{"id":453939,"date":"2025-10-15T06:00:30","date_gmt":"2025-10-15T10:00:30","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=453939"},"modified":"2025-10-15T12:09:03","modified_gmt":"2025-10-15T16:09:03","slug":"la-libertad-recuperada-no-devuelve-la-inocencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=453939","title":{"rendered":"La libertad recuperada no devuelve la inocencia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"right\"><strong><em>Por<span style=\"color: #ff0000;\"> Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"right\"><i>\u201cEl \u00fanico elemento de la filosof\u00eda de Jes\u00fas que fue revolucionario es el perd\u00f3n, y la \u00fanica acci\u00f3n que realiza es\u00a0hablar, arriesg\u00e1ndose a morir por ello\u201d<\/i><\/p>\n<p align=\"right\">Hannah Arendt, La condici\u00f3n humana<\/p>\n<p>La reciente liberaci\u00f3n de rehenes, la negociaci\u00f3n de una tregua, o la firma de cualquier tratado de paz tras un conflicto atroz, no representan la simple restituci\u00f3n del\u00a0<i>statu quo ante bellum<\/i>. No devuelven la inocencia a las v\u00edctimas ni la pureza a los espacios arrasados. Por el contrario, lo que ocurre es, en palabras de Arendt, una entrada distinta y ruidosa en el \u201cmundo\u201d, un segundo nacimiento que est\u00e1 marcado inexorablemente por el eco de lo vivido.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p>Este eco es bastante profundo: el trauma se inscribe no s\u00f3lo en la mente, sino en la corporalidad, en el silencio y en la manera de mirar a quienes se ama, pues, como advierte el psiquiatra Bessel van der Kolk,\u00a0<i>el trauma se almacena en el cuerpo, no s\u00f3lo en la memoria<\/i>. Esta afirmaci\u00f3n desnuda la tremenda falsedad de la dicotom\u00eda mente\/cuerpo, puesto que el horror deja surcos permanentes en la respiraci\u00f3n y en la orientaci\u00f3n espacial. En consecuencia, la tarea de dar sentido para quien vuelve del cautiverio se impone como una labor de alquimia, buscando transformar la materia bruta de la experiencia l\u00edmite en algo habitable sin traicionar la memoria. Al respecto, Viktor E. Frankl, quien supo escribir desde la experiencia del campo de concentraci\u00f3n, dej\u00f3 la pauta de una resistencia interior que no es una exhortaci\u00f3n a la superaci\u00f3n individual sin marco, sino a la constataci\u00f3n de que la voluntad puede ser sostenida por un proyecto:\u00a0<i>\u201cCuando ya no podemos cambiar una situaci\u00f3n, estamos desafiados a cambiarnos a nosotros mismos\u201d<\/i>\u00a0(Frankl, 1946\/2006, p. 120).<\/p>\n<p>Sin embargo, esta proeza individual no puede ser pensada fuera de su marco pol\u00edtico y social. Cuando el tejido comunitario que sostiene la vida ha sido destruido por la guerra, la experiencia de la v\u00edctima individual se cruza con la \u201cvida desnuda\u201d (<i>nuda vita<\/i>) de la poblaci\u00f3n civil. Esta condici\u00f3n, definida por Giorgio Agamben como aquella existencia despojada de todo atributo jur\u00eddico o pol\u00edtico, est\u00e1 expuesta a la violencia arbitraria (Agamben, 1995\/2013). As\u00ed pues, la persistencia de la vida en Gaza, bajo bombardeo constante durante dos a\u00f1os, no es la recuperaci\u00f3n del\u00a0<i>bios<\/i>\u00a0(la vida calificada y con sentido), sino la supervivencia brutal de la\u00a0<i>z\u00f6e<\/i>\u00a0(la mera vida biol\u00f3gica), una condici\u00f3n compartida, aunque asim\u00e9tricamente, con la persona reh\u00e9n, ya que ambos son sujetos de una violencia que los reduce a su m\u00ednima expresi\u00f3n