{"id":455113,"date":"2025-11-01T06:33:04","date_gmt":"2025-11-01T10:33:04","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=455113"},"modified":"2025-11-01T16:21:15","modified_gmt":"2025-11-01T20:21:15","slug":"analizando-la-brecha-entre-la-ciudadania-y-el-poder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=455113","title":{"rendered":"Analizando la brecha entre la ciudadan\u00eda y el poder"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\"><em>\u201cLa acci\u00f3n pol\u00edtica requiere de un &#8216;espacio de aparici\u00f3n&#8217; donde los individuos pueden influir en la esfera p\u00fablica\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\">Arendt, H. (1958).\u00a0<em>La condici\u00f3n humana<\/em>.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La tradici\u00f3n del pensamiento pol\u00edtico, desde sus albores en la\u00a0<em>polis<\/em>\u00a0griega, ha estado obsesionada con una pregunta que persiste en el coraz\u00f3n de nuestras democracias contempor\u00e1neas: \u00bfpor qu\u00e9 la gran mayor\u00eda de los hombres y mujeres comunes, aquellos que sostienen la estructura productiva y social, se encuentran sistem\u00e1ticamente excluidos de los niveles m\u00e1s altos de la administraci\u00f3n estatal? La disparidad entre el pueblo y la \u00e9lite gobernante no puede ser reducida a la narrativa simplista de una \u201cconspiraci\u00f3n de casta\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Es, en rigor, el resultado de una compleja amalgama de factores estructurales, psicol\u00f3gicos y morales que, aunque a veces culminan en la corrupci\u00f3n manifiesta, revelan limitaciones profundas inherentes tanto a la naturaleza humana como al dise\u00f1o de las instituciones que deber\u00edan contenerla. Pues bien, amigos m\u00edos, hoy los invito a explorar las ra\u00edces de este vac\u00edo, zambull\u00e9ndonos en los mecanismos te\u00f3ricos que lo explican y en la corrosi\u00f3n \u00e9tica que lo perpet\u00faa.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El distanciamiento comienza con la arquitectura misma del poder. En 1911, Robert Michels, a trav\u00e9s de su obra fundacional titulada \u201cLos partidos pol\u00edticos\u201d, enunci\u00f3 la \u201cley de hierro de la oligarqu\u00eda\u201d. Nuestro autor sosten\u00eda que, ineludiblemente, cualquier organizaci\u00f3n de gran escala, incluso aquellas nacidas de la m\u00e1s ferviente vocaci\u00f3n democr\u00e1tica, debe desarrollar una burocracia t\u00e9cnica y directiva para funcionar.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta necesidad pr\u00e1ctica de gesti\u00f3n profesionaliza a los l\u00edderes, quienes eventualmente se separan de la base, buscando perpetuarse, creando una \u00e9lite que se autorrefuerza. La complejidad de las democracias modernas, con sus estructuras partidarias, sus requerimientos financieros y sus sofisticados canales de comunicaci\u00f3n, opera como un filtro implacable que favorece al profesional de la pol\u00edtica, excluyendo a la mayor\u00eda que carece del tiempo, el capital o la habilidad de chupar medias para navegar en dicha arena.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Asimismo, este mecanismo estructural se ve legitimado por el discurso de la meritocracia, elogiado en la ret\u00f3rica oficial como el garante de la igualdad de oportunidades. Sin embargo, la meritocracia funciona a menudo como un sofisticado velo que disimula la reproducci\u00f3n del privilegio. Tal como anticip\u00f3 Michael Young en \u201cThe rise of the meritocracy\u201d (1958), un sistema que promete justicia puede degenerar f\u00e1cilmente en una\u00a0<em>\u201cnueva aristocracia basada en la educaci\u00f3n y el capital cultural\u201d<\/em>. La selecci\u00f3n de cuadros pol\u00edticos, en la pr\u00e1ctica, prioriza la experiencia en redes de influencia, la pericia en la negociaci\u00f3n de \u00e9lite y la destreza para moverse en las reglas no escritas del juego, actuando como barreras insalvables para la clase trabajadora que no posee dichas credenciales ni el capital social para adquirirlas.