{"id":460472,"date":"2026-02-06T04:30:49","date_gmt":"2026-02-06T09:30:49","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=460472"},"modified":"2026-02-06T11:53:23","modified_gmt":"2026-02-06T16:53:23","slug":"vivir-mas-para-que-avizorando-una-longevidad-que-nos-deja-huerfanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=460472","title":{"rendered":"Vivir m\u00e1s, \u00bfpara qu\u00e9? Avizorando una longevidad que nos deja hu\u00e9rfanos"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Vivir m\u00e1s, \u00bfpara qu\u00e9? Avizorando una longevidad que nos deja hu\u00e9rfanos- Lisandro Prieto Femen\u00eda<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>\u201cLa soledad afectiva es un veneno lento: priva a la vida de su sentido y convierte los a\u00f1os en un insomnio prolongado\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Erik H. Erikson, 1982, p. 210<\/em><\/p>\n<p>La aspiraci\u00f3n contempor\u00e1nea de prolongar la vida confronta una tensi\u00f3n \u00e9tica y existencial cuando las redes de convivencia que sostienen sentido se deshacen. No se trata \u00fanicamente de una cuesti\u00f3n de salud p\u00fablica ni de una estad\u00edstica inquietante sino que es la articulaci\u00f3n misma de una pregunta antropol\u00f3gica: \u00bfqu\u00e9 valor tiene la duraci\u00f3n de la vida si carece de interlocuci\u00f3n? La biomedicina nos otorga a\u00f1os adicionales, pero si esos a\u00f1os se despliegan en un paisaje de soledad, la ganancia se transforma en anomal\u00eda significativa desde el punto de vista humano. La vida, m\u00e1s all\u00e1 de su extensi\u00f3n, exige resonancia intersubjetiva para desplegar su plenitud.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p>La evidencia emp\u00edrica que vincula las relaciones c\u00e1lidas con una mejor salud y mayor longevidad obliga a reconsiderar ciertas prioridades. Concretamente, el estudio longitudinal de Harvard sobre el desarrollo adulto, liderado por George Vaillant y continuado por Robert Waldinger, resume d\u00e9cadas de hallazgos que sostienen que\u00a0<i>\u201clas relaciones c\u00e1lidas y duraderas protegen contra enfermedades, mejoran el bienestar emocional y alargan la vida\u201d<\/i>\u00a0(Waldinger&amp;Schulz, 2010, p. 143).\u00a0 Esta afirmaci\u00f3n no es ret\u00f3rica: los mecanismos biol\u00f3gicos asociados al aislamiento social- elevaci\u00f3n del cortisol, inflamaci\u00f3n sist\u00e9mica, alteraciones del sue\u00f1o- se traducen en aumento de mortalidad y morbilidad. As\u00ed, la b\u00fasqueda de longevidad sin inversi\u00f3n relacional es una forma de progreso tecnocr\u00e1tico que pierde de vista la matriz social donde la vida humana adquiere sentido.<\/p>\n<p>Los informes recientes que hablan de una \u201crecesi\u00f3n de la amistad\u201d profundizan este diagn\u00f3stico en clave social. Investigaciones vinculadas a instituciones como Harvard indican que la proporci\u00f3n de adultos que reportan no tener amigos cercano se ha incrementado de manera sostenida y que comportamientos como almorzar y cenar en soledad han crecido r\u00e1pidamente en pocos a\u00f1os (Fuemmeler&amp;Bruckmann, 2025; MakingCaringCommon, 2024). Estos datos apuntan a transformaciones estructurales bien conocidas, a saber: movilidad geogr\u00e1fica, precariedad laboral, disminuci\u00f3n de espacios p\u00fablicos y una reconfiguraci\u00f3n cultural del tiempo libre que prioriza el trabajo y la presencia digital por sobre las interacciones presenciales. La investigaci\u00f3n a\u00f1ade matices a esta cuesti\u00f3n, puesto que m\u00e1s all\u00e1 de la cantidad de contactos, la carencia de relaciones de calidad incrementa la prevalencia de ansiedad, depresi\u00f3n y sensaci\u00f3n de falta de prop\u00f3sito, lo que equivale a un deterioro tanto moral como epidemiol\u00f3gico.