{"id":454234,"date":"2025-10-19T07:30:38","date_gmt":"2025-10-19T11:30:38","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=454234"},"modified":"2025-10-19T16:48:05","modified_gmt":"2025-10-19T20:48:05","slug":"la-madre-como-matriz-de-nuestro-ser","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=454234","title":{"rendered":"La \u201cMadre\u201d como matriz de nuestro ser"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\"><em>\u201cLos brazos de una madre son de ternura<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\"><em>y los ni\u00f1os duermen profundamente en ellos\u201d<\/em><br \/>\n<em>Victor Hugo<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Este domingo 19 de octubre festejamos en Argentina el d\u00eda de la madre, un reconocimiento que si bien est\u00e1 anclado en la dimensi\u00f3n afectiva y familiar, nos invita a una meditaci\u00f3n m\u00e1s profunda sobre la importancia ontol\u00f3gica y \u00e9tica del rol materno. La figura de la madre no puede ser confinada a una mera funci\u00f3n biol\u00f3gica-reproductiva o social, sino que debe ser entendida como una categor\u00eda fundamental en la constituci\u00f3n de la identidad humana y la emergencia de la moral. Es, en este v\u00ednculo primario, donde se inscribe la primera lecci\u00f3n de alteridad, la primera experiencia de dependencia absoluta y la manifestaci\u00f3n del amor incondicional como fuerza formativa.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Est\u00e1 claro que no somos nada sin nuestra madre; nuestra existencia es un testimonio palpable de su sacrificio y amor incondicional. Desde el momento de la concepci\u00f3n, cada uno de nosotros se convierte en \u201ccarne de su carne\u201d, lo que refleja la esencia de la relaci\u00f3n maternal. En palabras de\u00a0William Wordsworth,\u00a0<em>\u201cla madre es la fuente de nuestros d\u00edas\u201d<\/em>\u00a0(Wordsworth,\u00a0<em>Poems in Two Volumes<\/em>, 1807), una afirmaci\u00f3n que resuena con la profundidad de lo que significa ser humano. Este v\u00ednculo, tan intr\u00ednseco a nuestra identidad, se manifiesta no solo en la biolog\u00eda, sino en la experiencia diaria del cari\u00f1o, la educaci\u00f3n y la gu\u00eda.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">A medida que crecemos, el reconocimiento de este lazo se vuelve a\u00fan m\u00e1s pertinente. El fil\u00f3sofo Gabriel Marcel sosten\u00eda que el v\u00ednculo materno es una dimensi\u00f3n fundamental de la existencia, donde\u00a0<em>\u201cla creaci\u00f3n de un ser humano es una perpetua renovaci\u00f3n de la luz en el misterio de la vida\u201d<\/em>\u00a0(Marcel,\u00a0<em>La dignidad humana,<\/em>\u00a01964). Este v\u00ednculo se vuelve indisoluble, no s\u00f3lo en el plano estrictamente emocional, sino tambi\u00e9n en el ontol\u00f3gico y espiritual, donde las ense\u00f1anzas y experiencias de nuestras madres perduran a lo largo de nuestras vidas. A menudo, en la b\u00fasqueda de la individualidad y la superaci\u00f3n personal, nos olvidamos que nuestras ra\u00edces est\u00e1n profundamente ancladas en el amor y en el sacrificio materno, un hilo que teje la historia de nuestra existencia y nos conecta a lo sagrado, mientras nos recuerda en nuestros momentos de lucidez: nadie llega a s\u00f3lo a ning\u00fan lado\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Asimismo, el rol de la madre, al operar desde la entrega radical y el sacrificio constante, se erige como un arquetipo de la generosidad y el perd\u00f3n. Recordemos que el escritor y pensador V\u00edctor Hugo lo expres\u00f3 de manera conmovedora al afirmar que\u00a0<em>\u201clos brazos de una madre est\u00e1n hechos de ternura y los ni\u00f1os duermen profundamente en ellos\u201d<\/em>\u00a0(Hugo, s.f.). M\u00e1s que una met\u00e1fora sencilla o imagen po\u00e9tica, esto sugiere que el regazo materno es el primer lugar seguro del cosmos, el origen de la paz que el ser humano buscar\u00e1, consciente o inconscientemente, durante toda su vida. La fuerza que emana de esta figura trasciende las leyes puramente racionales o naturales, siendo una potencia transformadora que ampara la fragilidad.