{"id":463709,"date":"2026-03-30T06:20:09","date_gmt":"2026-03-30T10:20:09","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=463709"},"modified":"2026-03-30T16:39:23","modified_gmt":"2026-03-30T20:39:23","slug":"perdon-y-reconciliacion-pascual-en-una-posmodernidad-vengativa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=463709","title":{"rendered":"Perd\u00f3n y reconciliaci\u00f3n pascual en una posmodernidad vengativa"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\"><em>\u201cEl perd\u00f3n no es un olvido, es la memoria del pasado transfigurada por la caridad. No es la negaci\u00f3n de la justicia, sino su cumplimiento m\u00e1s alto y dif\u00edcil en la historia de los hombres\u201d<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\">Juan Pablo II (2002).\u00a0<em>Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz<\/em>, p. 3.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Como hemos repetido hasta el hartazgo, la posmodernidad est\u00e1 caracterizada por la ca\u00edda de los grandes relatos y la fragmentaci\u00f3n del sentido, dejando al sujeto contempor\u00e1neo en una suerte de orfandad \u00e9tica donde la justicia suele reducirse al simple c\u00e1lculo de la pena. En este escenario de profunda decadencia axiol\u00f3gica, la celebraci\u00f3n de la pascua emerge no como un rito anacr\u00f3nico de la memoria lit\u00fargica, sino como una interrupci\u00f3n violenta, un verdadero \u201ckair\u00f3s\u201d en la l\u00f3gica de la reciprocidad negativa que suele dominar los escenarios de posconflicto.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Mientras que la justicia retributiva se asienta sobre la b\u00fasqueda de una equivalencia exacta del da\u00f1o, la propuesta cristiana de reconciliaci\u00f3n introduce una asimetr\u00eda que descoloca la raz\u00f3n puramente jur\u00eddica. No se trata, bajo ning\u00fan concepto, de ignorar el agravio o de promover una amnesia institucionalizada, sino de entender que la justicia, cuando queda abandonada a su propia inercia punitiva, corre el riesgo inminente de transformarse en una venganza legalizada que perpet\u00faa el ciclo del resentimiento.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">En su obra \u201cLa memoria, la historia, el olvido\u201d, Paul Ricoeur profundiza en esta tensi\u00f3n dial\u00e9ctica con una altura filos\u00f3fica que nos permite distinguir la norma de la excepci\u00f3n. El fil\u00f3sofo sostiene que el perd\u00f3n posee una naturaleza excepcional que sobrepasa el orden de la ley sin anular su vigencia, advirti\u00e9ndonos as\u00ed sobre la fragilidad de una sociedad que s\u00f3lo sabe castigar, mientras que se\u00f1ala que el perd\u00f3n es el \u00fanico dispositivo capaz de liberar el pasado para que \u00e9ste deje de ser un destino fatal para las generaciones venideras. Al respecto, nuestro autor afirm\u00f3 con precisi\u00f3n que\u00a0<em>\u201cel perd\u00f3n, si tiene un sentido, si existe, debe ser un perd\u00f3n de lo imperdonable. La justicia, por el contrario, se detiene ante lo imperdonable, puesto que su medida es la de la retribuci\u00f3n y la de la equivalencia entre el crimen y el castigo\u201d<\/em>\u00a0(Ricoeur, 2004, p. 593).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta distinci\u00f3n resulta fundamental para comprender la \u00e9tica pascual en contextos donde las heridas sociales a\u00fan supuran. La justicia distributiva busca el equilibrio de la balanza, una simetr\u00eda de dolor, pero el perd\u00f3n cristiano busca la restauraci\u00f3n del sujeto y la posibilidad de un nuevo comienzo. La pascua es, en su esencia m\u00e1s \u00edntima, la victoria sobre la muerte, y en la esfera de lo social, la muerte se manifiesta precisamente como la cosificaci\u00f3n del otro bajo la etiqueta inamovible del enemigo. Al reclamar una justicia que trascienda la simple punici\u00f3n, la reconciliaci\u00f3n cristiana propone que la verdad del hecho victimizante sea el cimiento innegociable, porque la caridad sea la estructura arquitect\u00f3nica que permita volver a habitar la ciudad com\u00fan tras el horror.