biol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Por detr\u00e1s de este crudo an\u00e1lisis filos\u00f3fico de la condici\u00f3n de las v\u00edctimas, tanto rehenes israel\u00edes como civiles inocentes de Gaza, se encuentra en todo su esplendor el cinismo biopol\u00edtico y la vanidad de quienes ahora son, seg\u00fan los medios de comunicaci\u00f3n, los \u201cabanderados de la paz\u201d. Pensemos en la figura de un l\u00edder global, aclamado por la paz ahora, mientras que su gesti\u00f3n es la misma que ha permitido el horror sistem\u00e1tico, nos enfrenta directamente al cinismo estructural del poder posmoderno. Este espect\u00e1culo pol\u00edtico no es una contradicci\u00f3n moral accidental, sino la manifestaci\u00f3n de una biopol\u00edtica consciente y estrat\u00e9gicamente administrada, donde la vida y la muerte son objeto de un c\u00e1lculo de poder.<\/p>\n<p>Sobre este aspecto en particular, recordemos que Michel Foucault identific\u00f3 el cambio del poder soberano al biopoder, donde\u00a0<i>el viejo derecho de \u201chacer morir\u201d o de \u201cdejar vivir\u201d es sustituido por el poder de \u201chacer vivir\u201d y \u201cdejar morir\u201d<\/i>\u00a0(Foucault, 1976\/1990, p. 182). En el escenario de la crisis actual, el presidente norteamericano act\u00faa como el administrador supremo de este campo biopol\u00edtico. Por una parte, el consentimiento o la habilitaci\u00f3n de los bombardeos que arrasaron no s\u00f3lo con casi la totalidad de los edificios de Gaza, sino tambi\u00e9n con mujeres y ni\u00f1os que se encontraban morando all\u00ed, se traduce en el c\u00e1lculo del \u201cdejar morir\u201d a una poblaci\u00f3n en aras de un objetivo geopol\u00edtico funcional a los intereses de un pu\u00f1ado min\u00fasculo de degenerados. Por la otra, la negociaci\u00f3n y la liberaci\u00f3n de los rehenes se instrumentaliza como un acto de \u201chacer vivir\u201d a unos pocos, con el objetivo de asegurar el consenso pol\u00edtico interno, la imagen internacional y el estatus de \u201cpacificador\u201d.<\/p>\n<p>En esta dial\u00e9ctica macabra, muy propia de estos tiempos nefastos, el l\u00edder que exige abiertamente el Premio Nobel de la Paz ejemplifica la degradaci\u00f3n de la acci\u00f3n pol\u00edtica a una vanidad vacua que nos deja sin palabras. Al respecto, Arendt, en\u00a0<i>La condici\u00f3n humana<\/i>, argument\u00f3 que el actor pol\u00edtico busca la \u201cgrandeza\u201d y el reconocimiento p\u00fablico para contrarrestar la futilidad inherente a la acci\u00f3n humana (Arendt, 1958). Sin embargo, cuando este reconocimiento se busca tras haber coadyuvado a la devastaci\u00f3n masiva, la acci\u00f3n se convierte en una farsa c\u00ednica.<\/p>\n<p>El cinismo, en este contexto, no es s\u00f3lo la mentira, sino tambi\u00e9n la separaci\u00f3n consciente entre el discurso \u00e9tico de la paz y la pr\u00e1ctica funcional de la guerra. El galard\u00f3n de la paz, por lo tanto, no se busca como una culminaci\u00f3n de la justicia, sino como la m\u00e1xima condecoraci\u00f3n por una exitosa contabilidad de v\u00edctimas, donde la liberaci\u00f3n de unas pocas vidas vale m\u00e1s, en t\u00e9rminos de capital pol\u00edtico, que la inacci\u00f3n frente a la destrucci\u00f3n de miles. Este es el momento, amigos m\u00edos, en que la imagen de la paz eclipsa, de forma medi\u00e1tica y espectacular, la materialidad de la guerra real.