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¿Cómo se respeta la memoria?

El maestro, presidente moral de la república, profesor Juan Bosch, escribió en unos de sus diversos escritos que “Nadie muere de verdad, si queda alguien que respete su memoria”. Es una de las sentencias del maestro que más me emocionan, porque ciertamente expresa una profunda verdad. Ya que la buena obra realizada por un mortal deberá ser imperecedera y sobrevivir a su realizador, porque generación tras generación la misma debería ser recordada y emulada.

Juan Bosch fue un hombre de extraordinarias condiciones humanas e intelectuales. Nacido a inicios del siglo XX, desde pequeño fue un agudo observador de la realidad social dominicana. No alcanzó grados académicos y, sin embargo, es considerado unos de los escritores más trascendentes de las letras nacionales y latinoamericanas, condición reconocida por escritores de la talla de Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Miguel Otero Silva. Pero su inclinación a la observación de la vida de los campesinos dominicanos lo llevó a desarrollar un alto sentido humanístico y de compromiso social que trasladó a sus escritos literarios. Como él mismo expresa, luego de salir del país nace nuevamente al encuentro con el pensamiento de otro gran maestro de América: Eugenio María de Hostos. Irremediablemente llega a la política, pero a la política vista como un instrumento de redención social y económica de los pueblos.

Siendo un hombre con esa visión, sabía que una de las grandes tareas de un líder político serio y comprometido con los cambios, era la de educar, orientar permanentemente a las masas de hombres y mujeres que durante años habían estado sometidas a la ignorancia y a la explotación de las oligarquías locales. Entendió la política como ciencia y como oficio, y en ambos casos sabía que el político debía ser educado en las ciencias sociales y en las teorías políticas para que pudiese tener el conocimiento de las fuerzas que gravitan en una sociedad y producen los cambios.

Esa concepción de la actividad política la plasmó en múltiples artículos, ensayos, libros, colecciones de estudios, y aunque dentro del PRD, primer partido fundado y liderado por él, no pudo aplicarla para su adoctrinamiento y formación política de cuadros y educación de las masas, sí lo hace de forma sistematizada y articulada en el PLD.

Pero el maestro, un educador nato, entendía que a los hombres y mujeres del PLD que militaban en sus Círculos de Estudio, además de enseñarles los procesos históricos y sociales que habían atravesado la sociedad dominicana y el mundo, también había que contarle la conducta, el legado de los grandes patriotas dominicanos y latinoamericanos, porque ellos en su época libraron las batallas por la libertad y la dignidad humana.

Es así como en el año 1975 el profesor Juan Bosch inicia una serie de artículos sobre Máximo Gómez en el periódico Vanguardia del Pueblo, órgano de difusión del PLD. Artículos que ocuparon las páginas centrales del periódico durante varias semanas y que, finalmente, fueron recopilados en el conocido folleto de 99 páginas El Napoleón de las guerrillas. El maestro no se detuvo ahí, siguió escribiendo y reeditando obras como Cuba: La isla fascinante, donde escribía ampliamente sobre Máximo Gómez. Además, durante esos años de finales de los 70 y toda la década del 80, dio conferencias en todo el territorio nacional para hablar de aquel hombre que llamaba “Un gigante de la historia”, y decía que sin dudas había sido el dominicano más conocido fuera de su país del siglo XIX. Todos conocemos ese libro que aglutina artículos, conferencias y capítulos de libros anteriores, libro al que tituló De Montecristi a la gloria.

Sin lugar a ninguna duda, de todos los personajes históricos de los escribió el profesor Juan Bosch, ( y escribió de casi todos los dominicanos y latinoamericanos), fueron Simón Bolívar y Máximo Gómez a los que dedicó más escritos. Particularmente en esos duros y fecundos años de la construcción del PLD, el ejemplo ético y cívico de Máximo Gómez estuvo presente en las lecturas de los Círculos de Estudio y de las tertulias políticas.

Es por eso mi pesar, mi profundo pesar, de que apenas unos días después (01/11) de que la dirección del PLD (mi partido desde agosto de 1974 y que seguirá siendo mi partido) fuera al Cementerio Ornamental de La Vega a rendir honores al maestro en el vigésimo aniversario de su muerte y prometiera recordar y respetar su memoria, sin embargo, el 18 de noviembre, fecha en que se celebró el 185 aniversario del natalicio del Generalísimo Máximo Gómez Báez, ninguna autoridad partidaria, la secretaria de cultura del PLD o su órgano (hoy digital) Vanguardia del Pueblo, no dijeron media palabra sobre tan importante acontecimiento histórico.

En verdad hace tiempo que en el PLD no se recuerda a Máximo Gómez. Hoy la educación en teorías políticas y concepciones sociales para formar a un militante es casi cero, menos aún en preservar la memoria histórica de héroes como Máximo Gómez, que no solo representaron una genialidad militar de altísimos reconocimientos, sino un verdadero pensamiento social y una conducta ética intachable. Pero como se había dicho y repetido hasta el hartazgo que hay una verdadera renovación partidaria y una recuperación de la mística que nos hizo el partido más formidable y de formación política de la república, entendí que este 185 aniversario del Generalísimo sería por lo menos mencionado en su periódico digital. No fue así, lamentablemente.

Por eso el título de este escrito, porque una de las maneras de respetar al maestro es nunca olvidando esas enseñanzas que parecían simples, pero que iban a la médula de la formación ética, política, revolucionaria y cívica de sus militantes.

Yván Peña
Sociedadyciudadania2013@gmail.com
Articulista

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