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Historia muestra riesgos de alianzas tan raras como la de Danilo y Leonel

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Por Juan Manuel García
Periodista

La historia nuestra está llena de alianzas raras, pero nunca, jamás, hubo una alianza tan rara como la que buscarían los eternos contrincantes modernos, como son Danilo Medina y Leonel Fernández y sus grupos seguidores.

Juan Manuel García

Esto, aparte de que una alianza tal, parece ir contra la fortaleza probada de Luis Abinader y el granítico muro que constituyen el Partido Revolucionario Moderno (PRM) y las decenas de grupos y fuerzas lanzados a buscar y retener el Poder: directa a un fracaso.

El General Juan Pablo Duarte siempre tuvo como estrategia política las alianzas. Pero no alianzas de cualquier tipo o naturaleza, al buscar la Independencia nacional, que no era la simple búsqueda de una victoria oportunista, como la que impulsaron siempre sus contendores.

Duarte, en su patriótico esfuerzo, apoyado en un grupo de jóvenes revolucionarios, a la sombra del ideal de su Jefe, venía tejiendo en su trayecto la alianza con los reformistas haitianos.

Aliado a los reformistas haitianos, a riesgo de enfurecer a la otra parte del gobierno de ese país. Así, contribuyó al derrocamiento de Jean-Pierre Boyer y el subsiguiente y forzoso abandono del territorio nacional, tras veintidós largos años de dictadura militar controlando la media isla que unió al territorio haitiano, en su necesidad de rapiña, para satisfacer a los imperios francés, inglés y demás, ante la debilidad e incertidumbre de la parte abandonada por España.

Boyer y su poderoso gobierno resultaban un obstáculo gigantesco para Duarte y los suyos, aglutinados en la clandestinidad, para poder echar hacia adelante sus planes patrióticos y los objetivos trinitarios.

Así, surgió en la mente de Duarte aliarse y ayudar al reformismo impulsado por los reformistas revolucionarios de Charles Hérard Riviere, en Haití. Con esa maniobra es como los duartistas, salen a flote y ganan unas elecciones municipales de este lado de la frontera. Es ese triunfo en las municipales lo que le cuesta a Duarte perseguido, salir hacia un primer exilio para salvar el pellejo, y también a su propio proyecto liberacionista.

Es cuando Duarte, desde el exilio sigue en la jefatura del movimiento liberacionista que ya había formado con su trabajo clandestino junto a os muchachos de La Trinitaria.

Ya, claro, Duarte nunca perdió de vista la necesidad mantener la apertura de trabajar con otros sectores, quienes al margen de los trinitarios tenían intereses particulares que necesitaban proteger.

Vicente Celestino Duarte y Francisco del Rosario Sánchez, fueron los responsables de sustentar el interés trinitario, tras la ausencia de Duarte en ese primer exilio. Ahí, estaba también la complicidad de Matías Ramón Mella, quienes continuaron los amarres con el extranjerizante Tomás Bobadilla, a sabiendas de las motivaciones entreguistas de éste, y su esfuerzo por suplantar la jefatura de Duarte. La Independencia misma tendría que aceptar a los enemigos, en su interés separatista, más no de la independencia y la soberanía, en alianzas coyunturales.

El Poder siempre ha encontrado enemigos comunes en alianza transitoria inescrupulosa. ¿No fue eso lo que ocurrió entre los liberales cibaeños con los seguidores del futuro dictador Buenaventura Báez, hacer frente durante la guerra restauradora al “monstruo del Panteón”, al testarudo Pedro Santana y su servilismo hacia los españoles y franceses?

Rojos y Azules se juntaron, pese a sus antecedentes, para derrocar al dictador Báez. Los “bolos y rabuses” unieron fuerzas para liquidar la memoria del dictador Ulises Heureaux (Lilís). Y, más recientemente, la izquierda del 14 de Junio, ¿no buscó la alianza con la Unión Cívica para terminar de liquidar el trujillismo?