<\/p>\n<p>Paralelamente, ante la limpieza \u00e9tnica calculada y el caradurismo pol\u00edtico, se alza rasposamente la voz de la diplomacia vaticana, pero \u00e9sta, a menudo, parece atrapada en una tibieza que privilegia la neutralidad sobre la intervenci\u00f3n moral decisiva. El Papa y sus pat\u00e9ticos emisarios han sido constantes en sus parroquiales llamados a la oraci\u00f3n y en sus clementes expresiones de dolor, actos cruciales que honran la dimensi\u00f3n espiritual y humanitaria del sufrimiento. Queda claro que lo que estamos explicitando aqu\u00ed es una cr\u00edtica directa que apunta a la carencia de una implicaci\u00f3n pol\u00edtica que rompa los muros del Vaticano y sus redes sociales.<\/p>\n<p>Cuando el horror es sistem\u00e1tico y las atrocidades son manifiestas, la diplomacia de la Santa Sede tiende a refugiarse en una equidistancia glacial, buscando mantener abiertos canales de di\u00e1logo con todas las partes, incluso a costa de la claridad moral. Esta actitud ya fue se\u00f1alada por el Consejo de la Asamblea de Rabinos de Italia al cuestionar la respuesta del Vaticano ante los ataques:\u00a0<i>\u201c\u00bfde qu\u00e9 han servido d\u00e9cadas de di\u00e1logo cristiano-jud\u00edo hablando de amistad y fraternidad si luego, en la realidad, cuando alguien intenta exterminar a los jud\u00edos, estos, en vez de recibir expresiones de cercan\u00eda y comprensi\u00f3n, reciben como respuesta acrobacias diplom\u00e1ticas, ejercicios de equilibrismo y una glacial distancia?\u201d<\/i>\u00a0<span lang=\"EN-US\">(Council of the Assembly of Rabbis of Italy, citado en Jewish-Christian Relations, 2024).\u00a0<\/span>Y mejor no\u00a0\u00a0hablemos de la pat\u00e9tica quietud que se mostr\u00f3 cuando Israel bombarde\u00f3 una Iglesia cat\u00f3lica en Gaza con ni\u00f1os refugiados en su interior.<\/p>\n<p>Esta \u201ccautela\u201d, lejos de ser prudencia evang\u00e9lica, corre el peligro de ser interpretada como un fracaso \u00e9tico-pol\u00edtico. Lo que se exige de un Sumo Pont\u00edfice en el escenario global no es s\u00f3lo la bendici\u00f3n y la s\u00faplica, sino una acci\u00f3n audaz que encarne la\u00a0<i>parrhes\u00eda<\/i>\u00a0(hablar con verdad y franqueza, incluso ante el peligro). Un Papa valiente deber\u00eda usar el capital simb\u00f3lico de la Sede Petrina no s\u00f3lo para rezar por la paz entre israel\u00edes y gazat\u00edes, sino tambi\u00e9n para interceder con firmeza por los miles de cristianos perseguidos en territorio de dominio isl\u00e1mico, donde la\u00a0<i>z\u00f6e<\/i>\u00a0(vida desnuda) es la condici\u00f3n permanente de las minor\u00edas religiosas. La prioridad de la diplomacia cat\u00f3lica debe ser menos el\u00a0<i>equilibrismo<\/i>\u00a0geopol\u00edtico y m\u00e1s el sacrificio activo por la dignidad de aquellos cuya vida est\u00e1 al margen de cualquier protecci\u00f3n estatal. La Iglesia, para ser la \u201cIglesia en salida\u201d que Francisco proclamaba, debe hacer de la intervenci\u00f3n activa por los m\u00e1rtires de hoy un eje visible y contundente de su pol\u00edtica exterior, abandonando la comodidad de la condena gen\u00e9rica por la lucha concreta y valiente por las minor\u00edas asediadas en las periferias.