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n biol\u00f3gica de la soledad, por su parte, reafirma la urgencia de transformar las prioridades. Estudios en psiconeuroinmunolog\u00eda muestran correlaciones entre el aislamiento social y marcadores inflamatorios, elevaci\u00f3n cr\u00f3nica del cortisol y peor pron\u00f3stico cardiovascular. En t\u00e9rminos comparativos, la soledad puede aumentar los riesgos de mortalidad en magnitudes comparables a factores de salud tradicionales. Si la medicina act\u00faa sobre \u00f3rganos y c\u00e9lulas sin considerar el entramado relacional, podr\u00e1 prolongar la vida pero tambi\u00e9n aumentar la proporci\u00f3n de a\u00f1os vividos con mala salud. Por ello, la \u00e9tica del cuidado se vuelve imprescindible: reconocer la interdependencia como constitutiva de la \u00abvida buena\u00bb y orientar pol\u00edticas p\u00fablicas en consecuencia.<\/p>\n<p>Frente a estos diagn\u00f3sticos biol\u00f3gicos y sociales, la filosof\u00eda ofrece herramientas conceptuales para comprender la gravedad del fen\u00f3meno. Por ejemplo Hannah Arendt afirm\u00f3 que la vida humana alcanza su visibilidad y su mundo compartido en la acci\u00f3n colectiva y en la interacci\u00f3n p\u00fablica, al sostener que\u00a0<i>\u201clo que es humano y digno de ser recordado emerge s\u00f3lo cuando los hombres aparecen unos ante otros y testimonian sus actos\u201d<\/i>\u00a0(Arendt, 1958\/2000, p. 52). Si la amistad y la familia se diluyen, se empobrece ese espacio de aparici\u00f3n y se reduce la posibilidad de constituir memorias comunes y juicios compartidos. La tecnolog\u00eda, que promete conexi\u00f3n, con frecuencia entrega sustitutos: comunicaciones instant\u00e1neas que no alcanzan la corporalidad ni la reciprocidad profunda necesarias para que la persona aparezca plenamente ante el otro.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la cultura posmoderna tiende a valorar la autonom\u00eda y la eficiencia, y a instrumentalizar el afecto. En sociedades que ensalzan la productividad y la flexibilidad, las relaciones suelen medirse por su utilidad material inmediata. Tal perspectiva induce una econom\u00eda afectiva que deval\u00faa la amistad profunda y la familia extensa cuando estas no aportan rendimiento evidente. Sin embargo, la amistad verdadera no es un insumo, sino una experiencia que transforma deseos, criterios y resistencias. Tal como lo plante\u00f3 oportunamente C. S. Lewis sobre la amistad, al afirmar que\u00a0<i>\u201cno es la fruta del intercambio; es un don que se funda en la constancia rec\u00edproca y en la aceptaci\u00f3n\u201d<\/i>\u00a0(Lewis, 1955\/1998, p. 78). De este modo, recuperar el sentido de las relaciones implica resistir una cultura que mercantiliza el tiempo \u00edntimo y exige, en cambio, una \u00e9tica de la presencia que reconozca la amistad y los lazos familiares como bienes finales, no meramente utilitarios.<\/p>\n<p>La pedagog\u00eda social tambi\u00e9n entra en este juego. Si las universidades deben impartir cursos sobre c\u00f3mo cultivar amistades, ello revela una carencia social que precisa intervenci\u00f3n institucional. S\u00ed, lamentablemente es cierto: existen cursos y programas ofrecidos por universidades o instituciones asociadas que se enfocan en desarrollar las habilidades sociales y, espec\u00edficamente, la capacidad de entablar y mantener amistades. Aunque quiz\u00e1s no sean \u201cc\u00e1tedras\u201d tradicionales en el sentido de una asignatura troncal dentro de un plan de estudios, muchas instituciones de educaci\u00f3n superior han reconocido la importancia del bienestar emocional y la conexi\u00f3n social de sus estudiantes.