{"id":462047,"date":"2026-03-04T06:21:48","date_gmt":"2026-03-04T11:21:48","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=462047"},"modified":"2026-03-04T15:23:03","modified_gmt":"2026-03-04T20:23:03","slug":"el-rugido-de-la-vulgaridad-como-liturgia-del-poder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=462047","title":{"rendered":"El rugido de la vulgaridad como liturgia del poder"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"right\"><strong><em>Por Lisandro Prieto<\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"right\"><i>\u201cLa verdad no teme al di\u00e1logo; quien la practica no necesita el insulto para sostenerse\u201d (Cortina, A., 1994,\u00a0<\/i><em>\u00c9tica m\u00ednima: para la vida cotidiana<\/em><i>, p. 27).<\/i><\/p>\n<p>La pol\u00edtica posmoderna exhibe en nuestros d\u00edas un fen\u00f3meno cuyo significado hist\u00f3rico exige una disecci\u00f3n rigurosa, extensa y cr\u00edtica: la conversi\u00f3n de la comunicaci\u00f3n p\u00fablica en un espect\u00e1culo sistem\u00e1tico de la ofensa. No se trata de un exabrupto accidental, un rasgo de personalidad o una simple falta de decoro, sino que esta transformaci\u00f3n revela una mutaci\u00f3n ontol\u00f3gica en la conducci\u00f3n del Estado y en la percepci\u00f3n de las instituciones p\u00fablicas. Al sustituir el argumento por la injuria y el debate por la descalificaci\u00f3n procaz, se ha instaurado una pr\u00e1ctica pol\u00edtica que instrumentaliza la vulgaridad como una t\u00e9cnica deliberada de dominaci\u00f3n. Este recurso tampoco es azaroso, sino que responde a las demandas de una sociedad totalmente rota que, en su hast\u00edo institucional y fatiga democr\u00e1tica, ha dejado de valorar la sensatez para premiar la contestaci\u00f3n reactiva. El espacio de lo com\u00fan se convierte as\u00ed en un territorio de guerra simb\u00f3lica donde la verdad es el primer sacrificio en el altar de una eficacia pol\u00edtica medida en t\u00e9rminos de impacto emocional y medi\u00e1tico.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p>Observamos la materializaci\u00f3n de este diagn\u00f3stico en la apertura del 144| per\u00edodo de sesiones ordinarias del Congreso de la Naci\u00f3n Argentina, un evento que funcion\u00f3 como el escenario predilecto para la exhibici\u00f3n de esta nueva liturgia. All\u00ed, la palabra presidencial no busc\u00f3 la articulaci\u00f3n de un proyecto colectivo ni la convocatoria a la unidad nacional, sino la demolici\u00f3n moral y existencial de un adversario que est\u00e1 bastante flojo de papeles. Al calificar a los representantes legislativos y gobernadores como \u201cladrones\u201d, \u201cestafadores\u201d, \u201casesinos\u201d o \u201cgolpistas\u201d, y referirse al propio recinto parlamentario como un \u201cnido de ratas\u201d, el orador desplaza la pol\u00edtica desde la administraci\u00f3n de la complejidad hacia la est\u00e9tica de la crueldad rentable en t\u00e9rminos de m\u00e1rketing pol\u00edtico. En este escenario, la vulgaridad funciona como un activo pol\u00edtico de alta rentabilidad porque en un tejido social fragmentado por el resentimiento y la anomia, el insulto es decodificado- falsamente- como un signo de \u201ccoraje\u201d, \u201ctransparencia\u201d y \u201cautenticidad\u201d. Se valora la capacidad de infligir da\u00f1o simb\u00f3lico al \u201cotro\u201d por sobre la solvencia para gestionar la cosa p\u00fablica, transformando la violencia ret\u00f3rica en el \u00fanico combustible de una legitimidad que ya no se construye mediante el consenso deliberativo, sino a trav\u00e9s del show de la degradaci\u00f3n institucional.