<\/p>\n<p>En este punto, es fundamental que entendamos las injerencias del perd\u00f3n y de la promesa, conceptos que funcionan de \u201cremedios\u201d arendtianos contra la idea de irreversibilidad. Para Arendt, la acci\u00f3n (capacidad humana de comenzar algo nuevo) es la esencia de la pol\u00edtica. No obstante, la acci\u00f3n es inherentemente peligrosa porque est\u00e1 marcada por dos defectos fatales: es \u201cirreversible\u201d (no se puede deshacer lo que se ha hecho) e impredecible (sus consecuencias exceden la intenci\u00f3n del actor). Frente a la fatalidad de la acci\u00f3n y su horror masivo, nuestra autora propone estos dos \u201cremedios\u201d que permiten a la humanidad continuar y volver a iniciar, en lugar de quedar atrapados en el ciclo del resentimiento. El \u201cperd\u00f3n\u201d y la \u201cpromesa\u201d act\u00faan como mecanismo de interrupci\u00f3n. Su filosof\u00eda lo resume indicando que\u00a0<i>el remedio es para la irreversibilidad, para la imposibilidad de \u2018deshacer\u2019 lo que ha sido hecho, es la facultad de perdonar. Y el remedio para la impredecibilidad, para ca\u00f3tica incertidumbre del futuro, es la facultad de prometer\u201d<\/i>\u00a0(Arendt, 1958, p. 237).<\/p>\n<p>El \u201cperd\u00f3n\u201d (<i>Verzeihen<\/i>) no es un mecanismo jur\u00eddico ni un olvido emocional, sino\u00a0\u00a0un acto profundamente pol\u00edtico cuya funci\u00f3n es liberar a ambos, ofensor y ofendido, de las consecuencias del acto. El perd\u00f3n interrumpe el ciclo de la venganza, la cual es una reacci\u00f3n sujeta a la necesidad y a la determinaci\u00f3n del pasado. Es, en definitiva, un acto de libertad que se niega a ser determinado por lo que ya pas\u00f3, perdonando a la persona (no al acto) para que pueda reingresar al mundo de la acci\u00f3n. En el contexto actual que venimos analizando, el cinismo del \u201cabanderado de la paz\u201d reside, precisamente, en que no se permite pedir perd\u00f3n, sino que se exige \u201calabanza\u201d. La vanidad del l\u00edder obstaculiza la irrupci\u00f3n del perd\u00f3n, ya que este presupone el reconocimiento del da\u00f1o y la falibilidad, cualidades que son incompatibles con la b\u00fasqueda de la gloria personal.<\/p>\n<p>El segundo remedio es la \u201cpromesa\u201d (<i>Versprechen<\/i>). Si el perd\u00f3n libera del pasado, la promesa doma la\u00a0impredecibilidad\u00a0del futuro. Es el acuerdo mutuo de un grupo de personas para actuar de una manera determinada, estableciendo \u201cislotes de certeza\u201d en el oc\u00e9ano ca\u00f3tico de la acci\u00f3n. Un acuerdo de paz o un alto el fuego solo tiene valor si es, esencialmente, un acto de prometer. Prometer, en el sentido arendtiano, significa construir una\u00a0red de relaciones estables\u00a0que haga posible la coexistencia. Por consiguiente, cuando el l\u00edder pol\u00edtico usa el acuerdo de paz como un trofeo de vanidad personal y no como la cimentaci\u00f3n de una\u00a0promesa rec\u00edproca\u00a0de seguridad y justicia, la paz se convierte en una simple\u00a0<i>tregua funcional<\/i>\u00a0dictada por la conveniencia biopol\u00edtica, desprovista de la capacidad de iniciar una nueva historia verdaderamente libre.<\/p>\n<p>La restituci\u00f3n de una vida tras el horror, y la posibilidad de que el perd\u00f3n y la promesa tengan arraigo, exige que existan ciertas condiciones materiales de justicia. La \u00e9tica es inseparable de la materialidad, y sobre este asunto en particular Martha Nussbaum desarroll\u00f3 el enfoque de las capacidades, mediante el cual afirma que\u00a0<i>la idea b\u00e1sica es que debemos preguntarnos: \u201c\u00bfqu\u00e9 son las personas realmente capaces de hacer y ser?\u201d<\/i>\u00a0(Nussbaum, 2004, p. 5). Es decir, sin un umbral m\u00ednimo de capacidades (salud, vivienda, seguridad material y pol\u00edtica), la exigencia de \u00abresiliencia\u00bb o la aspiraci\u00f3n al \u00absentido\u00bb son meras consolaciones ret\u00f3ricas.