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta caridad no debe confundirse con una emoci\u00f3n vaga o un sentimentalismo inoperante, pues constituye una exigencia ontol\u00f3gica que San Agust\u00edn de Hipona sit\u00faa en el centro de la vida del esp\u00edritu. Para la antropolog\u00eda cat\u00f3lica, el ser humano es una criatura ca\u00edda que, sin embargo, conserva de forma indeleble la \u201c<em>imago Dei\u201d<\/em>, lo que implica que ning\u00fan crimen, por atroz que sea su naturaleza, agota la dignidad del ofensor ni clausura la capacidad de la gracia para restaurarlo. Agust\u00edn, en sus \u201cConfesiones\u201d, nos recuerda que la justicia divina no opera bajo los par\u00e1metros del intercambio mercantil del mundo, sino que busca salvar lo que estaba perdido a trav\u00e9s de un amor que precede a cualquier m\u00e9rito humano. El santo obispo de Hipona reflexiona sobre esta misericordia que desborda el juicio clamando:\u00a0<em>\u201cT\u00fa, Se\u00f1or, eres justo, pero nosotros hemos pecado, hemos obrado inicuamente y nos hemos portado imp\u00edamente en todo; y tu mano se ha agravado sobre nosotros&#8230; Sin embargo, t\u00fa, Se\u00f1or, eres bueno y misericordioso, y perdonas a los que te confiesan sus pecados\u201d<\/em>\u00a0(Agust\u00edn de Hipona, 2010, p. 245).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La encarnaci\u00f3n de esta doctrina se manifiesta con especial crudeza en la composici\u00f3n del grupo de los Doce, donde la reconciliaci\u00f3n no pod\u00eda ser un postulado te\u00f3rico, sino una convivencia ag\u00f3nica. La relaci\u00f3n tirante entre Mateo, el publicano que recaudaba tributos para el r\u00e9gimen opresor romano, y Pedro, el pescador galileo cuya identidad estaba ligada a la resistencia y al celo por la pureza de su pueblo, representa el microcosmos de cualquier posconflicto. Tengamos en cuenta que Mateo simbolizaba la traici\u00f3n institucionalizada y la injusticia econ\u00f3mica, mientras que Pedro representaba la lealtad herida y el juicio severo hacia el traidor colaboracionista. S\u00f3lo la mirada pascual pudo fundir estas dos soledades en una misi\u00f3n compartida, pues el perd\u00f3n cristiano exige reconocer que ambos, el traidor p\u00fablico y el negador oculto, dependen de la misma fuente de misericordia. El mismo evangelio de Mateo, al narrar su propio llamado, no oculta la escandalosa inclusi\u00f3n de los pecadores en la mesa del Reino, remarcando que la justicia de Dios prefiere la restauraci\u00f3n del v\u00ednculo sobre la exclusi\u00f3n del culpable.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">En este punto de la reflexi\u00f3n es imperativo precisar que, en esta din\u00e1mica, el acto de pedir perd\u00f3n no debe interpretarse como una transacci\u00f3n orientada a la obtenci\u00f3n de un beneficio o a la anulaci\u00f3n de una pena. Pedir perd\u00f3n es, ante todo, un acto de verdad que nace del arrepentimiento interior; no se solicita para ser perdonado, sino para manifestar que el sujeto ya no se identifica con el mal cometido. El arrepentimiento es la transfiguraci\u00f3n de la voluntad. Por el contrario, recibir el perd\u00f3n es un regalo soberano de la v\u00edctima, una gracia que puede o no ser otorgada, pues si fuera exigible por derecho, dejar\u00eda de ser perd\u00f3n para convertirse en una deuda saldada. Al respecto, es pertinente recordar que Hannah Arendt, en sus estudios sobre la acci\u00f3n humana, hace puntual hincapi\u00e9 en esta imprevisibilidad, sosteniendo que\u00a0<em>\u201cNadie puede perdonarse a s\u00ed mismo&#8230; El perd\u00f3n es la \u00fanica reacci\u00f3n que no simplemente re-acciona, sino que act\u00faa de nuevo y de forma inesperada, no condicionada por el acto que la provoc\u00f3\u201d<\/em>\u00a0(Arendt, 2005, p. 257).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El fundamento \u00faltimo de esta praxis no reside en una abstracci\u00f3n te\u00f3rica, sino en el acontecimiento mismo del Calvario. El evangelio de Lucas recoge el testamento \u00e9tico de la Pascua en el momento de m\u00e1xima tensi\u00f3n del conflicto humano: la crucifixi\u00f3n del Inocente. All\u00ed, la justicia retributiva queda desarmada ante una palabra que redefine la historia de las ofensas. Cristo, lejos de apelar a la ley del tali\u00f3n, inaugura la era de la reconciliaci\u00f3n mediante una intercesi\u00f3n que destroza la l\u00f3gica humana de la culpabilidad:\u00a0<em>\u201cJes\u00fas dec\u00eda: Padre, perd\u00f3nalos, porque no saben lo que hacen\u201d<\/em>\u00a0(<em>Biblia de Jerusal\u00e9n<\/em>, 2013, Lucas 23:34, p. 1541).