<\/p>\n<p>Para comprender la naturaleza hiperreal de este fen\u00f3meno pat\u00e9tico, Jean Baudrillard ofrece una perspectiva desoladora pero precisa sobre la disoluci\u00f3n de \u201clo pol\u00edtico\u201d. Lo que presenciamos en el estrado no es pol\u00edtica en el sentido cl\u00e1sico de la gesti\u00f3n de lo com\u00fan, sino su simulacro, es decir, una puesta en escena donde el grito y el insulto sustituyen a la acci\u00f3n real. Baudrillard sostiene que hemos entrado en una fase donde el signo ya no representa una realidad, sino que la precede y la constituye, en lo que \u00e9l denomina la\u00a0<i>\u201cprecesi\u00f3n de los simulacros\u201d<\/i>. En este sentido, el berrinche presidencial es una\u00a0<i>\u201cobscenidad\u201d<\/i>\u00a0en t\u00e9rminos baudrillardianos: la exposici\u00f3n total y cruda de lo que deber\u00eda permanecer en la esfera de lo privado (el odio, el impulso ciego, el exabrupto) para saturar el espacio p\u00fablico hasta volverlo irrespirable. Asimismo, el autor afirma con contundencia que \u201clo obsceno es lo que pone fin a toda mirada, a toda imagen, a toda representaci\u00f3n. No es lo que se oculta, sino lo que se exhibe con demasiada proximidad, lo que no deja lugar a la escena\u201d (Baudrillard, J., 1978,\u00a0<em>Cultura y simulacro<\/em>, p. 74). Al llamar \u201cratas\u201d a los legisladores, se rompe la escena pol\u00edtica de la representaci\u00f3n- basada en el respeto a la investidura y la alteridad- y se instala la obscenidad de un poder que s\u00f3lo sabe mostrarse a trav\u00e9s del impacto violento, anulando cualquier profundidad deliberativa y dejando al ciudadano en un estado de fascinaci\u00f3n hipn\u00f3tica ante el desastre.<\/p>\n<p>Esta puesta en escena del agravio revela, fundamentalmente, una profunda infantilizaci\u00f3n de la pol\u00edtica. Un presidente que se expresa a trav\u00e9s de arrebatos de enojo perpetuo, los gritos y los insultos- gestos propios de la etapa pulsional del desarrollo- no es m\u00e1s que la met\u00e1fora de una inmadurez sist\u00e9mica en la que est\u00e1 embebida una sociedad que ha abandonado el ejercicio del pensar.\u00a0\u00a0Neil Postman, en su an\u00e1lisis sobre la degradaci\u00f3n del discurso p\u00fablico, advert\u00eda que cuando la pol\u00edtica se convierte en una extensi\u00f3n del espect\u00e1culo, el contenido desaparece en favor del impacto visual y emocional primario. Puntualmente, nos dice que\u00a0<i>\u201ccuando un pueblo se confunde con una audiencia y sus asuntos p\u00fablicos en un vodevil, entonces la naci\u00f3n est\u00e1 en peligro; la cultura muere porque la gente no sabe de qu\u00e9 se r\u00ede ni por qu\u00e9 ha dejado de pensar\u201d\u00a0<\/i>(Postman, N., 1991,\u00a0<em>Divertirse hasta morir<\/em>, p. 161). Pues bien, en la actualidad, el grito presidencial es el aplauso que reclama una sociedad minorizada que prefiere la gratificaci\u00f3n inmediata de la ofensa- el \u201cberrinche\u201d que castiga al enemigo- antes que el esfuerzo laborioso, lento y racional de la argumentaci\u00f3n cr\u00edtica. La madurez pol\u00edtica, que implica reconocer la complejidad y la legitimidad del disenso, ha sido canjeada por una catarsis adolescente que confunde la agresi\u00f3n con la fortaleza.