La solidaridad llama al cooperativista a priorizar lo grave de lo necesario y lo urgente de lo útil; a estar allí donde el tejido social es más débil, más vulnerable, más demandante.

En una sociedad “huérfana” la exclusión es preocupante y avasallante. Se necesita cohesión social, económica y sanitaria para superar el COVID’19.
La gente pobre pone algo en su olla para resistir con lo diminuto de lo poco. “Quedarse en su casa” es un clamor de esperanza, pero a su vez engendra un grito de desesperación del desvalido.
El emprendimiento local se siente abatido por el impacto directo en su finanza, se erosiona su familia sin respuesta sustituta, con angustia que lleva a la tristeza.
Comunidades completas sufren la agonía del desempleo. En Economía de la Informalidad no llega FASE y pequeñas empresas que tributan a TSS fueron dejadas fuera de la calma de la calamidad. Es inconstitucional que quien tribute a la Seguridad Social quede fuera de su alcance. Se constriñe el Principio de Igualdad, el Principio de Equidad y el Principio de Subsidiaridad.
Hay que hacer algo por los que nos necesitan. Colaborar con quienes esperan por nosotros con espíritu cooperativo.
Hay que organizar la solidaridad con microempresariado; con el tejido social que tiene firme alianza con las fuerzas vivas del pueblo de Dios.
Jorge Eligio Méndez
Articulista






