{"id":457796,"date":"2025-12-16T05:00:31","date_gmt":"2025-12-16T10:00:31","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=457796"},"modified":"2025-12-16T17:53:46","modified_gmt":"2025-12-16T22:53:46","slug":"resistiendo-a-la-obsolescencia-de-los-afectos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=457796","title":{"rendered":"Resistiendo a la obsolescencia de los afectos"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong><em>\u201cVivimos en la \u00e9poca en que las promesas caducan m\u00e1s r\u00e1pido que los aparatos\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><strong>Bauman,\u00a0<\/strong><strong><em>Amor l\u00edquido<\/em><\/strong><strong>, 2003, p. 4.<\/strong><\/p>\n<p>Seguramente, alguna vez, habr\u00e1n escuchado el t\u00e9rmino \u201cobsolescencia programada\u201d, concepto forjado por el \u00e1mbito de la ingenier\u00eda y la producci\u00f3n industrial para definirla como la determinaci\u00f3n deliberada de una vida \u00fatil limitada para un producto, forzando su reemplazo prematuro. Este principio marca una ruptura hist\u00f3rica con el antiguo \u201cethos\u201d industrial, donde la excelencia resid\u00eda en la durabilidad y longevidad del objeto. Hoy, en cambio, la l\u00f3gica econ\u00f3mica impone un dise\u00f1o para la caducidad: todo se produce con una fecha de vencimiento preconcebida.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p>Esta idea trasciende su origen material para ofrecer una perspectiva heur\u00edstica potente. Su aplicaci\u00f3n al an\u00e1lisis de las relaciones humanas no se reduce a una analog\u00eda superficial sobre la fugacidad, sino que permite desvelar c\u00f3mo un conjunto de condiciones econ\u00f3micas, simb\u00f3licas y \u00e9ticas configuran activamente la expectativa de caducidad y reemplazo en la esfera \u00edntima, donde, de manera an\u00e1loga, la solidez y el compromiso ceden ante la provisionalidad.<\/p>\n<p>Las relaciones se han transfigurado en bienes utilitarios cuya validez se determina por su desempe\u00f1o inmediato, la gratificaci\u00f3n instant\u00e1nea o su alineamiento circunstancial con el proyecto de vida individual, generando una espiral de deseo insatisfecho y descarte prematuro. Este desplazamiento es inherente a formas de vida contempor\u00e1neas donde la fluidez, la provisionalidad y la flexibilidad no son meras caracter\u00edsticas, sino que se elevan a la categor\u00eda de virtudes adaptativas, aunque a un terrible costo emocional.<\/p>\n<p>Para comprender la estructura de esta fragilidad, resulta ineludible recurrir a la formulaci\u00f3n de la modernidad l\u00edquida propuesta por Zygmunt Bauman. El soci\u00f3logo polaco identifica c\u00f3mo el debilitamiento de las instituciones hist\u00f3ricas (la familia normativa, la comunidad estable) y de los c\u00f3digos morales duraderos ha dejado a los afectos desprotegidos ante las din\u00e1micas del mercado. En este contexto de disoluci\u00f3n, el lazo se erosiona, pasando de un compromiso \u00e9tico profundo a un simple contrato t\u00e1cito susceptible de cancelaci\u00f3n si las expectativas no se satisfacen.<\/p>\n<p>La liquidez que promete movilidad y adaptaci\u00f3n simult\u00e1neamente implica una corrosi\u00f3n de la forma, volviendo el afecto en un objeto vol\u00e1til, despojado de la densidad de lo duradero. La verdadera tragedia de esta liquidez no es la ausencia de v\u00ednculos, sino la angustia constante de su fragilidad, el saber \u00edntimo de que todo puede terminar sin aviso previo, sin causa profunda, s\u00f3lo por la emergencia de una \u201cmejor oferta\u201d o una menor fricci\u00f3n.