{"id":464187,"date":"2026-04-08T05:58:27","date_gmt":"2026-04-08T09:58:27","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=464187"},"modified":"2026-04-08T13:54:37","modified_gmt":"2026-04-08T17:54:37","slug":"noelia-y-la-fragilidad-etica-de-la-eutanasia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=464187","title":{"rendered":"Noelia y la fragilidad \u00e9tica de la eutanasia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"right\"><strong><em>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"right\"><i>\u00abNo se trata de un derecho a la muerte, sino de un derecho a la propia vida, de la cual la muerte es el acto final\u00bb.<\/i><\/p>\n<p align=\"right\">Ronald Dworkin<i>,\u00a0<em>El dominio de la vida<\/em>\u00a0(1994, p. 238).<\/i><\/p>\n<p>La muerte de Noelia Castillo va m\u00e1s all\u00e1 de la simple aplicaci\u00f3n de un protocolo administrativo o el desenlace de una batalla judicial de 601 d\u00edas. Se trata de un caso que nos muestra un espejo inc\u00f3modo donde las democracias decadentes posmodernas ven reflejadas sus propias fisuras \u00e9ticas. Al examinar el periplo de la protagonista de esta historia, nos enfrentamos a la reuni\u00f3n conflictiva entre la autonom\u00eda individual, el sufrimiento cr\u00f3nico y la responsabilidad del Estado como garante de una vida digna. Lejos de arribar a consignas simplistas, este episodio nos obliga a transitar por la delgada l\u00ednea que separa el respeto por la voluntad individual de la negligencia social disfrazada de libertad.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p>Desde la perspectiva filos\u00f3fica moral, la autonom\u00eda no puede entenderse como un concepto at\u00f3mico o aislado. En su \u201cFundamentaci\u00f3n para una metaf\u00edsica de las costumbres\u201d, Kant sostiene que la autonom\u00eda de la voluntad es\u00a0<i>\u201cel \u00fanico principio de todas las leyes morales y de los deberes que les corresponden\u201d<\/i>\u00a0(2012, p. 114). Sin embargo, en el caso de Noelia, esta autonom\u00eda se vio asediada por un contexto de violencia previa y una lesi\u00f3n medular irreversible que transform\u00f3 su existencia en lo que ella misma describi\u00f3 como un calvario insoportable.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, surge la primera gran tensi\u00f3n: \u00bfes la decisi\u00f3n de morir un acto de libertad pura o el s\u00edntoma de una red de cuidados que lleg\u00f3 demasiado tarde? No se trata de caer en la falacia de reducir toda petici\u00f3n de eutanasia a un fracaso estatal, pero tampoco de ignorar que, para que el sujeto sea verdaderamente due\u00f1o de su destino, la sociedad debe haber agotado previamente las alternativas de alivio y acompa\u00f1amiento.<\/p>\n<p>Resulta imperativo, entonces, reflexionar sobre la paradoja de un Estado que se muestra eficiente en la gesti\u00f3n de la muerte tras haber sido completamente negligente en la custodia de la vida. Noelia lleg\u00f3 a la instancia de la eutanasia tras haber sobrevivido a violencias que el sistema no pudo prevenir ni reparar a tiempo. Esta \u201cautonom\u00eda\u201d final aparece, entonces, te\u00f1ida por una sombra evidente de abandono previo. Hannah Arendt, en \u201cResponsabilidad y juicio\u201d, nos advierte que la responsabilidad pol\u00edtica implica no s\u00f3lo lo que hacemos, sino aquello que permitimos que ocurra por omisi\u00f3n en el tejido de la comunidad (2007).<\/p>\n<p>As\u00ed, cuando las instituciones fallan en el amparo inicial- en la salud mental, en la protecci\u00f3n ante la violencia y en el soporte a la discapacidad- y luego facilitan con celeridad administrativa el protocolo de muerte, corremos el riesgo de convertir la eutanasia en una soluci\u00f3n t\u00e9cnica para un problema de injusticia estructural. Como se\u00f1al\u00f3 Enrique Dussel en su \u201c\u00c9tica de la liberaci\u00f3n\u201d, el imperativo \u00e9tico fundamental es la\u00a0<i>\u201cproducci\u00f3n, reproducci\u00f3n y desarrollo de la vida humana en comunidad\u201d<\/i>\u00a0(1998, p. 91); cualquier acto que ignore esta deuda hist\u00f3rica del Estado con el sujeto vulnerable desvirt\u00faa el sentido profundo de la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta orfandad institucional se vuelve particularmente peligrosa cuando la ley de eutanasia se implementa en un terreno donde la salud mental carece de leyes s\u00f3lidas y recursos suficientes. Existe el riesgo de que la muerte asistida se convierta en la respuesta biopol\u00edtica a una \u201cpsique exhausta\u201d que no encontr\u00f3 la contenci\u00f3n que merec\u00eda. Al respecto, Michel Foucault, en su \u201cHistoria de la sexualidad 1: La voluntad de saber\u201d, describe c\u00f3mo el poder soberano ya no se manifiesta s\u00f3lo en el \u201chacer morir\u201d, sino en el \u201cadministrar la vida\u201d (2014, p. 135).