba un clamor electrizante en el pueblo, pues con la acción triunfante se advertía posible mantener la independencia, se revelaban nuevos patriotas integrales, sumados a los del Sur y se colocaba en urna incorruptible el orgullo de nuestra nacionalidad, siempre a la espera de nuevas campañas militares.

La clarinada insurgente había sonado y con temple uniforme para el esfuerzo, un grupo de hombres se disponía desde ese instante hacer todo lo posible para mantener la soberanía. Las jornadas victoriosas del 19 y 30 de Marzo, reafirmaba el ideal de independencia. Sin embargo, ni la victoria militar de azua el 19 de marzo, ni la hazaña lograda en el mismo corazón de la patria, en Santiago el 30 de marzo del 1844, quebrantó aquello de la indivisibilidad, por lo que nuevas contiendas le imponían al Sur resultar escenario de batallas significativas para la liberación nacional.

Ante la retirada ordenada por Santana a su estancia en Sabana Buey, Azua queda merced de los intrusos y estos entran sin resistencia. Los haitianos encuentran una ciudad casi desolada y bajo la creencia de que aún sus fuerzas podían imponerse y mantener el yugo que nos mediatizaba, organizan un avance. El general haitiano Charles Herard traza el plan para cruzar las líneas de dominio dominicano y llegar hasta Santo Domingo. Bajo el entendido de que las tropas de Santana acantonadas en Sabana Buey permanecían ociosas, de que el espíritu de combatividad de éstos podría ser bajo y que ante el eventual requerimiento de un desplazamiento ágil, podría presumirse que su movilidad no sería tan efectiva y rápida, llevando a los haitianos decidirse para avanzar activos y diligentes desde Azua hacía Santo Domingo, esquivando Sabana Buey.

Así, el ejército de Charles Herard intenta atravesar nueva vez las barreras dominicanas pasando por Las Palmas evitando Sabana Buey. Sin embargo, con vigorosa reacción, con energía arrolladora, el general Antonio Duverge se interpuso en su camino y con la disminuida tropa que constituía la avanzada, salvaguarda el perímetro en que se encontraba el Cuartel de Baní, combaten con efectividad y rechazan a los haitianos.

El impacto de esa acción inesperada desconcierta a los soldados haitianos, quienes buscando una salida deciden subir e intentan pasar por las serranías del Memiso. Ante la decisión de arribar al Memiso y continuar desde allí el cruce de las líneas, pero siguiendo la estrategia trazada de evitar un encuentro frontal con las fuerzas que mantenía el General Pedro Santana en Sabana Buey (Baní), dos marzo del 1844, quebrantó aquello de la indivisibilidad, por lo que nuevas contiendas le imponían al Sur resultar escenario de batallas significativas para la liberación nacional.

Pero la voz de alerta ya había sido dada y en un gesto de audacia extraordinaria, con escasez de armas, Duverge ordena adelantarse y ascender por senderos ásperos, para fraguar una emboscada al enemigo que avanzaba sobre El Maniel.

El 13 de abril de 1844, en condiciones precarias, dominicanos con dignidad, con la voluntad de no abajarse nunca más y dispuestos a comprometer su vida antes que permitir un paso más de los invasores, arremetieron contra la formación haitiana, atacando con lo que tenían a la mano. Un grupo de valientes, demostrando la disposición de patria y capacidad de los dominicanos, pelearon en la sierra del memiso, utilizando las ventajas del terreno.

La tropa improvisada de Antonio Duverge peleando con inmenso valor, detuvo el avance del enemigo y ese nuevo obstáculo a través de la sierra, obliga al ejército Haitiano retornar nuevamente a Azua.

Era 13 abril de 1844 y el Memiso se convertía, por la intrepidez de las acciones de los dominicanos, en ejemplo de audacia militar y de espíritu guerrero, escribiendo página gloriosa de nuestra historia y episodio heroico de las campañas por la independencia. El Memiso, sería recordado porque el soldado nativo se enfrentó y detuvo, a pecho abierto, a un enemigo que buscaba ascender por la sierra, penetrar los perímetros del ejército dominicano y colocarse en mejor posición de avance.

La victoria del memiso, el 13 de abril del 1844, distinta a la del 19 y 30 de marzo del 1844, tenía un tono heroico decisivo para las nuevas contiendas, hizo ver que lo importante era converger en el sentimiento del deber, expresión inequívoca en el General Duverge, y se revelaba sin dudas una energía inquebrantable a la conquista de la libertad y en los soldados, en cada hombre, era más intensa, más evidente la fe en la independencia nacional.

Y aun, cuando un día después, el 14 de abril del 1844, Santana, estando en el cuartel de bani, le escribe al presidente de la junta central gubernativa, sobre la necesidad de contar con recursos de ultramar, como forma de reiterar su postura sobre la ¨necesaria ayuda extranjera¨, ya las serranías del Memiso, bastión inhóspito y solitario, se levantaba en el corazón del sur como símbolo de la nacionalidad dominicana, lugar donde se había impedido el paso de aquellos que pretendían aniquilar la República.

Gloria eterna y consideración imperecedera para aquellos hombres sin nombre que se convirtieron en muralla, atentos al clarín redentor.

Que este día se inicie para cada dominicano con un ¡VIVA LA REPUBLICA DOMINICANA!

Sócrates David Peña Cabral
Abogado y articulista

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