<\/p>\n<p>A este escenario se suma un abismal quiebre generacional, moral y pol\u00edtico que fractura la experiencia compartida de la realidad. Mientras la juventud del siglo XXI, criada en la inmediatez de las redes y la l\u00f3gica del\u00a0<em>trolling<\/em>, parece haber asimilado estas expresiones como formas leg\u00edtimas de \u201cdisrupci\u00f3n\u201d o \u201crebeld\u00eda\u201d contra un sistema percibido caduco, quienes hemos habitado este mundo por m\u00e1s de tres d\u00e9cadas asistimos a esta naturalizaci\u00f3n con una complejidad que raya la angustia. No se trata de una resistencia conservadora al cambio, sino de una incomprensi\u00f3n de fondo ante la ca\u00edda de los diques \u00e9ticos del lenguaje. Para Baudrillard, \u00e9sta es la era de la \u201cdisoluci\u00f3n de lo social\u201d, donde los v\u00ednculos se vuelven transparentes, g\u00e9lidos y puramente operativos e instrumentales. La violencia verbal ya no causa esc\u00e1ndalo porque se ha convertido en una \u201chiperrealidad\u201d medi\u00e1tica donde el dolor del otro no se siente como real. Tambi\u00e9n, seg\u00fan Zygmunt Bauman, esta desconexi\u00f3n produce una fractura pol\u00edtica donde\u00a0<i>\u201cla comunicaci\u00f3n electr\u00f3nica permite que la agresi\u00f3n fluya sin el freno que antes impon\u00eda el reconocimiento del rostro del otro\u201d<\/i>\u00a0(Bauman, Z., 2005,\u00a0<em>\u00c9tica posmoderna<\/em>, p. 184). Esta perplejidad ante la violencia naturalizada nos deja inmovilizados: la sensaci\u00f3n de no entender nada no es falta de inteligencia, sino la orfandad de no reconocer ya los c\u00f3digos \u00e9ticos de la sensatez que sosten\u00edan la convivencia m\u00ednima.<\/p>\n<p>Complementariamente, para Hannah Arendt, esta degradaci\u00f3n es el fin de la pol\u00edtica como espacio de aparici\u00f3n y libertad. Si el lenguaje se reduce a insultos y descalificaciones zool\u00f3gicas, la pluralidad humana desaparece bajo el peso de la etiqueta estigmatizante. Arendt sostuvo que la pol\u00edtica es el \u00e1mbito donde los sujetos, a trav\u00e9s del habla, revelan qui\u00e9nes son en su singularidad. Cuando el discurso pierde su funci\u00f3n persuasiva y se convierte en fusilamiento simb\u00f3lico, la acci\u00f3n pol\u00edtica se empobrece. Como ella misma se\u00f1ala,\u00a0<i>\u201cdondequiera que la relevancia del discurso se halle en juego, la cuesti\u00f3n se convierte en pol\u00edtica por definici\u00f3n, pues es el discurso lo que hace del hombre un ser pol\u00edtico\u201d<\/i>\u00a0(Arendt, H., 1996,\u00a0<em>La condici\u00f3n humana<\/em>, p. 179). As\u00ed, el discurso que animaliza al opositor bajo el r\u00f3tulo de \u201cratas\u201d o \u201cpar\u00e1sitos\u201d atenta contra la propia posibilidad de la acci\u00f3n humana, reduciendo la p\u00f3lis en un desierto de odio donde s\u00f3lo impera el mon\u00f3logo de un soberano que ha renunciado a la palabra para abrazar el rugido.<\/p>\n<p>Pierre Bourdieu refuerza la precitada lectura al explicar el concepto de \u201cviolencia simb\u00f3lica\u201d, esa forma de dominaci\u00f3n que arranca sumisiones a trav\u00e9s de creencias socialmente inculcadas y categor\u00edas de percepci\u00f3n impuestas desde el poder.