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ahora bien, este vac\u00edo no es solo un problema de acceso estructural, sino tambi\u00e9n una profunda crisis de la relaci\u00f3n \u00e9tica y psicol\u00f3gica del individuo con el Estado. La filosof\u00eda pol\u00edtica encuentra la ra\u00edz del distanciamiento en la alienaci\u00f3n. Recordemos que Karl Marx describi\u00f3 esta condici\u00f3n como la\u00a0<em>\u201cfalta de reconocimiento de la propia actividad en los productos sociales\u201d<\/em>\u00a0(Marx &amp; Engels, 1848). En definitiva, el ciudadano com\u00fan percibe hoy que la pol\u00edtica, como producto de su esfuerzo y de su vida en comunidad, no le pertenece, puesto que se siente ajeno y traicionado por un \u00e1mbito que considera \u201csucio\u201d y distante de las realidades de la desigualdad cotidiana.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta alienaci\u00f3n se agrava por el vaciamiento de sentido del espacio p\u00fablico. Al respecto, Hannah Arendt enfatiz\u00f3 en su obra \u201cLa condici\u00f3n humana\u201d (1958) que la pol\u00edtica es la esfera de la \u201cacci\u00f3n\u201d, intr\u00ednseca a un \u201cespacio de aparici\u00f3n\u201d donde los individuos se manifiestan y ejercen influencia. Pero la moderna tecnificaci\u00f3n de la gesti\u00f3n y la delegaci\u00f3n de decisiones en comit\u00e9s t\u00e9cnicos- fen\u00f3meno bien analizado por la ciencia pol\u00edtica- han reducido dr\u00e1sticamente este espacio. El ciudadano queda relegado a la pasividad del voto peri\u00f3dico, disminuyendo su sentido de eficacia hasta convencerlo de que debe callar. Si el \u00e1mbito p\u00fablico no permite la acci\u00f3n, la \u00fanica respuesta racional del ciudadano desenga\u00f1ado es la resistencia pasiva o la apat\u00eda, lo que cimienta una cultura del desinter\u00e9s que favorece a la minor\u00eda ya instalada.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Por su parte, la sociolog\u00eda de la cultura a\u00f1ade una capa que es crucial: Pierre Bourdieu, en su obra \u201cLa distinci\u00f3n: criterio y bases sociales del gusto\u201d (1979), nos leg\u00f3 el concepto de \u201ccapital cultural\u201d. Las clases dominantes reproducen su posici\u00f3n transmitiendo c\u00f3digos, lenguajes y saberes que no son accesibles a la mayor\u00eda. La pol\u00edtica, por lo tanto, no s\u00f3lo exige enormes recursos econ\u00f3micos, sino tambi\u00e9n un tipo espec\u00edfico de capital cultural que refuerza la narrativa de que el \u00e1mbito p\u00fablico no es para cualquier ciudadanos de a pie, consolidando as\u00ed la autoexclusi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La brecha entre la ciudadan\u00eda y el poder se convierte en un c\u00edrculo vicioso que se autoalimenta con combustible moral. La percepci\u00f3n de la pol\u00edtica como un \u00e1mbito reservado a los s\u00e1trapas y corruptos provoca el repliegue \u00e9tico de aquellos individuos que poseen capital moral y social, neg\u00e1ndose a participar en una arena que consideran t\u00f3xica y peligrosa. Es la gente de bien, la que cumple con sus obligaciones, la que se auto-excluye.