<\/p>\n<p>Ense\u00f1ar t\u00e9cnicas de sociabilidad no basta si no se transforman los marcos estructurales que atomizan la existencia: horarios laborales extensos, dispersi\u00f3n geogr\u00e1fica y precariedad econ\u00f3mica. M\u00e1s a\u00fan, la formalizaci\u00f3n acad\u00e9mica de la amistad pone de relieve que la adquisici\u00f3n de competencias interpersonales demanda pr\u00e1ctica intencional y comunidades que las sostengan. Recuperar la amistad exige, por tanto, tanto praxis social como pol\u00edticas p\u00fablicas que favorezcan la convivencia y el tiempo compartido.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed, la argumentaci\u00f3n se sostiene sobre evidencia emp\u00edrica. Sin embargo, la cr\u00edtica debe volverse m\u00e1s incisiva cuando observamos el estilo de vida posmoderno que potencia y, al mismo tiempo, normaliza el problema. La larga ampliaci\u00f3n de la vida humana choca con una cultura que celebra la fragmentaci\u00f3n como virtud y presenta la autonom\u00eda radical como logro moral.<\/p>\n<p>Bajo esa est\u00e9tica, la identidad se configura estrictamente por el consumo, redes y performances temporales mientras que la profundidad se mercantiliza y la promiscuidad relacional se confunde con libertad. El resultado de este c\u00f3ctel detestable, es una vida construida sobre superficies brillantes: perfiles que exhiben logros, amistades que funcionan como capital simb\u00f3lico y tiempos compartidos medidos en \u201clikes\u201d y apariciones ef\u00edmeras. Esta fachada de vida no es inocua: produce sujetos habituados a la gratificaci\u00f3n inmediata, a la relaci\u00f3n l\u00edquida, al lazo que no exige continuidad ni responsabilidad.<\/p>\n<p>Sobre este \u00faltimo aspecto, ZygmuntBauman diagnostic\u00f3 con agudeza esa fragilidad cuando describi\u00f3 la modernidad l\u00edquida: las conexiones humanas, seg\u00fan \u00e9l,\u00a0<i>\u201cse vuelven fr\u00e1giles porque la sociedad hace de la relaci\u00f3n una elecci\u00f3n permanente y reemplazable\u201d<\/i>\u00a0(Bauman, 2000\/2003, p. 76). Su cr\u00edtica es, por tanto, tanto descriptiva como normativa: describe la volatilidad relacional y advierte sobre sus costes para la cohesi\u00f3n social. Complementariamente, Byung-Chul Han denuncia c\u00f3mo la sociedad del rendimiento y la exposici\u00f3n permanente erosiona la capacidad de cuidado y de espera necesaria para la amistad: la constante optimizaci\u00f3n del propio brillo reduce la solidaridad y suprime la lentitud que permite la construcci\u00f3n de la confianza interpersonal real (Han, 2012\/2015, p. 34). En conjunto, estos diagn\u00f3sticos explican por qu\u00e9 las relaciones profundas declinan, no solamente porque la tecnolog\u00eda facilita conexiones superficiales, sino porque una racionalidad productiva convierte los afectos en recursos explotables y desechables.