{"id":453205,"date":"2025-10-06T06:04:46","date_gmt":"2025-10-06T10:04:46","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=453205"},"modified":"2025-10-06T15:15:17","modified_gmt":"2025-10-06T19:15:17","slug":"instagram-y-su-nefasto-mecanismo-de-censura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=453205","title":{"rendered":"Instagram y su nefasto mecanismo de censura"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\"><em>Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresi\u00f3n vale poco<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\">Jos\u00e9 Luis Sampedro<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La promesa de las grandes plataformas digitales fue simple y seductora: restaurar la palabra p\u00fablica, democratizar la difusi\u00f3n, dar voz a quien antes carec\u00eda de tribuna. Instagram, en particular, se present\u00f3 como un \u00e1gora visual donde la creatividad y la expresi\u00f3n personal florec\u00edan sin intermediarios. Pues bien, hoy esa promesa aparece totalmente corro\u00edda por una doble realidad: por un lado, la red social tolera y a menudo amplifica im\u00e1genes y relatos de violencia, pornograf\u00eda y todo tipo de atrocidades; por otro, castiga e invisibiliza sistem\u00e1ticamente voces que promueven la concientizaci\u00f3n, el cuidado, el amor a la familia o posiciones discordantes con ciertas corrientes culturales posmodernas. Entre la ret\u00f3rica de la libertad y la pr\u00e1ctica de la moderaci\u00f3n se ha instalado una hipocres\u00eda pat\u00e9tica que merece ser confrontada filos\u00f3ficamente.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Bien sabemos que la hipocres\u00eda no es un fallo t\u00e9cnico accidental, sino la clara manifestaci\u00f3n l\u00f3gica de una arquitectura institucional y econ\u00f3mica. Las decisiones de qu\u00e9 puede permanecer visible y qu\u00e9 debe ser suprimido no nacen en un vac\u00edo moral, sino que responde a intereses, incentivos y dise\u00f1os que priorizan la captura de atenci\u00f3n y la extracci\u00f3n masiva de datos de todos los usuarios. En lugar de una \u00e9tica coherente de la palabra p\u00fablica, lo que est\u00e1 rigiendo es una econom\u00eda de la atenci\u00f3n que recompensa solamente lo sensacional, lo inmediato y lo emotivo. Las im\u00e1genes que escandalizan atraen miradas y likes mientras que los relatos serenos de aprendizaje, sensatez, cordura o cr\u00edtica reflexiva atraen menos y, por tanto, quedan penalizados por un algoritmo cuya funci\u00f3n primera es maximizar retenci\u00f3n y retorno publicitario. As\u00ed, la plataforma ense\u00f1a su clara moral: la visibilidad se paga en tiempo de atenci\u00f3n y la censura se impone cuando el discurso no resulta rentable o resulta pol\u00edticamente inc\u00f3modo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La precitada econom\u00eda no act\u00faa sola: la moderaci\u00f3n se externaliza a sistemas mixtos de aprendizaje autom\u00e1tico y denuncias humanas, ambos cargados de sesgos de dudosa procedencia. Los modelos se entrenan con datos que reproducen prejuicios: l\u00e9xico marcado como \u201cpeligroso\u201d, im\u00e1genes etiquetadas como \u201csensibles\u201d, comunidades etiquetadas como de alto riesgo. El resultado es un sistema que discrimina no s\u00f3lo por el contenido sino por el estilo, vocabulario y afiliaci\u00f3n. Es f\u00e1cil ignorar o retrasar la retirada de material expl\u00edcito que atrae audiencia; es mucho m\u00e1s sencillo y barato sancionar a usuarios que comparten testimonios inc\u00f3modos para las narrativas pat\u00e9ticas dominantes. La hip\u00f3tesis es inquietante pero totalmente veros\u00edmil: la censura no castiga \u00fanicamente por da\u00f1o, sino tambi\u00e9n por incomodidad y por riesgo reputacional para la plataforma, ya comprometida con ciertos intereses.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ahora bien, contrastemos la ret\u00f3rica y la praxis mediante ejemplos concretos. Incidentes en los que asesinatos han sido transmitidos o difundidos en vivo, y han circulado durante horas antes de su eliminaci\u00f3n, muestran un fracaso institucional para priorizar la protecci\u00f3n de las v\u00edctimas por sobre la viralidad. En paralelo, hay m\u00faltiples relatos period\u00edsticos e investigaciones que denuncian cierres de cuentas y eliminaci\u00f3n de contenidos destinados a la prevenci\u00f3n y cuidado o a la cr\u00edtica social, alegando siempre \u201cviolaciones de pol\u00edticas\u201d de la empresa- \u201ccontenido sensible\u201d, \u201cdesinformaci\u00f3n\u201d, \u201cdiscurso de odio\u201d- con criterios vagos y aplicaciones err\u00e1ticas. Estos patrones, repetidos en distintos contextos, delinean una pr\u00e1ctica nefasta: contenidos gr\u00e1ficos que alimentan la m\u00e1quina de la atenci\u00f3n perviven mientras que las voces que desestabilizan narrativas c\u00f3modas se silencian con rapidez.