<\/p>\n<p>En este contexto, la obsolescencia afectiva se consolida mediante la injerencia directa del capitalismo tard\u00edo en la psique y el \u201cethos\u201d relacional. Al respecto, Eva Illouz, con su concepto de \u201cCapitalismo emocional\u201d, mapea c\u00f3mo la econom\u00eda de mercado ha penetrado y racionalizado la esfera \u00edntima. La l\u00f3gica empresarial y la cultura terap\u00e9utica se han incrustado en los v\u00ednculos, obligando a los sujetos a ser \u201cgestores\u201d de sus emociones y a evaluar a las parejas bajo criterios de eficiencia, minimizaci\u00f3n de riesgos y maximizaci\u00f3n de beneficios. Concretamente, Illouz sostiene que\u00a0<em>\u201cel capitalismo reorganiz\u00f3 las culturas emotivas e hizo que el individuo econ\u00f3mico se volviera emocional y que las emociones se vincularan de manera m\u00e1s estrecha con la acci\u00f3n instrumental\u201d<\/em>\u00a0(Illouz, como se cita en Molteni, 2021, p. 78).<\/p>\n<p>La intimidad, antes refugio de lo incondicional, se convierte as\u00ed en un campo de inversi\u00f3n y riesgo, donde el \u201cfracaso\u201d de una relaci\u00f3n se percibe no como una p\u00e9rdida humana, sino como un mal c\u00e1lculo de mercado. Esto que acabamos de decir puede parecerles muy te\u00f3rico, pero les aseguro que en alg\u00fan momento de sus vidas han escuchado a alguien lamentarse por la insuficiente capacidad productiva y material de su pareja, como si ello implicara una tragedia existencial o una falla en la l\u00f3gica de la elecci\u00f3n de compa\u00f1\u00eda. Esta racionalizaci\u00f3n del sentimiento nos deja desarmados frente al dolor genuino, al exigirnos una compostura emocional que s\u00f3lo es compatible con la frialdad utilitaria.<\/p>\n<p>A esta racionalizaci\u00f3n se suma la cr\u00edtica eficaz de Byung-Chul Han a la sociedad del rendimiento. Desde su enfoque, nos explica que la exigencia de optimizaci\u00f3n y auto-explotaci\u00f3n instrumentaliza las relaciones, transform\u00e1ndolas en recursos para la productividad ps\u00edquica y la visibilidad social. El amor, bajo este esquema perverso, no puede ser una pausa reflexiva o un espacio de vulnerabilidad, sino un motor de autoafirmaci\u00f3n del yo. Bajo este imperativo, cualquier v\u00ednculo que demande una inversi\u00f3n temporal o un esfuerzo que no aporte un capital afectivo, material o simb\u00f3lico inmediato es percibido como un lastre, una disfunci\u00f3n que debe ser eliminada. El \u201cotro\u201d se convierte en un elemento funcional dentro de la narrativa del yo emprendedor. Pues bien, el precio de esta celeridad es la p\u00e9rdida de la profundidad y el asombro ante la alteridad, quedando atrapados en la tautolog\u00eda del yo y sus proyecciones caprichosas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, es necesario explicitar que la fragilidad no es s\u00f3lo una elecci\u00f3n, sino un reflejo de las condiciones materiales impuestas por la precariedad. Sobre este asunto en particular, Richard Sennett, al analizar \u201cla corrosi\u00f3n del car\u00e1cter\u201d, argument\u00f3 que la inestabilidad y la flexibilidad propias del nuevo capitalismo (trabajos de cort\u00edsimo plazo, reorganizaciones constantes) no se limitan al \u00e1mbito econ\u00f3mico, sino que carcomen la capacidad moral para sostener lazos estables. El sujeto precario, obligado a ser maleable y estar listo para el cambio constante, percibe el compromiso duradero con otro como una rigidez peligrosa, un anacronismo que hipoteca la propia adaptabilidad al mercado. Esta tensi\u00f3n