Luis Abinader, un hombre rico de cuna. Y es un hombre sin malicias de cuna, porque esas son cosas que se heredan de gratis. Y otorgan una ventaja inmensa cuando hay que enfrentarse a malicias comprobadas. O a esfuerzos desgastados. Eso es lo que enseña la política en tiempos presentes y pasados.

Periodista
Eso conduce a la realidad de que cuando se echa un partido de dominó, cuando se tiene las condiciones de Abinader, es innecesario poseer la ficha del doble seis marcado, una ficha tenebrosa a la que temen, sobre todo, los tramposos en el juego.
Lo que, si es importante en este tipo de competencia de fichas, es poseer a manos la cajita, si hay expectativa de un tranque.
De manera que, si un gobernante anda armado con los atributos que aquí se definen, sólo queda el camino de que quienes quieran hacerle frente a un jugador así, arreen. Si es que les quedan ganas. Y un poco de temeridad.
Todo esto viene a cuento, porque resulta que Abinader, ahora, tiene la manía de caerle atrás a la corrupción administrativa propia y a la heredada. Cuando la oposición creía que caería de sorpresa sobre este hombre rico y sin malicias, he aquí que, a los cinco años de gobierno legitimado por la mayoría de la población, oh sorpresa, lleva sobre sus hombros el sobrepeso de las diarias inauguraciones nacionales de obras públicas de todo tipo. Obras millonarias montadas sobre presupuestos exiguos por los escasos ingresos. ¿Cómo es eso?
A puro cálculo
Si del reciente pasado llama a unos cuantos, con ayuda de la justicia independiente, créanlo o no, les saca de los bolsillos el dinero sustraído con miles de artimañas a los fondos públicos, es borona que abona. Y si a los amigos, mas no cómplices, Abinader empieza de forma indiscriminada a escarbarles los bolsillos, pues más le rinden las cosas.
Desde el frente vienen con las fichas marcadas. Y la misma cantaleta, que el costo de la vida, que la inseguridad, que la falta de empleo, según Danilo Medina, hombre bajeado en todo su derredor por la corrupción de que hablamos. Y Leonel Fernández, hombre sin discurso, y también bajeado, que dice que un hospital inaugurado no está en uso, pero que sí lo usan para atender emergencias.
Explíquese cada quien la perorata. Si o sí
Y es que el hombre rico y sin malicias, cuando arremete, pues vuelve locos a los suyos maliciosos, y a los del frente también. Y no encuentras las fichas, porque ese hombre no tiene el doble seis marcado, y también la cajita para trancar. Hombre, siga ahí, aunque más no pueda exhibir. Los demás, que arreen.






