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Viene el paquete de reformas, y los estrategas y teóricos al acecho

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Por Juan Manuel García

El gobierno dominicano ha anunciado que impulsará y negociará con todo quien quiera negociar, un paquete de doce reformas institucionales que necesita el país desde hace largos años.

La parte más difícil en ese proceso que se anuncia a negociar es que la gente entienda para que acepte las tales reformas. Si la gente que es la motivación de las reformas no las entiende, es mejor que no las propongan.

Juan Manuel García
Periodista

¿Por qué? Porque quien no entiende algo que le propongan, no lo aceptará, jamás. Así, de sencillo y para entenderlo así, no hay que ser ningún experto en estrategias y comunicaciones. Basta con situarse del lado de quienes serán favorecidos con los resultados de las reformas. Sólo estos sectores saben lo que se necesita. Y como han sido la causa de todas las reformas habidas y por haber, han sido quienes las han padecido, resultaría fácil contar con ellos si se los acerca. Si se les habla al oído, sin engañifas. Sin engañifas, porque ahí es que siempre ha estado el peligro. Adornarles un bombón, un dulce, que por dentro termina siendo amargo, agrio, y difícil de deglutir.

Hoy día aparece en cada oído, en cada vista, un estratega. Mientras más asuntos aparecen a presentar al público, muchos más estrategas aparecen. Es tan peligroso el asunto, que algún gobernante nuestro, muy cercano a la gente, tanto que ni gobernante parecía, proclamaba ante sus asesores y estrategas: “No me vengan con estrategias. Yo sé lo que hay que hacer. Pero ayúdenme a poner las cosas fáciles”. Entonces, los estrategas se contenían un poco, antes de desplegar su tinglado de recomendaciones, y se apartaban un poco de su interés de ser ellos el gobierno.

Está claro que la magnitud de las reformas de la administración pública de República Dominicana necesitará de mucha coordinación efectiva. En ello juega mucho la participación del Ministerio de la Administración Pública (MAP), cuerpo directivo fundamental de coordinación de todos los llamados a protagonizar las reformas. Será la garantía de todo éxito.

No es la primera vez que el país se avoca a un proceso de reformas. Es ahí donde se encuentra la razón real de que desde 1990, República Dominicana protagonice, hoy, un periodo de gran expansión económica, con un PIB que entre 1993 y 2017, haya obtenido un crecimiento a una tasa anual de más del 5.3%. El PIB creció a una tasa anual aproximada de 5.3%, destacando por ello en toda la región.

Tras convenientes reformas llega la inversión extranjera en manufacturas, minería y turismo.

Se oyó el clamor unísono del presidente Luis Abinader, de Raquel Peña, la vicepresidenta, cuando salen y hablan al oído de los ricos, de los dueños de las grandes empresas, para que entiendan que ese crecimiento no ha contribuido a la disminución de la pobreza y de la desigualdad. Todos esos ricos lo saben, pero no lo entienden tanto como los miserables que esperan por su ración del pastel.

Eso es bueno que se diga, pero no hay que decirles muchas teorías y estrategias para que esos pobres entiendan dónde está la causa de su pobreza y de sus necesidades.

Viven por debajo de la línea nacional de pobreza y, lo que es más grave, una proporción importante de la misma es vulnerable a caer más abajo, todavía. La gente, que es mucha, la mayoría de la población, no tiene acceso a servicios de educación, salud y ¡la niñez y la vejez! de calidad.

Para una comunicación exitosa en este asunto, no hay que dar mucha vuelta, la mayor estrategia será decir las cosas, y sobre todo, ejecutaras, ante los ojos y oídos de la gente. Con transparencia y la mayor apertura, para que todos sepan que los riesgos tienen que ser compartidos. Así debe de ser entendido, tanto por los que están dentro del gobierno, como por los que están fuera.

Todo sea dicho con claridad, sin envoltura. La claridad en la comunicación dentro de la administración es importante, para que, los gobiernos locales puedan entender y compartir como se construye esa reforma, y cómo tienen que ayudar, desde sus distintos sitios. ¡Porque la responsabilidad es tan grande!

La comunicación pública desempeña un papel fundamental para los ciudadanos a quienes debe dárseles toda la información sin regateo, con sabiduría práctica, para que la población se sienta cerca del gobierno en tan ingente esfuerzo. Es lo que incidirá en el comportamiento de la población cuando se siente protagonista de lo que se está ejecutando. No es tan difícil. Sólo hay que saber usar el tinglado de los componentes del aparato inmenso de que dispone todo gobierno para hacer llegar la información.

Pero, hay que hacerlo con sencillez, dejando los escritorios y sabiendo que los recursos económicos dedicados a la comunicación para que esta tenga éxito deben manejarse con diafanidad. Y dejando la rapiña aparte.

Seguiremos en el asunto. Porque el paquete viene, y es bien pesado.

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