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Bajo esta luz, surge un contraste insalvable entre la justicia retributiva y la justicia divina. La primera es una justicia de conmutaci\u00f3n, de orden estrictamente legalista, donde el castigo se entiende como un fin en s\u00ed mismo para restaurar un equilibrio abstracto de poder. En cambio, la justicia de Dios es, parad\u00f3jicamente, una justicia que justifica, es decir, que hace justo al injusto no por la v\u00eda del dolor impuesto, sino por la v\u00eda de la comunicaci\u00f3n de una vida nueva que fluye del costado abierto del Crucificado. Al respecto, recordemos que Santo Tom\u00e1s explic\u00f3 con maestr\u00eda en su \u201cSuma Teol\u00f3gica\u201d que la obra de la justicia divina siempre presupone la obra de la misericordia y se funda en ella, se\u00f1alando que\u00a0<em>\u201cLa justicia de Dios es verdad. Pero la justicia de Dios no se mide por la cantidad del castigo, sino por el orden de su sabidur\u00eda, a la cual se debe que se guarde el orden en las cosas&#8230; La misericordia no destruye la justicia, sino que es una plenitud de la justicia\u201d<\/em>\u00a0(Aquino, 2001, p. 214 [I, q.21, a.3]).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La reconciliaci\u00f3n teol\u00f3gica, por tanto, no debe entenderse como un simple arreglo diplom\u00e1tico o una amnist\u00eda pol\u00edtica, sino como un misterio de mediaci\u00f3n que invierte la l\u00f3gica del sacrificio pagano. Joseph Ratzinger, en su obra \u201cIntroducci\u00f3n al cristianismo\u201d, expone que la reconciliaci\u00f3n cristiana significa que Dios mismo, en su gratuidad absoluta, sale al encuentro del hombre para cargar con la alienaci\u00f3n humana. La reconciliaci\u00f3n es el paso definitivo de la justicia del acreedor a la justicia del donante, una l\u00f3gica que resulta ininteligible para el individualismo posmoderno que s\u00f3lo concibe el derecho como protecci\u00f3n del propio inter\u00e9s. Con lucidez, Benedicto XVI afirm\u00f3 que\u00a0<em>\u201cla reconciliaci\u00f3n no es algo que el hombre ofrezca a Dios, sino el hecho de que Dios se acerque al hombre. Es el proceso por el cual Dios mismo restaura el derecho, pero no mediante la destrucci\u00f3n del culpable, sino mediante la asunci\u00f3n del sufrimiento que el mal ha provocado\u201d<\/em>\u00a0(Ratzinger, 2005, p. 231).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Frente a esta propuesta, la posmodernidad decadente ha entronizado una \u00e9tica de la venganza individualista, disfrazada a menudo de rigorismo moral en las arenas p\u00fablicas digitales. En esta cosmovisi\u00f3n, el error es definitivo y el otro queda reducido permanentemente a su peor acto, neg\u00e1ndole cualquier posibilidad de redenci\u00f3n o cambio mediante campa\u00f1as nefastas de cancelaci\u00f3n y difamaci\u00f3n. Contrariamente, la propuesta cristiana se presenta como un muro de contenci\u00f3n contra este narcisismo que busca la justicia s\u00f3lo como satisfacci\u00f3n del capricho del ego herido. La pascua nos invita a transitar de la venganza del \u00abyo\u00bb a la ofrenda del \u00abnosotros\u00bb, entendiendo que la paz social no se puede construir sobre el aniquilamiento moral del adversario, sino sobre la posibilidad de su conversi\u00f3n. El mandato del Resucitado a sus disc\u00edpulos sella esta misi\u00f3n envi\u00e1ndolos a ser agentes de una paz que el mundo no puede dar:\u00a0<em>\u201cRecibid el Esp\u00edritu Santo. A quienes perdon\u00e9is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng\u00e1is, les quedan retenidos\u201d<\/em>\u00a0(<em>Biblia de Jerusal\u00e9n<\/em>, 2013, Juan 20:22-23, p. 1599).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El Papa Francisco retom\u00f3 esta preocupaci\u00f3n en el cuerpo de su enc\u00edclica \u201cFratelli Tutti\u201d cuando explicit\u00f3 su pesar ante sociedades que han perdido la capacidad de sanar sus propios traumas. El texto enfatiza que la reconciliaci\u00f3n aut\u00e9ntica no escapa del conflicto, sino que se sit\u00faa en su centro para transformarlo desde la ra\u00edz. Francisco argument\u00f3 sobre la necesidad imperiosa de no confundir el perd\u00f3n con la pasividad ante el mal, puesto que\u00a0<em>\u201cel perd\u00f3n no implica olvido. Decimos m\u00e1s bien que cuando hay algo que de ninguna manera puede ser negado, relativizado o disimulado, sin embargo, podemos perdonar. Cuando hay algo que jam\u00e1s toleraremos que se intente justificar, sin embargo, podemos perdonar\u201d<\/em>\u00a0(Francisco, 2020, p. 182).