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Para comprender la mec\u00e1nica de este fen\u00f3meno, conviene apoyarse en algunos marcos te\u00f3ricos contempor\u00e1neos. Shoshana Zuboff ha mostrado c\u00f3mo las plataformas convierten la conducta en datos y luego en ganancias mediante la vigilancia, que es la materia prima de un negocio que no s\u00f3lo vende atenci\u00f3n sino que moldea sujetos. Por su parte, Eli Pariser advirti\u00f3 la creaci\u00f3n de \u201cburbujas de filtro\u201d, entornos que homogeneizan la informaci\u00f3n y restringen la pluralidad real. Simult\u00e1neamente, Tarleton Gillespie describe a las empresas tecnol\u00f3gicas como \u201ccustodios de internet\u201d, es decir, actores privados que, sin legitimidad democr\u00e1tica, toman decisiones de alcance p\u00fablico. Por \u00faltimo, Safiya Noble expuso c\u00f3mo los sesgos tecnol\u00f3gicos reproducen y amplifican ciertas injusticias. Todos estos aportes coinciden en un punto crucial: las decisiones de \u201cmoderaci\u00f3n\u201d en las redes no son neutrales, sino que son pol\u00edticas enmascaradas de t\u00e9cnicas.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">De aqu\u00ed se desprende una tensi\u00f3n filos\u00f3fica central, puesto que la supuesta libertad de expresi\u00f3n que proclaman estas redes sociales es, en el mejor de los casos, una libertad condicionada por el acceso y la visibilidad. No basta con la posibilidad de hablar, porque la libertad real exige ser realmente escuchado. La famosa t\u00e9cnica del \u201cshadowbanning\u201d, la degradaci\u00f3n algor\u00edtmica y los sistemas opacos de apelaci\u00f3n ilustran con claridad c\u00f3mo la supresi\u00f3n puede ser m\u00e1s efectiva cuando es invisible, es decir, que la voz no es silenciada por eliminaci\u00f3n directa sino por la negaci\u00f3n de audiencia. La privatizaci\u00f3n de la jurisdicci\u00f3n comunicativa despoja a la esfera p\u00fablica de mecanismos democr\u00e1ticos de resoluci\u00f3n de conflictos, a saber, normas esenciales para la convivencia digital pasan ahora por equipos internos de moderaci\u00f3n, pol\u00edticas de empresa y modelos entrenados (entidades que no rinden cuentas a los ciudadanos). Sin ir m\u00e1s lejos, hace un a\u00f1o, Instagram decidi\u00f3 eliminar mi cuenta, la cual ten\u00eda 1,4 millones de seguidores, sin mediar explicaci\u00f3n alguna y sin permitirme atisbo de apelaci\u00f3n. \u00bfDemocr\u00e1tico no?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La censura selectiva plantea tambi\u00e9n una cuesti\u00f3n \u00e9tica sobre la correspondencia entre intenci\u00f3n y efecto. Muchos contenidos removidos por \u201cdesinformaci\u00f3n\u201d o por violaciones a t\u00e9rminos ambiguos escritos por un degenerado desconocido en Los \u00c1ngeles son, en realidad, esfuerzos de concientizaci\u00f3n o testimonios personales. Penalizar una cr\u00edtica por el uso de lenguaje desacomodado a la moda posmo-progre o por documentaci\u00f3n cruda- por ejemplo, materiales destinados a sensibilizar sobre riesgos o a documentar violencia para pedir justicia- equivale a castigar la posibilidad misma de narrar la experiencia. As\u00ed, se produce un doble da\u00f1o perverso: las v\u00edctimas pierden voz y la sociedad pierde informaci\u00f3n cr\u00edtica para poder deliberar con autonom\u00eda.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Tampoco puede soslayarse la dimensi\u00f3n de la vulgar vigilancia de datos. Instagram no s\u00f3lo decide qu\u00e9 ver\u00e1s, sino que tambi\u00e9n perfila qui\u00e9n eres ante los dem\u00e1s. Cada \u201cme gusta\u201d, cada tiempo de visionado, cada comentario alimentan modelos que categorizan usuarios en funci\u00f3n de su capacidad de retenci\u00f3n, su propensi\u00f3n a reaccionar emocionalmente y su capacidad de monetizaci\u00f3n. Estos perfiles determinan tratamientos claramente diferenciales: exposici\u00f3n priorizada, relegaci\u00f3n o supresi\u00f3n. La instrumentaci\u00f3n de datos para moderaci\u00f3n de contenidos convierte la privacidad en un vector de control porque el historial de interacciones define si una voz ser\u00e1 amplificada o enterrada en el olvido. Adem\u00e1s, la monetizaci\u00f3n de la atenci\u00f3n vuelve la moderaci\u00f3n un servicio econ\u00f3micamente rentable ya que las empresas que venden soluciones de verificaci\u00f3n se benefician de un mercado de \u201cseguridad\u201d digital que, parad\u00f3jicamente, es turbio y discrecional.