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Es innegable, tambi\u00e9n, que la figura materna, en su manifestaci\u00f3n como fuente de vida y refugio ha sido hist\u00f3ricamente investida de una profunda dimensi\u00f3n sacra. En el \u00e1mbito antropol\u00f3gico y religioso, este rol se proyecta en el arquetipo atemporal de la \u201cDiosa Madre\u201d o la \u201cGran Madre\u201d, principio generador que personifica a la Tierra (<em>Mater<\/em>) como origen de toda existencia. La Tierra y el Agua, en el pensamiento arcaico, eran consideradas el material primordial,\u00a0<em>\u201caquella que se penetra, aquella que se excava y que se diferencia simplemente por una resistencia mayor a la penetraci\u00f3n\u201d<\/em>\u00a0(Durand, 1981, p. 219). De esta matriz primordial surge la conexi\u00f3n ineludible entre lo femenino, la fecundidad y lo numinoso.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Particularmente, en el cristianismo, este aspecto sagrado alcanza su c\u00faspide y su singularidad en una figura de trascendencia ecum\u00e9nica, a saber, la Virgen Mar\u00eda. La teolog\u00eda sobre la madre de Jes\u00fas se funda en el dogma de la Encarnaci\u00f3n, para la tradici\u00f3n cristiana y especialmente la cat\u00f3lica, la cual le otorga el t\u00edtulo de Madre de Dios (<em>Theotokos<\/em>\u00a0en griego). No se trata de un t\u00edtulo honor\u00edfico, sino de una verdad dogm\u00e1tica que garantiza la identidad misma de Cristo: si Jes\u00fas es plenamente Dios y plenamente hombre, y Mar\u00eda es la madre de Jes\u00fas, ella es, verdaderamente, Madre de Dios. Este t\u00edtulo fue solemnemente definido por el Concilio de \u00c9feso en el a\u00f1o 431 d.C. para proteger la doble naturaleza de Cristo, refundando a quienes pretend\u00edan reducir a Mar\u00eda a ser s\u00f3lo la madre de su humanidad. Pues bien, el Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica sintetiza este misterio al afirmar que\u00a0<em>\u201cla Iglesia confiesa que Mar\u00eda es verdaderamente Madre de Dios (Theotokos). En efecto, Aquel que ella concibi\u00f3 como hombre por obra del Esp\u00edritu Santo y que se ha hecho verdaderamente su Hijo seg\u00fan la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda Persona de la Sant\u00edsima Trinidad\u201d<\/em>\u00a0(Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, n. 495).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Como habr\u00e1n podido apreciar, su rol no es pasivo en absoluto, sino un acto de fe y obediencia que revierte la desobediencia original. Recordemos tambi\u00e9n a San Ireneo de Lyon, Padre de la Iglesia, quien formul\u00f3 esta idea con claridad al establecer el paralelismo teol\u00f3gico:\u00a0<em>\u201cEl nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de Mar\u00eda. Lo que Eva at\u00f3 por su incredulidad, Mar\u00eda lo desat\u00f3 por su fe\u201d<\/em>\u00a0(Ireneo de Lyon,\u00a0<em>Adversus Haereses<\/em>, III, 22, 4).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Otro aspecto importante en este an\u00e1lisis es el valor que tiene la fortaleza de las madres. La maternidad de Mar\u00eda se extiende, sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 del gozo de la concepci\u00f3n hasta el extremo del dolor. Su figura se vuelve el arquetipo de la maternidad heroica al presenciar el sufrimiento y la muerte de su hijo. Esta dimensi\u00f3n, inmortalizada en la \u201cPiet\u00e0\u201d o la escena del\u00a0<em>Stabat Mater<\/em>\u00a0(la Madre dolorosa), trasciende lo teol\u00f3gico para ofrecer una reflexi\u00f3n profunda sobre la capacidad humana de la mujer para soportar dolores existencialmente insoportables.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Mar\u00eda, como tantas madres en la historia que han visto caer a sus hijos por la violencia, la enfermedad o la guerra, encarna la fuerza silenciosa que se mantiene en pie ante la aniquilaci\u00f3n. Sobre este t\u00f3pico en particular, el Papa San Juan Pablo II, meditando sobre este dolor en su enc\u00edclica\u00a0<em>Redemptoris Mater<\/em>, resalta la naturaleza \u00fanica de su calvario materno:\u00a0<em>\u201cPor medio de esta fe, que era en cierto modo la \u2018llave\u2019 de todo el misterio de la Anunciaci\u00f3n y de la Encarnaci\u00f3n, la Virgen&#8230; compart\u00eda la cruz de su Hijo, uni\u00e9ndose al sacrificio redentor que \u00e9l ofrec\u00eda\u201d<\/em>\u00a0(Juan Pablo II, 1987, n. 24).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La fortaleza de Mar\u00eda no reside en una inmunidad al sufrimiento, sino en su capacidad de dotar de sentido al dolor a trav\u00e9s de su fe y amor inquebrantable. Esta cualidad es, en su esencia filos\u00f3fica, un testimonio del hero\u00edsmo cotidiano que yace en el coraz\u00f3n de la maternidad: la capacidad de amar y nutrir la vida, incluso cuando esa vida est\u00e1 amenazada o se desvanece, transformando el sufrimiento m\u00e1s \u00edntimo en un acto de suprema dignidad y resistencia \u00e9tica.