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ENFOQUES | Capitalismo extractivista y corrupción sistémica

Desde tiempos remotos, pensadores diversos han desarrollado ideas para promover el bienestar humano. Al transcurrir la modernidad, se afianzaron dos carriles diferentes de pensamiento: el religioso que provenía de la premodernidad y el científico.

Desde la perspectiva religiosa, los seres humanos, y por ende las sociedades, fracasan fundamentalmente por sus propias flaquezas. De ahí que toda religión tenga como objetivo fortalecer las virtudes humanas en nombre de Dios. El mundo se ve lleno de pecadores que los predicadores buscan salvar.

Desde las ciencias, las interpretaciones abundan en todas las disciplinas. Unas enfatizan las explicaciones culturales y otras las institucionales o estructurales que limitan el desarrollo y el bienestar.

En el libro, “Por qué fracasan las naciones”, publicado hace ya varios años, Daron Acemoglu y James Robinson, proponen una interesante explicación institucional del fracaso en el desarrollo de las naciones.

Según ellos, la geografía, el clima, los recursos naturales y la cultura tienen un impacto en las posibilidades de progreso, pero lo fundamental es el tipo de instituciones económicas y políticas que se forjan a través del tiempo.

El argumento central es que las naciones exitosas tienen instituciones inclusivas, mientras las que fracasan tienen instituciones extractivas.

Las sociedades con instituciones inclusivas son pluralistas, el poder se distribuye mejor, crean incentivos, y las personas se motivan a dar lo mejor de sí. Las sociedades con instituciones extractivas se inclinan al autoritarismo y no hay suficientes incentivos ni recursos para lograr el bienestar de la mayoría.

Cuando la política es extractiva también lo es la economía; y viceversa. Es decir, política y economía van de la mano.

La República Dominicana, en su precario desarrollo capitalista, forjó instituciones económicas y políticas extractivas. Por eso en cada gobierno hay un grupo que busca usurpar los recursos públicos, sea alrededor de un dictador o de un partido. Lo que ha cambiado con la democracia electoral de los últimos 40 años es la cantidad de personas que se benefician de la corrupción.

Y es que la corrupción y el clientelismo son mecanismos esenciales de distribución de recursos en las sociedades extractivas. El sector privado es poco innovador y paga bajos salarios, y se genera una sobre dependencia del Estado en empleos y acceso a la riqueza. Partidos y candidatos consolidan sus apoyos con promesas de beneficios, de ahí la proclividad de todas las fuerzas políticas al continuismo.

Las instituciones extractivas son dañinas porque limitan el desarrollo económico, fomentan la desigualdad, obstaculizan la cohesión social, y reducen las posibilidades de alcanzar el bienestar social.

Todos los gobiernos de la República Dominicana se han montado en un sistema político y económico extractivista. Para lograr desarrollo, el país tendría que trascender la lógica del sistema imperante. Por ejemplo, impulsar políticas públicas de beneficios colectivos como mejorar las escuelas y los hospitales, y promover incentivos para la creación de más y mejores empleos privados. Además, y esto es lo más difícil, redistribuir mejor la riqueza con un sistema impositivo más eficiente y equitativo.

Sin eso no habrá ningún cambio y la República Dominicana seguirá siendo una nación incapaz de aportar a la mayoría de su población las condiciones necesarias para alcanzar bienestar personal y colectivo.

Cada gobierno asciende ofreciendo villas y castillos y termina con su autodestrucción. Noten que todos los gobiernos dominicanos terminan hundidos en escándalos de corrupción: Balaguer, Guzmán, Jorge Blanco, Mejía, Fernández y Medina, para solo mencionar los últimos seis. Es un problema estructural que atañe al sector público y privado y no se resuelve solo con pesquisas selectivas.

Rosario Espinal
Politóloga

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