entre la necesidad humana de arraigo y la exigencia sist\u00e9mica de desarraigo genera una fractura profunda en el \u201cyo\u201d, donde la lealtad y la continuidad son sacrificadas en el altar de la supervivencia econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Este proceso se intensifica en la posmodernidad, o hipermodernidad, definida por Gilles Lipovetsky como el triunfo del h\u00edper-individualismo hedonista. En este marco, la b\u00fasqueda de la autonom\u00eda y el bienestar individual se erige como un valor supremo que, si bien libera de antiguas coerciones, parad\u00f3jicamente genera una profunda ansiedad ante la falta de anclajes. El individuo, centrado en su propia realizaci\u00f3n, prioriza la satisfacci\u00f3n inmediata y la libre disposici\u00f3n de su tiempo y afecto, volviendo la renuncia y la paciencia- elementos intr\u00ednsecos del compromiso- cualidades obsoletas. La promesa de\u00a0disponibilidad perpetua que ofrecen las arquitecturas tecnol\u00f3gicas agrava esta condici\u00f3n, intensificando las comparaciones y la percepci\u00f3n de la propia y ajena reemplazabilidad. La paradoja es bastante cruel: se busca la felicidad a trav\u00e9s de la m\u00e1xima libertad, pero el resultado es una soledad l\u00edquida y la incapacidad de construir un mundo compartido.<\/p>\n<p>El punto m\u00e1s crudo y doloroso de esta moral del descarte se halla en la imagen de los hogares de ancianos, o residencias para mayores, que se han convertido en el dep\u00f3sito silencioso de aquello que la sociedad posmoderna etiqueta como \u201cinnecesario\u201d, \u201ccaduco\u201d, o simplemente \u201cineficiente\u201d. Estas instituciones se alzan como un testimonio mudo y punzante de la \u00e9tica de la provisionalidad: la vejez, al requerir compromiso, paciencia, cuidado y una inversi\u00f3n de tiempo sin retorno productivo, se convierte en la ant\u00edtesis del imperativo de rendimiento. El confinamiento de nuestros mayores es la met\u00e1fora \u00faltima y m\u00e1s cruel de la obsolescencia afectiva, donde el lazo familiar duradero se sustituye por un servicio profesional pagado. En algunos casos puntuales, representa una verg\u00fcenza moral de un sistema que, al valorar s\u00f3lo lo adaptable y lo productivo, ha encontrado un mecanismo para externalizar la obligaci\u00f3n m\u00e1s fundamental del cuidado humano, un acto que revela la cifra final del individualismo hedonista.<\/p>\n<p>Ahora bien, a esta densa cr\u00edtica sociol\u00f3gica y filos\u00f3fica, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica nos ofrece una perspectiva trascendente que eleva el debate \u00e9tico al plano de lo incondicional. La fragilidad de los v\u00ednculos, vista a trav\u00e9s del enfoque del pensamiento cristiano, por ejemplo, se revela como el s\u00edntoma de una profunda desorientaci\u00f3n antropol\u00f3gica: la reducci\u00f3n del amor a una emoci\u00f3n pasajera o a un c\u00e1lculo utilitario. En oposici\u00f3n radical a la l\u00f3gica del descarte y de la satisfacci\u00f3n inmediata, la teolog\u00eda de la caridad, magistralmente desarrollada por Benedicto XVI en su enc\u00edclica \u201cDeus Caritas Est\u201d (2005), postula el amor como \u201c\u00e1gape\u201d, es decir, una fuerza que demanda sacrificio, purificaci\u00f3n y, fundamentalmente, permanencia:\u00a0<em>\u201cEl amor necesita purificaci\u00f3n y maduraci\u00f3n, lo cual implica tambi\u00e9n el camino de la renuncia. [&#8230;] El amor se convierte en \u00e1gape precisamente en la medida en que el hombre, para el otro, no busca ya simplemente a s\u00ed mismo, sino que se preocupa por el bien del otro, dispuesto al sacrificio: la madurez del amor consiste en esto\u201d<\/em>\u00a0(Benedicto XVI, 2005, N. 6).