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Tampoco podemos olvidar que la ternura de la maternidad se despliega siempre como un acto de resistencia y creaci\u00f3n que va m\u00e1s all\u00e1 de la biolog\u00eda, enraizandose en un profundo compromiso afectivo. Como sostuvo la fil\u00f3sofa Simone Weil,\u00a0<em>\u201cla verdadera fuerza es el amor\u201d<\/em>\u00a0(Weil, \u201cLa gravedad y la gracia\u201d, 1949), lo que sugiere que la maternidad, en su esencia, es una manifestaci\u00f3n del amor que nutre y transforma tanto a la madre como al hijo. Esta relaci\u00f3n se fundamenta en la experiencia del cuidado, que se convierte en un locus de desarrollo \u00e9tico y emocional. Por su parte, Sara Ruddick describi\u00f3 el trabajo materno como\u00a0<em>\u201cuna pr\u00e1ctica que exige reflexi\u00f3n y vitalidad\u201d<\/em>\u00a0(Ruddick,\u00a0<em>Maternal Thinking: Toward a Politics of Peace,<\/em>\u00a01989, p. 2), donde la ternura se manifiesta en cada acto de atenci\u00f3n y dedicaci\u00f3n. En este sentido, la maternidad es un \u201cespacio sagrado\u201d de experiencia compartida, como sugiere el te\u00f3logo Henri Nouwen, para quien\u00a0<em>\u201cla maternidad es un lugar de encuentro donde el amor se convierte en vida\u201d<\/em>\u00a0(Nouwen,\u00a0<em>Life of the Beloved: Spiritual Living in a Secular World,<\/em>\u00a01999). Esta dualidad de la maternidad, entre la ternura y el desaf\u00edo, nos invita a repensar nuestras interacciones y v\u00ednculos, convirtiendo el hogar en un microcosmos de la \u00e9tica del cuidado y el amor.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La meditaci\u00f3n sobre el rol materno en clave filos\u00f3fica y sagrada no debe culminar en una celebraci\u00f3n acr\u00edtica o en una simple apolog\u00eda, sino que debe abrir un espacio para la reflexi\u00f3n cr\u00edtica y la interrogaci\u00f3n radical de nuestras categor\u00edas conceptuales.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La tradici\u00f3n filos\u00f3fica occidental se ha construido hist\u00f3ricamente sobre el primado del\u00a0<em>\u201cLogos\u201d<\/em>, privilegiando la raz\u00f3n abstracta y desencarnada por encima de la experiencia sensible y corporal, relegando la \u00e9tica del cuidado a un segundo plano. Surge entonces aqu\u00ed una pregunta fundamental: si la vida humana se constituye en la vulnerabilidad y la interdependencia radical- hechos ineludibles de la experiencia materna-, \u00bfde qu\u00e9 modo una genuina \u201cfilosof\u00eda de la matriz\u201d o del cuidado puede transformar nuestras categor\u00edas ontol\u00f3gicas, situando estos elementos esenciales en el centro mismo de la verdad existencial, y no meramente como accesorios de la raz\u00f3n?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El debate sobre la maternidad alcanza su punto m\u00e1s \u00e1lgido en la postmodernidad, un tiempo marcado por la primac\u00eda del individuo y el imperativo de la autorrealizaci\u00f3n personal. En este contexto, ha emergido una poderosa corriente ideol\u00f3gica, a menudo asociada a ciertas \u201cagendas de empoderamiento\u201d, que reduce la maternidad a una carga biol\u00f3gica o una esclavitud social que impide la trascendencia. Beauvoir, con su cr\u00edtica a la mujer como \u201cel Otro\u201d, sent\u00f3 las bases para esta visi\u00f3n al argumentar que el embarazo es una\u00a0<em>\u201cservidumbre de la especie\u201d<\/em>, una experiencia que\u00a0<em>\u201cencadena a la mujer a su cuerpo\u201d<\/em>\u00a0(Beauvoir, 1949, p. 556). Esta perspectiva, que ve la renuncia y el cuidado como una limitaci\u00f3n a la libertad individual, ha llevado a muchas a experimentar la vocaci\u00f3n materna como un obst\u00e1culo a la realizaci\u00f3n profesional y ego\u00edsta.