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica posmoderna puede ser incluso m\u00e1s \u00e1cida, puesto que la apolog\u00eda del individualismo absoluto sirve a intereses econ\u00f3micos y pol\u00edticos puntuales. El sujeto desarraigado es m\u00e1s manejable, menos proclive a realizar demandas colectivas y m\u00e1s disponible a formar parte de un mercado que exige la flexibilidad total. La soledad, entonces, no es s\u00f3lo efecto colateral cultural sino que puede funcionar como t\u00e9cnica de gobierno. Recuperar la amistad es, por tanto, tambi\u00e9n un gesto de resistencia pol\u00edtica, ya que reinstaurar las obligaciones mutuas, reconstruir los espacios de aparici\u00f3n y sostener las narrativas compartidas de sentido refundan el sentido de la existencia humana. No es casual que Robert Putnam nos haya advertido sobre la p\u00e9rdida del capital social, que erosiona la capacidad comunitaria para sostener los bienes comunes a todos. Hoy, esa erosi\u00f3n se acelera y se inserta en una econom\u00eda de la atenci\u00f3n que premia la visibilidad por sobre la fidelidad (Putnam, 2000\/2003, p. 22).<\/p>\n<p>Como mencionamos al pasar recientemente, la \u00e9tica del cuidado, de Carol Gilligan y sucesores, remarcan que la responsabilidad por el otro no es un rasgo secundario de la moralidad, sino su n\u00facleo potencialmente restaurador. En efecto, valorar la interdependencia no socava la autonom\u00eda madura, sino que la constituye. Por ende, pol\u00edticas de conciliaci\u00f3n laboral, dise\u00f1o urbano que propicie encuentros, inversi\u00f3n en espacios p\u00fablicos y prestaciones que alivien la carga del cuidado se presentan como medidas complementarias a los avances biom\u00e9dicos. Ense\u00f1ar a cultivar amistades en la universidad puede ser \u00fatil, pero sin condiciones estructurales que permitan pr\u00e1cticas relacionales sostenidas la lecci\u00f3n seguir\u00e1 siendo un parche.<\/p>\n<p>Asimismo, la dimensi\u00f3n narrativa del yo reclama cierta atenci\u00f3n. Erikson enfatiza que la integridad en la tercera edad depende de una biograf\u00eda reconocida por otros. Es decir, sin testigos, la vejez puede devenir en una soledad narrativa que niega el sentido retrospectivo (Erikson, 1982, p. 210). La medicina puede intervenir sobre el organismo, pero no restituir la memoria testificada por los otros. La celebraci\u00f3n de aniversarios, la transmisi\u00f3n intergeneracional de historias y la presencia en los momentos decisivos son pr\u00e1cticas que confieren sentido retrospectivo y que, por ello, deben ser objeto de pol\u00edticas y pr\u00e1cticas culturales que las sostengan.<\/p>\n<p>No obstante, la recuperaci\u00f3n de la amistad y de la familia exige una disposici\u00f3n pr\u00e1ctica: la lentitud relacional, la fidelidad y la disposici\u00f3n a la reparaci\u00f3n. Estas actitudes contrastan con la din\u00e1mica posmoderna de rendimiento y apariencia; por tanto, exigir\u00e1n cambios tanto personales como institucionales. En lo personal, implican priorizar la presencia sobre la gesti\u00f3n del tiempo instrumental; en lo institucional, demandan reorientar recursos y repensar prioridades p\u00fablicas para que la vida prolongada sea tambi\u00e9n vida compartida.<\/p>\n<p>La respuesta pol\u00edtica, por tanto, debe ser multidimensional: integrar la medicina con pol\u00edticas urbanas y laborales, con educaci\u00f3n relacional que no instrumentalice la amistad, y con sistemas sanitarios que traten la soledad como un determinante social de la salud. En otras palabras, la ampliaci\u00f3n de la vida corporal debe intersectarse con una pol\u00edtica del cuidado que haga posible la compa\u00f1\u00eda. De no hacerlo, la promesa de la longevidad se convertir\u00e1 en una conquista t\u00e9cnica que deja intactos los factores que empobrecen la existencia humana.