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Este abandono moral por sostener el \u201cespacio de aparici\u00f3n\u201d pavimenta el camino para la perpetuaci\u00f3n de la \u00e9lite que se critica a diario. El vac\u00edo dejado por el ciudadano desenga\u00f1ado, es ocupado de inmediato por la l\u00f3gica patrimonial del poder, descrita por Max Weber (1922), donde el dominio de la autoridad tradicional se basa en la lealtad personal y no en la competencia t\u00e9cnica. Los l\u00edderes establecen c\u00edrculos de confianza incondicional, donde la corrupci\u00f3n se vuelve un mecanismo de supervivencia pol\u00edtica para asegurar la cohesi\u00f3n del grupo gobernante. Ir\u00f3nicamente, la exclusi\u00f3n moral y la alienaci\u00f3n ciudadana terminan por reforzar la \u201cley de hierro de la oligarqu\u00eda\u201d\u00a0(Michels, 1911), confirmando la profec\u00eda inicial que llev\u00f3 a la retirada de los hombres y mujeres comunes. La no-participaci\u00f3n se erige, entonces, como el mecanismo m\u00e1s eficaz para la autorregulaci\u00f3n y supervivencia de la \u00e9lite.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La fractura de este circulo vicioso exige la movilizaci\u00f3n de la voluntad colectiva, una voluntad que no va a surgir por s\u00ed sola, sino que debe ser cultivada. Aqu\u00ed reside el rol fundamental de la educaci\u00f3n c\u00edvica, entendida no como la simple instrucci\u00f3n pasiva y de p\u00e9sima calidad sobre leyes y\u00a0 fechas hist\u00f3ricas, sino como una pedagog\u00eda cr\u00edtica de la\u00a0<em>polis<\/em>. En este punto, no es casual que cualquier profesional con t\u00edtulo habilitante, ll\u00e1mese profesor en ciencias de la educaci\u00f3n o abogado, pueda dictar en los colegios una materia tan crucial como formaci\u00f3n \u00e9tica y ciudadana.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La participaci\u00f3n pol\u00edtica, para ser efectiva, debe estar informada por un profundo sentido de la justicia. Este sentido no es innato, sino que debe ser cultivado mediante la reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre los principios que rigen la sociedad. Sobre este asunto en particular, John Rawls, en su obra \u201cTeor\u00eda de la justicia\u201d (1971), enfatiz\u00f3 que un sistema justo requiere que los ciudadanos desarrollen un \u201csentido de la justicia\u201d que motive la obediencia a las instituciones equitativas, pero tambi\u00e9n la cr\u00edtica informada cuando \u00e9stas fallan.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Por lo tanto, la educaci\u00f3n c\u00edvica es el veh\u00edculo para dotar a los ciudadanos de las herramientas para reconocer y recuperar el \u201cespacio de aparici\u00f3n\u201d de Arendt. Un sistema educativo serio debe ense\u00f1ar a actuar pol\u00edticamente, no s\u00f3lo a votar, puesto que debe desmitificar los c\u00f3digos culturales que usa la \u00e9lite (Bourdieu), y debe empoderar al individuo para que reconozca su propia actividad en los productos sociales (Marx). Una ciudadan\u00eda formada es la \u00fanica barrera real contra la consolidaci\u00f3n de \u201ccastas\u201d, pues s\u00f3lo ella puede revertir la alienaci\u00f3n y transformar la resistencia pasiva en acci\u00f3n pol\u00edtica consciente y bien dirigida.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Tampoco podemos dejar de lado el asunto del mecanismo de la corrupci\u00f3n y el nombramiento \u201ca dedo\u201d, que se consolidan como transgresiones directas a la base \u00e9tica de la democracia. Al operar sobre la lealtad y el clientelismo, estos actos se convierten en una desigualdad estructural que garantiza la exclusi\u00f3n de la clase trabajadora, violando el principio de \u201cigualdad de oportunidades\u201d que Rawls defendi\u00f3 como un pilar de la justicia social.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Es necesario decirlo sin tapujos: la corrupci\u00f3n no es un exceso, sino una falla inherente al dise\u00f1o que prioriza las relaciones personales sobre el m\u00e9rito transparente. El acceso a cargos gubernamentales est\u00e1 fuertemente vinculado a las redes clientelares y a la capacidad de financiar campa\u00f1as, elementos que escapan al alcance de la mayor\u00eda. Al socavar la fe en la posibilidad de ascenso por eficacia, el sistema pol\u00edtico genera una profunda desesperanza mientras que valida la percepci\u00f3n de que la esfera p\u00fablica es un coto privado, alimentando el c\u00edrculo vicioso de la apat\u00eda de los buenos ciudadanos.