\u00a0\u00a0La vulgaridad organizada no es un desborde emocional, sino una forma de acumulaci\u00f3n de capital simb\u00f3lico que impone una visi\u00f3n del mundo donde el pensamiento es tildado, inmediatamente de complicidad. El autor explica que\u00a0<i>\u201cla violencia simb\u00f3lica es esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoy\u00e1ndose en unas expectativas colectivas, en unas creencias socialmente inculcadas\u201d<\/i>\u00a0(Bourdieu, P., 1996,\u00a0<em>Sobre la televisi\u00f3n<\/em>, p. 22). En la Argentina del a\u00f1o 2026, esta t\u00e9cnica se manifiesta como una liturgia de odio que consolida un poder que ya no requiere de la persuasi\u00f3n, sino de la claudicaci\u00f3n del interlocutor ante la fuerza del estigma masivo.<\/p>\n<p>A este an\u00e1lisis a\u00f1adimos tambi\u00e9n la perspectiva de Byung-Chul Han sobre la \u201cinfocracia\u201d y la crisis de la verdad. Han sostiene que el r\u00e9gimen de informaci\u00f3n digital ha destruido la estabilidad de lo real, permitiendo que el afecto y la indignaci\u00f3n sustituyan al juicio reflexivo. En una sociedad rota, la vulgaridad es el veh\u00edculo perfecto para la viralizaci\u00f3n del odio, porque\u00a0<i>\u201cla crisis de la verdad es ante todo una crisis de la comunidad. La verdad es un lazo social. Se basa en una praxis comunicativa. Hoy, la verdad se desintegra en informaci\u00f3n, en noticias que se consumen y se desechan\u201d<\/i>\u00a0(Han, B-C., 2022,\u00a0<em>Infocracia<\/em>, p. 34). Esta desintegraci\u00f3n es la que hace que los recursos discursivos decadentes y violentos sean rentables, puesto que ya no importa la veracidad de la acusaci\u00f3n (\u201casesinos\u201d, \u201cgolpistas\u201d), importa que impacto emocional sea total y que mantenga a la audiencia en un estado de movilizaci\u00f3n permanente contra el fantasma del enemigo.<\/p>\n<p>Esta mutaci\u00f3n del lenguaje pol\u00edtico socava los fundamentos de la democracia deliberativa de J\u00fcrgen Habermas. Para \u00e9l, la legitimidad s\u00f3lo puede emanar de un proceso de entendimiento mutuo basado en pretensiones de validez compartidas. Cuando la comunicaci\u00f3n se rige por la injuria proferida desde la magistratura nacional, se rompe el \u201cmundo de la vida\u201d y se coloniza la palabra mediante el poder instrumental. Habermas nos advierte que\u00a0<i>\u201cel concepto de acci\u00f3n comunicativa presupone el lenguaje como un medio de entendimiento sin m\u00e1s, en el que los hablantes y oyentes se refieren, desde el horizonte de su mundo de la vida, simult\u00e1neamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo\u201d<\/i>\u00a0(Habermas, J., 1981,\u00a0<em>Teor\u00eda de la acci\u00f3n comunicativa<\/em>, p. 45). El rugido del insulto fractura este horizonte com\u00fan, reemplazando la b\u00fasqueda del acuerdo por una imposici\u00f3n que desprecia tanto la investidura de las instituciones como la l\u00f3gica m\u00ednima de la sensatez.<\/p>\n<p>En este contexto de orfandad discursiva y par\u00e1lisis moral, la \u00e9tica p\u00fablica reclama una respuesta que no puede ser un mero decoro burgu\u00e9s o un formalismo vac\u00edo. Justamente por ello, Adela Cortina subraya la necesidad de una \u201craz\u00f3n cordial\u201d que reconozca la dignidad del otro como un sujeto con razones v\u00e1lidas, incluso en el conflicto m\u00e1s enconado. La normalizaci\u00f3n de la injuria produce un empobrecimiento del lenguaje c\u00edvico que imposibilita la construcci\u00f3n de pol\u00edticas justas, ya que\u00a0<i>\u201cel insulto desactiva la posibilidad de comprender y, por tanto, de construir pol\u00edticas justas\u201d<\/i>\u00a0(Cortina, A., 1994,\u00a0<em>\u00c9tica m\u00ednima<\/em>, p. 121). La cortes\u00eda pol\u00edtica es, en rigor, la \u00faltima salvaguarda de la paz social frente a la barbarie de la descalificaci\u00f3n totalizadora.