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La figura de la mujer posmo-empoderada, con frecuencia ataviada en la ilusi\u00f3n del \u00e9xito y la autonom\u00eda individual, se asemeja a una actriz en un escenario vac\u00edo, donde cada aplauso es ef\u00edmero y cada logro, una mera acumulaci\u00f3n precaria de bienes perecederos. En su af\u00e1n por el reconocimiento, muchos ven la maternidad como una cadena que les impide disfrutar de \u201clo mejor\u201d de la vida- el lujo, los viajes y las experiencias mundanas- ignorando que estas aparentes victorias son, en \u00faltima instancia, transitorias y vulnerables a la muerte. Martin Heidegger\u00a0nos advierte sobre el peligro de una existencia superficial que evade la pregunta del ser y de lo que trasciende; en su obra, se nos recuerda que\u00a0<em>\u201cla muerte nos confronta con la esencia de lo que somos\u201d<\/em>\u00a0(Heidegger,\u00a0<em>Ser y tiempo<\/em>\u00a01927). En contraste, el acto de ser madre sienta las bases para una conexi\u00f3n profunda y duradera, trascendiendo los caprichos mundanos. Como escribe la autora bell hooks,\u00a0<em>\u201cla maternidad recrea la vida en un contexto \u00e9tico y espiritual\u201d<\/em>\u00a0(hooks, 2002,\u00a0<em>The Will to Change: Men, Masculinity, and Love<\/em>\u00a0p. 134), sugiriendo que el legado que dejamos a trav\u00e9s de nuestros hijos perdura m\u00e1s all\u00e1 de nuestras propias limitaciones temporales. As\u00ed, la maternidad no se presenta como una renuncia o una esclavitud, sino como la \u00fanica certeza de trascendencia que contrarresta la fugacidad de la vida posmoderna.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Frente a esta visi\u00f3n que etiqueta el don de la vida como una condena, se levanta la voz de quienes reafirman la dignidad intr\u00ednseca y la potencia \u00e9tica de la maternidad como contribuci\u00f3n insustituible a la humanidad. En esta l\u00ednea, San Juan Pablo II, en su Carta Apost\u00f3lica\u00a0<em>Mulieris Dignitatem<\/em>, remarca que la feminidad se realiza plenamente en el don de s\u00ed, un concepto que la madre encarna de manera paradigm\u00e1tica. \u00c9l afirmaba all\u00ed que\u00a0<em>\u201cla maternidad es una verdad y una tarea que concierne a la persona de la mujer en su totalidad, de su ser y de su misi\u00f3n\u201c<\/em>(Juan Pablo II, 1988, n. 18). Aqu\u00ed, el debate filos\u00f3fico se centra, por tanto, en el dilema \u00e9tico fundamental: \u00bfes el\u00a0<em>ser-para-s\u00ed<\/em>\u00a0(la autorrealizaci\u00f3n individualista) el \u00fanico horizonte de la libertad, o se encuentra la plenitud m\u00e1s aut\u00e9ntica en el\u00a0<em>ser-para-otro<\/em>\u00a0(la entrega vital generosa) que define y ennoblece el acto de la madre?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Finalmente, en la era posmoderna, marcada por la biotecnolog\u00eda y la subrogaci\u00f3n, se presenta un dilema ontol\u00f3gico sin precedentes: la funci\u00f3n biol\u00f3gica (gestaci\u00f3n), la funci\u00f3n gen\u00e9tica y la funci\u00f3n social (cuidado) de la madre pueden ser separadas y distribuidas entre diferentes sujetos. Ante esta fragmentaci\u00f3n tecnol\u00f3gica de la matriz, la reflexi\u00f3n se torna ineludible cuando nos preguntamos \u00bfqu\u00e9 constituye la esencia irrenunciable del v\u00ednculo materno? \u00bfRadica su sustancia en la gestaci\u00f3n biol\u00f3gica, en el acto consciente del cuidado, en la intencionalidad del proyecto de vida, o en la mera fuerza del amor incondicional? La respuesta a este dilema es crucial, pues impacta directamente en la concepci\u00f3n filos\u00f3fica de la identidad, la filiaci\u00f3n y el destino del ser humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cLos brazos de una madre son de ternura y los ni\u00f1os duermen profundamente en ellos\u201d Victor Hugo Este domingo 19 de octubre festejamos en Argentina el d\u00eda de la madre, un reconocimiento que si bien est\u00e1 anclado en la dimensi\u00f3n afectiva y familiar, nos invita a una meditaci\u00f3n m\u00e1s profunda sobre la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":454235,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"class_list":{"0":"post-454234","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-opinion"},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/454234","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=454234"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/454234\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":454236,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/454234\/revisions\/454236"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/454235"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=454234"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=454234"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=454234"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}