Por Rafael Aguasvivas
SANTO DOMINGO, República Dominicana.En vísperas de la fundación de la República Dominicana, los estudiantes de la UASD-OCOA realizaron una visita a la Sede Central de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y otros lugares emblemáticos relacionados con nuestros orígenes. La actividad se desarrolló bajo un programa de recorridos que comenzó desde la salida de Ocoa y se extendió hasta el regreso, garantizando una experiencia organizada y enriquecedora.
Desde el inicio, la jornada buscó acercar a los estudiantes a la historia de su país y fomentar la conciencia sobre la importancia de conocer nuestras raíces.
Comprender de dónde venimos permite valorar las oportunidades que hoy tenemos y asumir con responsabilidad nuestra formación, porque la educación no solo implica asistir a clases, sino también definir quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde queremos ir.
Recorrer los espacios donde ocurrieron hechos significativos permitió a los estudiantes experimentar la historia en vivo, sentir la magnitud de los procesos y decisiones que configuraron la soberanía que hoy disfrutamos como pueblo. Cada edificio, aula y monumento se convirtió en un testigo silencioso del esfuerzo y los sacrificios que hicieron posible la República Dominicana actual.
Recorrido y experiencias de los estudiantes en la UASD
El pasado 26 de febrero del año 2026 viajamos a la Sede Central de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Desde el inicio se notaba la emoción: miradas atentas, preguntas constantes y un interés genuino por conocer cada espacio. Algunos observaban cada edificio con asombro; otros caminaban en silencio, concentrados en cada explicación.
La primera parada a las 9:00 AM fue en el edificio de los laboratorios de alta tecnología, donde una de sus instalaciones mostró gran parte de la serie Los Trinitarios, patrocinada por Radio Televisión Dominicana, que nos llevó directamente a uno de los períodos más críticos de nuestra historia. Allí vimos lo que significó la ocupación encabezada por Jean‑Pierre Boyer en 1822, cuando la parte oriental de la isla quedó bajo un gobierno que limitó la autonomía política de los dominicanos. Muchos no tenían libertad para decidir sobre su destino, y las decisiones importantes se tomaban sin su participación. Incluso la educación se vio afectada y, en 1823, la antigua Universidad Santo Tomás de Aquino fue cerrada porque numerosos estudiantes fueron llamados al servicio militar. Comprender que hubo un tiempo en que estudiar no era un derecho garantizado y que solo unos pocos tenían acceso al saber generó reflexión y orgullo entre nuestros estudiantes.
Previo a la presentación del capítulo, varios profesores de la Escuela de Historia de la Facultad de Humanidades reflexionaron en torno al proceso de evolución y desarrollo de la Universidad, desde su fundación hasta nuestros días. Además, aprovecharon el espacio para comentar el proceso de nuestra independencia y el papel de sus protagonistas.
El recorrido continuó en la Facultad de Artes, el director de la escuela de música y uno de los maestros nos dieron una cálida bienvenida. Nos explicaron la importancia de la formación artística y el ambiente estuvo acompañado por música interpretada con piano y flautas, lo que permitió apreciar otra dimensión de la vida universitaria. Luego visitamos distintas facultades para conocer las carreras que ofrece cada una. Nuestros estudiantes gestionaron su carnetización, un paso que confirma oficialmente su pertenencia a la institución. Después de la carnetización nos dirigimos al comedor universitario, donde almorzamos y compartimos como grupo, conversando sobre lo vivido hasta ese momento. También fuimos al Economato y al museo de la UASD, ubicado en el Aula Magna, donde los estudiantes observaron piezas, documentos y objetos que narran parte de la vida institucional.
Más adelante recorrimos la Biblioteca Pedro Mir. Una bibliotecaria del segundo piso nos explicó los tipos de libros disponibles para las diferentes carreras y mencionó que allí también se conservan colecciones únicas. Nos indicó que para el préstamo es necesario llenar un formulario, que los libros se entregan por un tiempo limitado y que, si no se devuelven en la fecha establecida, el estudiante recibe una amonestación e incluso puede tener restricciones en el sistema académico. También aclaró que muchos textos se facilitan principalmente para consulta o para sacar copias, y que su cuidado es responsabilidad de todos. Fue un momento clave para comprender que el acceso al conocimiento implica disciplina y respeto.
Como complemento de lo aprendido en el documental, nos trasladamos a la Zona Colonial. Caminar por sus calles permitió conectar la historia vista en pantalla con los lugares reales donde ocurrieron los hechos. Visitamos la Iglesia de Santa Bárbara, donde fue bautizado Juan Pablo Duarte, así como la Catedral Primada de América, reconocida como la primera catedral del continente. Recorrimos la Casa Museo de Juan Pablo Duarte, donde nació y vivió el patricio, y visitamos el Parque Independencia junto a la histórica Puerta del Conde, lugar donde se proclamó la Independencia Nacional el 27 de febrero de 1844. También conocimos el Museo de las Casas Reales y la Fortaleza Ozama, espacios que conservan parte del pasado colonial y ayudan a comprender el contexto en que surgieron los Trinitarios y los acontecimientos vividos durante el gobierno de Boyer.
Así, la historia dejó de ser solo contenido de un documental para convertirse en una experiencia real, vivida en los mismos escenarios donde se forjó nuestra nación. Este viaje nos recordó que la educación no es solo asistir a clases, sino entender de dónde venimos para saber hacia dónde queremos ir. Que cada libro, cada aula y cada paso dentro de la universidad representa oportunidades que generaciones anteriores no siempre tuvieron. Que nuestros estudiantes valoren esa oportunidad y asuman con responsabilidad su formación es, quizás, el mayor logro de esta experiencia. Porque conocer la historia no es quedarse en el pasado, sino aprender de él para construir un futuro más consciente, más preparado y más comprometido con el país.
Reflexión educativa y cierre
La jornada reafirmó el compromiso de la comunidad estudiantil con una formación integral que trasciende el aula. Más que un recorrido académico, fue una afirmación del papel que cada joven está llamado a desempeñar en la sociedad. Comprender el legado histórico fortalece el sentido de pertenencia y consolida el compromiso con los valores democráticos que sustentan nuestra nación.
Este tipo de iniciativas contribuye a formar profesionales conscientes, críticos y participativos, capaces de asumir responsabilidades sociales con madurez y visión de futuro. La universidad, como espacio de pensamiento y transformación, no solo transmite conocimientos, sino que impulsa ciudadanos preparados para aportar al desarrollo del país.