No deben de olvidar, sin embargo, los nuevos aliancistas que la Independencia Nacional terminó liquidando el espíritu de la “separación” que buscaban Tomás Bobadilla, Santana y sus oportunistas sempiternos. Duarte y los suyos terminaron su trabajo para dejarnos lo que tenemos, hoy: una Patria Soberana.

¿Por qué todas esas uniones oportunistas terminaron derribándose? Porque, ayer, como hoy, ese tipo de alianza de oportunidad termina revirtiéndose contra sus promotores.

Leonel Fernández prefirió desbaratar el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) que lideraba y presidía, porque tenía de frente un Danilo Medina imposible de derrotar desde dentro. Y se demostró, que también desde fuera. Todas sus diferencias durante largo período de años se basaban en la intriga personalista. Intrigas que fuera del Poder se han agrandado, siendo reconocidas hoy, como ayer, cuando el mismo Medina se acerca a Leonel advirtiendo que se trata de “una alianza rara” que no cuajará, porque pasadas las elecciones, serán contrarios, como siempre.

Los mismos protagonistas dieron a conocer el derroche de egoísmos de sus propios invariables pareceres: “A mí, a mí, no me regalaron nada en esta vida. Todo el escalón que yo he subido ha sido en base a esfuerzos y sacrificios. Pero nadie me ha querido regalar nunca nada”, estableció lapidariamente Danilo Medina. Y agregaba: “Nunca le he quitado a nadie lo que le corresponde. Todo lo contrario. He dado más de lo que se me puede pedir. Siempre. Siempre. Incluso, a muchos de los que me atacan, de los que me denigran, los he tolerado”. Medina estaría, hasta hoy, muy dolido.

Era un alarido contenido durante más de 46 años que resumió en un grito: “¡Han sido unos intolerantes!”, refiriéndose a Fernández y su grupo dentro del partido. Era un discurso envuelto en hiel y retama. A Leonel Fernández no se lo estaba estrujando en su cara un cualquiera, sino el Presidente de la República, Danilo Medina, en pugna con todos los principios que predicaba. A éste, en su oportunidad, el otro lo había aplastado con el peso insoportable del Estado.

Leonel Fernández resentido, sólo atinaba a recordar que, según él, nunca había recibido el apoyo de la gente de Medina. No me apoyaron en el 2000, cuando los danilistas lo compararon con un “rodillo”, y en el 2008, ni en el 2012, cuando según dijo tenían un pacto con Hipólito Mejía, ni en el 2016.

Medina y Fernández se han estado acusando de las peores barbaridades para impulsar sus ambiciones políticas personalistas. Y lo hacen sin empachos. Fernández nunca entendió que sólo él y Juan Bosch disfrutaron la presidencia del PLD, durante toda la vida del grupo, teniendo a Medina sólo como observador. Leonel Fernández y Danilo Medina vivirían a lo interno del PLD, disputándose uno al otro sus liderazgos en el su partido. Pretendiendo igualar al caudillo al que siguieron, hasta que explotó su último cartucho.

Tal vez, por eso, y ninguna otra cosa, estos dos políticos no hacen gracias cuando dicen tienen una alianza, en la que el más dolido de ambos, ya proclamó que “es una alianza rara”.

En el descuido de ambos en pugna personalista, Luis Abinader y su granítico bloque, ya arrasaron, porque durante casi cuatro años sembraron el país de obras palpables y a la vista, inaugurando obras comunitarias, una y otra vez. Ahora remachan con el deleite de multitudes que lo siguen en marchas y caravanas, aun en los más aparatados lugares. Así se endulzan la campaña de provincias y municipios. Esto, al margen de las históricas intrigas y contradicciones de sus adversarios.

Esa, y no otra, ha sido la historia de las alianzas políticas y tretas para buscar treparse en el poder de adversarios en busca de las conocidas ventajas de la administración pública.

¿Para qué repetir la historia?

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