La República Dominicana ha padecido a través de su historia, de una pasividad tan increíble ante los actos de corrupción cometidos a las arcas del estado, que nos convierte ante los ojos del mundo en un país de “PENDEJOS”.

Hasta el pueblo haitiano, que muchas mentes racistas consideran como un pueblo atrasado, ha sabido dignamente levantarse en protesta contra los actos de corrupción de sus representantes públicos. Sin embargo, nosotros los dominicanos, que aveces nos creemos ser el centro del universo, no habíamos sido capaces de enfrentar ese flagelo con todas las armas (no necesariamente de fuego), que tenemos a nuestra disposición.
Si el sistema de justicia se hace de la vista gorda, si las marchas y protestas, son ignoradas, al menos hagamos que esos corruptos, no puedan disfrutar en público el dinero robado del pueblo. Continuemos enrostrándole sus fechorías en cada evento social donde se presenten. Hagamos que el dinero robado le sepa a hiel y que la mancha de sus actos los persiga donde quiera que vayan y sus hijos se enteren que su madre o padre es un corrupto.
La lista es larga, pero ya comenzamos con nuestra venganza, hagamos que el escarnio de una sociedad indignada recaiga sobre ellos; y está consigna debe aplicar para todo aquel o aquella que se haya enriquecido con dinero del erario público.
Tal vez, este movimiento no hará que ellos devuelvan lo robado, pero al menos, los mantendremos alejados de los eventos sociales donde suelen vanagloriarse con sus escoltas y sus humillaciones al público.
La consigna: “Ladron, ladronaso” debe ser la sentencia que su impunidad no podrá evadir.
Raúl Montero
Sicólogo y escritor