<\/p>\n<p>Finalmente, queridos lectores, nos queda decir que esta decadencia nos sit\u00faa ante una encrucijada que es tanto pol\u00edtica como ontol\u00f3gica. Si aceptamos que la esfera p\u00fablica sea el escenario donde triunfa quien m\u00e1s y mejor humilla porque \u201cdice las cosas de frente\u201d, habremos claudicado ante una forma de barbarie que prefiere el impacto del grito frente a la solidez de la verdad. La perplejidad que nos causa la violencia sistematizada es la se\u00f1al de que algo fundamental en nuestra civilizaci\u00f3n se ha roto definitivamente.<\/p>\n<p>A partir de lo precedentemente expuesto, cabe plantearnos las siguientes interrogantes para la reflexi\u00f3n. \u00bfEs posible sostener un sistema democr\u00e1tico cuando la palabra ha sido despojada de su funci\u00f3n comunicativa y reducida a un proyectil de odio? \u00bfHasta qu\u00e9 punto la fascinaci\u00f3n por el \u201cl\u00edder enojado\u201d oculta una renuncia colectiva a la responsabilidad de pensar la complejidad del presente? \u00bfC\u00f3mo vamos a reconstruir el respeto y la sensatez en una sociedad que ha encontrado en la vulgaridad una forma de entretenimiento y en la humillaci\u00f3n ajena una forma de justicia? \u00bfEstamos ante el fin de la pol\u00edtica como di\u00e1logo para entrar en una era de simulacros de furia que s\u00f3lo encubren nuestra incapacidad de imaginar un futuro com\u00fan? \u00bfC\u00f3mo habitamos, en definitiva, la angustia de un mundo donde el respeto ya no es un c\u00f3digo compartido, sino el residuo de una civilizaci\u00f3n que se desvanece ante el grito del berrinche soberano?<\/p>\n<p>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p>Arendt, H. (1996).\u00a0<em>La condici\u00f3n humana<\/em>\u00a0(R. Gil Novales, Trad.). Editorial Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 1958).<\/p>\n<p>Baudrillard, J. (1978).\u00a0<em>Cultura y simulacro<\/em>\u00a0(P. del Carril, Trad.). Editorial Kair\u00f3s.<\/p>\n<p>Bauman, Z. (2005).\u00a0<em>\u00c9tica posmoderna<\/em>\u00a0(H. Cardoso, Trad.). Siglo XXI Editores.<\/p>\n<p>Bourdieu, P. (1996).\u00a0<em>Sobre la televisi\u00f3n<\/em>\u00a0(G. Castro, Trad.). Editorial Taurus.<\/p>\n<p>Cortina, A. (1994).\u00a0<em>\u00c9tica m\u00ednima: para la vida cotidiana<\/em>. Alianza Editorial.<\/p>\n<p>Habermas, J. (1981).\u00a0<em>Teor\u00eda de la acci\u00f3n comunicativa<\/em>\u00a0(M. Jim\u00e9nez Redondo, Trad., Vol. 1). Editorial Taurus.<\/p>\n<p>Han, B-C. (2022).\u00a0<em>Infocracia: La digitalizaci\u00f3n y la crisis de la democracia<\/em>\u00a0(J. Chamorro Mielke, Trad.). Editorial Taurus.<\/p>\n<p>Postman, N. (1991).\u00a0<em>Divertirse hasta morir: El discurso p\u00fablico en la era del espect\u00e1culo<\/em>\u00a0(V. Goldstein, Trad.). Editorial de la Tempestad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cLa verdad no teme al di\u00e1logo; quien la practica no necesita el insulto para sostenerse\u201d (Cortina, A., 1994,\u00a0\u00c9tica m\u00ednima: para la vida cotidiana, p. 27). 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