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La falaz narrativa de la meritocracia persiste como una capa de legitimaci\u00f3n, manteniendo viva la falsa esperanza de que el esfuerzo individual sea el \u00fanico factor determinante. No obstante, una cr\u00edtica filos\u00f3fica honesta nos exige complejizar esta percepci\u00f3n. La existencia innegable de pol\u00edticos comprometidos y honestos coexiste con la de los corruptos, revelando que los sistemas pol\u00edticos son escenarios de una \u201ccomplejidad\u201d donde se mezclan motivaciones altruistas y ego\u00edstas, y no s\u00f3lo la maldad.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ante este panorama de exclusi\u00f3n sist\u00e9mica, la filosof\u00eda no ofrece f\u00f3rmulas m\u00e1gicas, sino la obligatoriedad de interrogar lo que parece inmutable, abriendo el debate hacia la acci\u00f3n. En esta l\u00ednea, cabe cuestionar si una reforma institucional que garantice la rotaci\u00f3n peri\u00f3dica de cargos y una transparencia rigurosa en la selecci\u00f3n de funcionarios tendr\u00eda la fuerza suficiente para fracturar el n\u00facleo de la \u201cley de hierro de la oligarqu\u00eda\u201d. M\u00e1s a\u00fan, se hace imperativo explorar en qu\u00e9 medida una profunda y cr\u00edtica educaci\u00f3n c\u00edvica -una pedagog\u00eda de la\u00a0<em>polis<\/em>\u00a0dictada por fil\u00f3sofos-, junto con la creaci\u00f3n de nuevos espacios de participaci\u00f3n directa, podr\u00eda realmente contrarrestar la alienaci\u00f3n y devolver al ciudadano com\u00fan la capacidad efectiva de influir en la esfera p\u00fablica.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Finalmente, la reflexi\u00f3n m\u00e1s aguda nos lleva a inquirir: \u00bfes factible concebir un modelo de meritocracia que reconozca y valore el capital social y cultural de la clase trabajadora, sin que este se vea reducido, una vez m\u00e1s, a una simple herramienta de selecci\u00f3n elitista? Estas interrogantes no buscan la clausura del debate, sino abrir nuevas v\u00edas de pensamiento. La filosof\u00eda, al desafiar las certezas y exponer las tensiones internas de nuestras instituciones, nos recuerda que la b\u00fasqueda de una pol\u00edtica inclusiva es un proceso continuo, alimentado por la cr\u00edtica y la voluntad colectiva de transformar lo que hoy parece inmutable.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Referencias<\/p>\n<ul style=\"font-weight: 400;\">\n<li>Arendt, H. (1958).\u00a0<em>La condici\u00f3n humana<\/em>.\u00a0Barcelona: Editorial Cr\u00edtica.<\/li>\n<li>Bourdieu, P. (1979).\u00a0<em>La distinci\u00f3n: criterio y bases sociales del gusto<\/em>.\u00a0Barcelona: Editorial Gedisa.<\/li>\n<li>Marx, K., &amp; Engels, F. (1848).\u00a0<em>Manifiesto del Partido Comunista<\/em>.<\/li>\n<li>Michels, R. (1911).\u00a0<em>Los partidos pol\u00edticos<\/em>.\u00a0Leipzig: Duncker &amp; Humblot.<\/li>\n<li>Rawls, J. (1971).\u00a0<em>Teor\u00eda de la justicia<\/em>.\u00a0Madrid: Alianza Editorial.<\/li>\n<li>Weber, M. (1922).\u00a0<em>Econom\u00eda y sociedad<\/em>.\u00a0(J. H. H. Weiner, Trans.). M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/li>\n<li>Young, M. (1958).\u00a0<em>The Rise of the Meritocracy<\/em>. London: Penguin Books.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cLa acci\u00f3n pol\u00edtica requiere de un &#8216;espacio de aparici\u00f3n&#8217; donde los individuos pueden influir en la esfera p\u00fablica\u201d Arendt, H. (1958).\u00a0La condici\u00f3n humana. 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