<\/p>\n<p>En este punto, la \u00e9tica del cuidado se vuelve un imperativo pr\u00e1ctico. Joan Tronto concibe el cuidado no como un sentimiento, sino como una actividad pol\u00edtica. Seg\u00fan ella,\u00a0<i>el cuidado es una actividad gen\u00e9rica que incluye todo lo que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro \u2018mundo\u2019 de modo que podamos vivir en \u00e9l lo mejor posible<\/i>\u00a0(Tronto, 1993, p. 103). Pues bien, el cinismo pol\u00edtico no s\u00f3lo inflige da\u00f1o, sino que se niega a cuidar las consecuencias de ese da\u00f1o. El imperativo \u00e9tico se materializa en la tarea de recomponer la coherencia social, creando las redes y las instituciones que permitan al individuo fracturado por el trauma reintegrarse a una comunidad que honre su dolor, y en exigir responsabilidad a los que quieren el Nobel de la paz, para que desciendan de su pedestal de gloria, reconozcan el da\u00f1o que permitieron y, de este modo, abran el espacio pol\u00edtico para que la promesa de futuro sea posible.<\/p>\n<p>Cierro, como siempre, haciendo preguntas. Si la vanidad del l\u00edder busca la gloria en la gesti\u00f3n del horror, y si el cinismo se niega a reconocer el da\u00f1o, surge la pregunta crucial: \u00bfc\u00f3mo puede la ciudadan\u00eda forzar la irrupci\u00f3n del perd\u00f3n y la promesa en la esfera p\u00fablica? Si el perd\u00f3n, seg\u00fan Arendt, debe ser otorgado a la persona y no al acto, y si el perd\u00f3n presupone el arrepentimiento, \u00bfes el perd\u00f3n posible cuando el actor pol\u00edtico (el l\u00edder) no solo no se arrepiente, sino que instrumentaliza su acci\u00f3n para obtener una condecoraci\u00f3n? \u00bfO el perd\u00f3n s\u00f3lo puede ser ejercido por las v\u00edctimas, dejando la responsabilidad pol\u00edtica de la justicia pendiente? Frente a la persistencia del trauma y la vida desnuda, \u00bfqu\u00e9 pr\u00e1cticas pol\u00edticas y qu\u00e9 lenguaje p\u00fablico se requieren para interrumpir el ciclo de violencia y evitar que la memoria del sufrimiento sea utilizada como mero combustible para nuevas guerras? Por \u00faltimo, si una paz surge de una contabilidad maquiav\u00e9lica entre vidas salvadas y vidas sacrificadas, basada en la biopol\u00edtica, \u00bfpuede tal acuerdo constituir una verdadera\u00a0promesa\u00a0para el futuro o es solo la pausa necesaria para que los actores pol\u00edticos se reposicionen antes de la pr\u00f3xima irreversible acci\u00f3n?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cEl \u00fanico elemento de la filosof\u00eda de Jes\u00fas que fue revolucionario es el perd\u00f3n, y la \u00fanica acci\u00f3n que realiza es\u00a0hablar, arriesg\u00e1ndose a morir por ello\u201d Hannah Arendt, La condici\u00f3n humana La reciente liberaci\u00f3n de rehenes, la negociaci\u00f3n de una tregua, o la firma de cualquier tratado de paz tras un conflicto [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":400513,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"class_list":{"0":"post-453939","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-opinion"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/453939","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=453939"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/453939\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":453940,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/453939\/revisions\/453940"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/400513"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=453939"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=453939"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=453939"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}