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Las consecuencias sociales son bastante profundas. Primero, la erosi\u00f3n del debate plural que se da cuando ciertas cr\u00edticas son sistem\u00e1ticamente invisibilizadas produce un empobrecimiento de la deliberaci\u00f3n p\u00fablica que pierde su capacidad de autocorrecci\u00f3n. En segundo lugar, se produce una desigualdad comunicativa peligrosa, porque quienes disponen de recursos- instituciones bien financiadas, influencers alineados con las agendas dominantes- navegan mejor los rigores y las zonas grises de las pol\u00edticas mientras que los de \u201cabajo\u201d, activistas independientes y comunidades altamente vulnerables, son propensos a sanciones permanentes. En tercer y \u00faltimo lugar, se ejecuta una delegaci\u00f3n de la legitimidad: funciones que pertenecen a la esfera p\u00fablica, como la regulaci\u00f3n de discursos nocivos y la protecci\u00f3n de derechos, son asumidas por actores privados sin los mecanismos de transparencia y control democr\u00e1tico necesarios. A pesar de que no existe en el mundo un registro internacional de memes o de contenido digital, si uno comparte contenidos que van en contra de las modas, la entidad et\u00e9rea de Instagram tiene la potestad de acusarte de infringir normas de \u201cderecho de autor\u201d, aunque ese contenido no est\u00e9 fehacientemente patentado en ninguna parte.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Frente a este cuadro, las respuestas puramente tecnol\u00f3gicas no bastan. Es necesario plantear una reforma que convoque principios de justicia comunicativa que implique cierta transparencia algor\u00edtmica real- no meras divulgaciones de marketing-, auditor\u00edas independientes de moderaci\u00f3n de contenidos, mecanismos de apelaci\u00f3n que restituyan no s\u00f3lo cuentas sino alcance y reparaci\u00f3n simb\u00f3lica, y normas que desincentiven el dise\u00f1o de productos que premian solamente lo que es nocivo. De igual manera, tambi\u00e9n es necesario contar con pol\u00edticas p\u00fablicas que limiten la externalizaci\u00f3n de funciones regulatorias a privados y que obliguen a presentar cierta rendici\u00f3n de cuentas, como lo hacen con casi todos los mortales.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El problema es, en \u00faltimo t\u00e9rmino, filos\u00f3fico. Se trata de decidir qu\u00e9 tipo de esfera p\u00fablica queremos. \u00bfAceptamos que un pu\u00f1ado min\u00fasculo de empresas privadas, guiadas por incentivos comerciales y criterios nebulosos, definan los l\u00edmites de lo pensable y lo visible? \u00bfO reclamaremos una esfera en la que la moderaci\u00f3n sea un asunto de derechos, criterios transparentes y supervisi\u00f3n democr\u00e1tica? La respuesta no es una nostalgia idealizada de internet, sino una exigencia para recuperar mecanismos de deliberaci\u00f3n y responsabilidad que permitan que la libertad de expresi\u00f3n no sea s\u00f3lo un eslogan progre sino una pr\u00e1ctica efectiva que tenga alcance verdadero para todos.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Si las plataformas se proclaman paladines de la libre expresi\u00f3n, deber\u00e1n tambi\u00e9n aceptar las obligaciones que ello implica, a saber: explicitar criterios, proporcionar recursos reales de apelaci\u00f3n, someterse a auditor\u00edas p\u00fablicas y desvincular la polic\u00eda del pensamiento digital de los incentivos que premian lo aberrante. Sin esas condiciones, la declaraci\u00f3n de libertad ser\u00e1 s\u00f3lo una mera fachada mientras que la maquinaria seguir\u00e1 alimentando la visibilidad de lo escandaloso y devorar\u00e1 a quienes practican la palabra como cuidado, denuncia y remedio. Pues bien, queridos lectores, la verdadera libertad de expresi\u00f3n exige m\u00e1s que la posibilidad de publicar pavadas en una red social; requiere tambi\u00e9n el derecho a ser visibilizado, a ser escuchado y a participar en una esfera p\u00fablica que no est\u00e9 en venta. S\u00f3lo as\u00ed, dejar\u00e1n de florecer los censuradores rapaces bajo la m\u00e1scara de \u201cpluralistas\u201d.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresi\u00f3n vale poco Jos\u00e9 Luis Sampedro La promesa de las grandes plataformas digitales fue simple y seductora: restaurar la palabra p\u00fablica, democratizar la difusi\u00f3n, dar voz a quien antes carec\u00eda de tribuna. 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