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, queridos lectores, si la modernidad nos alarga la vida pero nos priva de compa\u00f1\u00eda, debemos replantear colectivamente qu\u00e9 significa el bien humano. \u00bfQu\u00e9 valor tiene una vida prolongada si no hay manos que sostengan los temblores, voces que recuerden el pasado, risas que celebren los logros, miradas que confirmen nuestra existencia? \u00bfAceptaremos la paradoja de la longevidad solitaria como inevitable, o resignificaremos nuestras instituciones para reconstituir redes de cuidado y amistad? La respuesta colectiva implicar\u00e1 decisiones pol\u00edticas que prioricen la presencia, re-imaginen espacios p\u00fablicos y educacionales, y traten la soledad como determinante tangible de salud. En lo personal quedar\u00e1 la pregunta inquietante: \u00bfqu\u00e9 estar\u00e9 dispuesto a sacrificar en nombre de la longevidad, y a qui\u00e9n buscar\u00e9 para que mis a\u00f1os cuenten como algo m\u00e1s que tiempo? \u00bfPodremos a\u00fan recuperar la costumbre de acompa\u00f1ar, o habremos naturalizado la soledad como precio inevitable del progreso? Finalmente, si la medicina puede curar el cuerpo, \u00bfser\u00e1 tambi\u00e9n capaz de curar la soledad del alma, o ese es un remedio que debemos inventar entre todos antes de llegar a la vejez?<\/p>\n<p>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p>Arendt, H. (2000). La condici\u00f3n humana (4.\u00aa ed.). Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 1958).<br \/>\nBauman, Z. (2003). Modernidad l\u00edquida. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. (Obra original publicada en 2000).<br \/>\n<span lang=\"EN-US\">Erikson, E. H. (1982). The life cycle completed. W. W. Norton. (Citado: Erikson, 1982, p. 210).<br \/>\nFuemmeler, B., &amp;Bruckmann, C. (2025). The Friendship Recession: The Lost Art of Connecting.\u00a0<\/span>Harvard Kennedy School \u2014 EvidenceforAction. Recuperado de\u00a0<a href=\"https:\/\/happiness.hks.harvard.edu\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/happiness.hks.harvard.edu&amp;source=gmail&amp;ust=1770482763830000&amp;usg=AOvVaw1zzR0ZdxeqdHSsVq-uteWb\">https:\/\/happiness.hks.harvard.<wbr \/>edu<\/a>\u00a0(informe, 28 de febrero de 2025).<br \/>\n<span lang=\"EN-US\">Gilligan, C. (1982). In a different voice: Psychological theory and women\u2019s development.\u00a0<\/span>Harvard UniversityPress.<br \/>\nHan, B.-C. (2015). La sociedad del cansancio. Herder. (Obra original publicada en 2012).<br \/>\nLewis, C. S. (1998). Los cuatro amores.\u00a0<span lang=\"EN-US\">Ediciones B. (Obra original publicada en 1955).<br \/>\nMaking Caring Common (Batanova, M.; Weissbourd, R.; McIntyre, J.)(2024). Loneliness in America.Harvard Graduate School of Education.<\/span>Recuperado de\u00a0<a href=\"https:\/\/mcc.gse.harvard.edu\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/mcc.gse.harvard.edu&amp;source=gmail&amp;ust=1770482763830000&amp;usg=AOvVaw2u3AHR0l-h9KEXtl7phjXP\">https:\/\/mcc.gse.harvard.edu<\/a>\u00a0(informe, 3 de octubre de 2024).<br \/>\n<span lang=\"EN-US\">Putnam, R. D. (2003). Bowling alone: The collapse and revival of American community.<\/span>Simon&amp;Schuster. (Obra original publicada en 2000).<br \/>\nWaldinger, R., &amp;Schulz, M. (2010). El estudio de desarrollo del adulto de Harvard: lecciones sobre salud y relaciones. En R. Waldinger (Ed.), Estudios longitudinales y bienestar: perspectivas sobre la vida adulta (pp. 137-158). Editorial Acad\u00e9mica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto Vivir m\u00e1s, \u00bfpara qu\u00e9? 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