Al pasar abalance sobre algunos eventos que marcan la historia y/o el devenir de los pueblos, son recurrentes las expresiones de desencanto, decepción y a veces de incertidumbre sobre el porvenir. Pero también manifestaciones de esperanza y de valoraciones sustancialmente positivas sobre los resultados de esos eventos. La conmemoración de los 60 años del ajusticiamiento de Trujillo, que puso fin a su sangrienta dictadura, constituye uno de esos momentos, con la particularidad de que se hace en una coyuntura política, como la presente, signada por un profundo sentimiento de esperanza causada por las luchas políticas y sociales que la produjeron. Eso hace imperativo el combate político y de ideas para potenciar los hechos que validan las expectativas creadas por esas luchas.

Lo primero es que es necesario desmontar los mitos difundidos para sobrevalorar la presencia del trujillismo en la sociedad dominicana. Para ello, resulta importante diferenciar ese sentimiento de otras vertientes del conservadorismo en la sociedad dominicana, que sí mantienen un significativo peso en nuestra cultura política. La derecha dominicana tiene varios sectores, uno de ellos se distingue porque su ideología se forjó en el tóxico ambiente de la dictadura de Trujillo. Dos ex diputados de ese régimen fueron figuras señeras en los gobiernos del PLD, ambos constituyen la expresión más visible del trujillismo ideológico de ese sector, pero que no tiene expresión política significativa. Ellos, como sus paniaguados, no son más que estéril nostalgia.
En términos históricos, 60 años es poco para que desaparezca de la memoria colectiva determinas experiencias políticas, máxime cuando logran una vigencia de 30 años, como es el caso. Es recurrente el dicho: “todo dominicano es un trujillito en potencia”, en alusión a nuestra inveterada propensión hacia la intolerancia y el autoritarismo. Pero, ese lastre viene de lejos, lo tenemos desde los tiempos de la colonia y quienes mejor lo han cultivado y cultivan aún, ha sido una significativa parte del grupo oligárquico que adversó la dictadura. Ese sector que se opuso y aplastó la esperanza de democratización sustantiva intentada por Juan Bosch en 1963, constituye la otra cara de la derecha política, económica, social y eclesial que todavía acogota esta sociedad.
Pero, pese a esas derechas, el país ha cambiado sustancialmente en los últimos 60 años. Sin importar el carácter de nuestro anómalo largo crecimiento económico, las luchas sociales y políticas, los cambios de época, entre otros factores, han determinado un sustancial aumento de la inserción de las mujeres al sistema productivo, las remesas de la diáspora dominicana jalonan reales signos de movilidad social y cultural, es significativo el consumo de productos y de tiempo libre en vastos sectores anteriormente excluidos. También, la significativa estructura vial del país; el acceso al mercado formal de la vivienda es limitado, pero la calidad de sus evolventes ha mejorado notablemente, tanto en las zonas rurales, periurbanas y urbanas.
Se mantienen inaceptables expresiones de exclusiones sociales, pero estamos entre los primeros países de la región que expresan apoyo y satisfacción por la democracia. Estudios como, el de Cultura de la Democracia en la Republica Dominicana y La Democracia en América Latina, dan cuenta de que somos el país de mayor nivel de participación de la población en las reuniones de los gobiernos locales y el primero y el de mayor cantidad de organizaciones para la acción comunitaria, las cuales realizan importantes proyectos para mejorar las condiciones de vida de sus localidades. Independientemente de los resultados de esas iniciativas, son signos de cambios que acentúan el gusto por la libertad y la democracia.
Son, por lo tanto, una demostración de los alcances de la acción de los ajusticiadores de Trujillo, en su momento y la apertura para las luchas políticas y sociales del pueblo dominicano, después. El sedimento que esas acciones han dejado en la conciencia nacional, no puede ser desligadas de la acumulación de experiencias que han determinado la presente coyuntura política. Nunca, como ahora, había existido un momento tan favorable para potenciar los tantos cambios que se han producido en la sociedad dominicana, como el presente, ningún 30 de mayo de las cinco últimas décadas tuvo la potencialidad para ampliar los espacios democrático en el país.
Ninguno se ha conmemorado en el contexto de acciones contra la corrupción e impunidad como la que lleva a cabo el Ministerio Público de romper las estructuras de corrupción creadas en los anteriores gobiernos como fuente de acumulación originaria de capital a los viejos de derecha, arriba citados y de esa abigarrada mezcla de nuevos y viejos ricos, entre ellos militares, que tienen profundas raíces en el sistema político dominicano. El hilo de la maneja tejido por esos grupos, no puede romperse sólo por la acción del Ministerio Público, sino por el involucramiento de toda la sociedad y el primer lugar TODO el gobierno, no sólo de su presidente.
Esa es la cuestión, es una óptima oportunidad para que, a partir de estos 60 años del ajusticiamiento del Trujillo, el cambio prevalezca sobre la continuidad. Definitivamente.
César Pérez
Sociólogo