<\/p>\n<p>Como podr\u00e1n apreciar, esta perspectiva sit\u00faa la madurez afectiva no en la capacidad de \u201creemplazar\u201d al otro de forma eficiente (l\u00f3gica de Lipovetsky), sino en la voluntad de \u201cpermanecer\u201d con el otro, incluso en la renuncia, trascendiendo el individualismo esclavo del placer personal. Desde esta \u00f3ptica, la \u00fanica respuesta a la obsolescencia programada no es la h\u00edper-adaptaci\u00f3n, sino la reafirmaci\u00f3n del valor inalienable de la persona y la vocaci\u00f3n al don total y duradero, rescatando el lazo del mero utilitarismo que lo condena a caducar.<\/p>\n<p>La verdadera reflexi\u00f3n cr\u00edtica emerge cuando confrontamos el vac\u00edo punzante que queda tras cada descarte, una grieta que el consumo incesante jam\u00e1s logra suturar. La tragedia final no es la rotura de un v\u00ednculo, sino la corrosi\u00f3n de la capacidad misma de vincularse con profundidad y autenticidad. La obsesi\u00f3n por la eficiencia emocional, ese mal c\u00e1lculo de mercado que hemos naturalizado, nos condena a una existencia donde la vulnerabilidad es vista como una falla t\u00e9cnica y la inversi\u00f3n de tiempo se percibe como una p\u00e9rdida de capital personal.<\/p>\n<p>El sujeto h\u00edper-adaptable, ese ideal promovido por la flexibilidad laboral, se encuentra al final de su jornada con un \u201cyo\u201d tan maleable que ya es incapaz de sostener la rigidez de una promesa \u00edntima. Ante la evidencia de que esta inestabilidad afectiva es el precio ps\u00edquico de la adaptabilidad exigida por el sistema, la pregunta m\u00e1s lacerante se impone: \u00bfqu\u00e9 queda del ser humano cuando se ha convertido en un bien de usar y tirar, dispuesto a la auto-explotaci\u00f3n y al descarte? La \u00fanica v\u00eda para la emancipaci\u00f3n de esta l\u00f3gica no es el retorno nost\u00e1lgico, sino la articulaci\u00f3n de una pol\u00edtica de la permanencia donde la paciencia, el compromiso y el cuidado rec\u00edproco sean actos de subversi\u00f3n radical contra la tiran\u00eda de lo instant\u00e1neo. En definitiva, queridos lectores, si no se lucha por la densidad de los afectos, \u00bfqui\u00e9n luchar\u00e1 por la densidad de nuestra propia vida?<\/p>\n<p>Referencias<\/p>\n<p>Bauman, Z. (2003).\u00a0<em>Amor l\u00edquido: Acerca de la fragilidad de los lazos humanos<\/em>. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica.<\/p>\n<p>Benedicto XVI. (2005).\u00a0<em>Deus Caritas Est<\/em>\u00a0(Carta Enc\u00edclica). Ciudad del Vaticano.<\/p>\n<p>Han, B.-C. (2014).\u00a0<em>La sociedad del cansancio<\/em>. Herder Editorial.<\/p>\n<p>Illouz, E. (2007).\u00a0<em>Intimidades congeladas: Las emociones en el capitalismo<\/em>. Katz Editores.<\/p>\n<p>Lipovetsky, G. (1983).\u00a0<em>La Era del Vac\u00edo: Ensayos sobre el individualismo contempor\u00e1neo<\/em>. Anagrama.<\/p>\n<p>Molteni, E. J. (2021). Capitalismo emocional: tensiones y solidaridades entre lo industrial y lo informacional.\u00a0<em>Revista Hipertextos<\/em>,\u00a0<em>9<\/em>(16), 77-97.<\/p>\n<p>Sennett, R. (1998).\u00a0<em>La corrosi\u00f3n del car\u00e1cter: Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo<\/em>. Anagrama.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cVivimos en la \u00e9poca en que las promesas caducan m\u00e1s r\u00e1pido que los aparatos\u201d Bauman,\u00a0Amor l\u00edquido, 2003, p. 4. 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