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta postura desaf\u00eda la justicia retributiva que exige que el culpable sufra en la misma medida en que hizo sufrir, planteando en su lugar una justicia que mira hacia el futuro. En este sentido, la pascua nos recuerda que la vida nueva surge de una herida que permanece abierta en la memoria pero que ya no supura odio. En la posmodernidad, donde el derecho se ha vuelto una t\u00e9cnica g\u00e9lida y procedimental ejecutada por in\u00fatiles e inmorales, la \u00e9tica del perd\u00f3n reintroduce la humanidad del rostro frente al anonimato de la represalia. Una sociedad que s\u00f3lo aplica la ley de conveniencia termina por devorarse a s\u00ed misma en la b\u00fasqueda infinita de culpables, mientras que una comunidad que celebra el paso pascual entiende que la justicia es el piso, pero nunca el techo, de las relaciones humanas.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Tras este recorrido, la inquietud filos\u00f3fica permanece latente en el coraz\u00f3n de nuestra cultura: \u00bfes nuestra sociedad contempor\u00e1nea capaz de soportar el peso de una gracia tan radical en medio de un narcisismo que exige la destrucci\u00f3n del otro para reafirmarse? \u00bfPodremos alguna vez transitar de una justicia precaria que s\u00f3lo sabe castigar a una que sea capaz de restaurar la humanidad herida, tanto de la v\u00edctima como del victimario? \u00bfEs leg\u00edtimo exigir el perd\u00f3n como un derecho civil o debemos salvaguardar su naturaleza de don gratuito para que no pierda su potencia redentora?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Si la pascua es el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte del alma que odia, el desaf\u00edo m\u00e1s urgente no es jur\u00eddico, sino espiritual. \u00bfQui\u00e9n de nosotros se atrever\u00e1 a ser el primero en soltar la piedra de la retribuci\u00f3n para abrazar la incertidumbre del perd\u00f3n? Quiz\u00e1, al final del d\u00eda, la verdadera justicia no se encuentre en las fr\u00edas sentencias de un juez corrupto, sino en ese instante sagrado en que dos enemigos se reconocen hermanos bajo la sombra de una cruz que ya no pide m\u00e1s sangre.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Agust\u00edn de Hipona. (2010).\u00a0<em>Confesiones<\/em>\u00a0(P. de Labriolle, Trad.). Editorial Gredos. (Obra original publicada c. 397-400).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Aquino, T. (2001).\u00a0<em>Suma de Teolog\u00eda<\/em>\u00a0(Traducci\u00f3n dirigida por los Regentes de Estudios de las Provincias Dominicanas en Espa\u00f1a). Biblioteca de Autores Cristianos. (Obra original publicada 1265-1274).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Arendt, H. (2005).\u00a0<em>La condici\u00f3n humana<\/em>\u00a0(R. Gil Novales, Trad.). Paid\u00f3s. (Obra original publicada en 1958).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><em>Biblia de Jerusal\u00e9n<\/em>. (2013). Editorial Descl\u00e9e de Brouwer.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Francisco. (2020).\u00a0<em>Carta Enc\u00edclica Fratelli Tutti: Sobre la fraternidad y la amistad social<\/em>. Tipograf\u00eda Vaticana.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Juan Pablo II. (2002).\u00a0<em>Mensaje de Su Santidad Juan Pablo II para la celebraci\u00f3n de la Jornada Mundial de la Paz: No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perd\u00f3n<\/em>. Libreria Editrice Vaticana.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ratzinger, J. (2005).\u00a0<em>Introducci\u00f3n al cristianismo<\/em>\u00a0(J. L. del Valle, Trad.). S\u00edgueme. (Obra original publicada en 1968).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ricoeur, P. (2004).\u00a0<em>La memoria, la historia, el olvido<\/em>\u00a0(A. Neira, Trad.). Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. (Obra original publicada en 2000).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cEl perd\u00f3n no es un olvido, es la memoria del pasado transfigurada por la caridad. No es la negaci\u00f3n de la justicia, sino su cumplimiento m\u00e1s alto y dif\u00edcil en la historia de los hombres\u201d Juan Pablo II (2002).\u00a0Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, p. 3. 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