<\/p>\n<p>Si la administraci\u00f3n de la muerte es m\u00e1s accesible y r\u00e1pida que el acceso a una terapia intensiva, a una red de apoyo comunitario o a una vivienda digna, la ley deja de ser un instrumento de libertad para transformarse en un mecanismo de descarte encubierto. Justamente por ello es conveniente acudir a Joan Tronto, quien en sus reflexiones sobre la \u00e9tica del cuidado, insiste en que\u00a0<i>\u201cignorar las necesidades de cuidado de los otros es una forma de ejercer poder sobre ellos\u201d<\/i>\u00a0(2020, p. 82). En pocas palabras, est\u00e1 claro que una sociedad que ofrece la eutanasia pero escatima en salud mental est\u00e1 enviando un mensaje devastador: que hay sufrimientos que no valen el esfuerzo de ser sostenidos. Sin un blindaje previo de derechos sociales y ps\u00edquicos, la eutanasia corre el riesgo de ser aplicada no para liberar al sujeto, sino para alivianar al sistema de la carga de su cronicidad.<\/p>\n<p>A este escenario tr\u00e1gico se suma la compleja relaci\u00f3n que la cultura contempor\u00e1nea mantiene con el dolor. Vivimos en lo que Byung-Chul Han denomina la \u201csociedad paliativa\u201d, es decir, una \u00e9poca marcada por una algofobia o miedo generalizado al dolor. En su obra \u201cLa sociedad paliativa\u201d, Han nos dice que\u00a0<i>\u201cel dolor es visto como un error del sistema que debe ser eliminado mediante intervenciones t\u00e9cnicas o farmacol\u00f3gicas, despoj\u00e1ndolo de toda dimensi\u00f3n narrativa o existencial\u201d<\/i>\u00a0(2021, p. 12).<\/p>\n<p>En este contexto, el sufrimiento de Noelia no s\u00f3lo fue una carga f\u00edsica, sino un esc\u00e1ndalo para una cultura que exige el rendimiento y la felicidad obligatoria. David Le Breton, en su \u201cAntropolog\u00eda del dolor\u201d refuerza esta idea al se\u00f1alar que\u00a0<i>\u201cel hombre contempor\u00e1neo se encuentra desarmado frente al dolor porque ha perdido los marcos culturales y simb\u00f3licos que antes le permit\u00edan darle un sentido\u201d<\/i>\u00a0(1999, p. 94). Cuando el dolor se vuelve mudo y carece de lugar en el tejido social, la muerte asistida aparece como la \u00fanica salida l\u00f3gica para una cultura que prefiere ocultar la herida antes que transitar la ardua tarea de sostener al sufriente en su propia fragilidad. El caso que hoy nos convoca nos obliga a preguntarnos si nuestra defensa de la eutanasia nace de un respeto genuino por la autonom\u00eda o de una incapacidad colectiva para convivir con lo que Han llama la \u201cnegatividad del dolor\u201d.<\/p>\n<p>Por otra parte, nos encontramos con el \u00e1mbito de la bio\u00e9tica cl\u00ednica, donde el caso de Noelia reactiva el debate sobre la jerarqu\u00eda de los principios fundamentales. La tradici\u00f3n bio\u00e9tica ha intentado equilibrar la autonom\u00eda con la beneficencia y la no maleficencia, pero episodios de sufrimiento refractario ponen a prueba estos constructos. Como se\u00f1ala Diego Garc\u00eda en \u201cFundamentos de bio\u00e9tica\u201d,\u00a0<i>\u201cla medicina ha pasado de un modelo paternalista, basado en el partido de beneficencia, a otro basado en la autonom\u00eda del paciente, lo que obliga a una deliberaci\u00f3n moral mucho m\u00e1s compleja\u201d<\/i>\u00a0(2008, p. 352). En Noelia, la beneficencia -entendida como el actuar en favor del bienestar del paciente- dej\u00f3 de ser la preservaci\u00f3n de la vida biol\u00f3gica para convertirse en la validaci\u00f3n de su alivio final. Cuando el da\u00f1o es irreversible y la percepci\u00f3n subjetiva de la vida es de una indignidad absoluta, la no maleficencia se traduce, parad\u00f3jicamente, en el cese de una intervenci\u00f3n que s\u00f3lo prolonga la agon\u00eda.<\/p>\n<p>Esta discusi\u00f3n adquiere una profundidad metaf\u00edsica cuando se incorpora la perspectiva de las instituciones eclesi\u00e1sticas, cuya doctrina subraya la sacralidad de la vida, pero tambi\u00e9n reconoce la fragilidad humana ante el dolor extremo. La enc\u00edclica \u201c<em>Evangelium Vitae<\/em>\u201d de Juan Pablo II fue taxativa al denunciar la eutanasia, defini\u00e9ndola como \u201cuna grave violaci\u00f3n de la Ley de Dios\u201d (1995, p. 119), bas\u00e1ndose en la idea de que la vida es un don que el hombre no puede gestionar a su arbitrio. No obstante, la misma doctrina cat\u00f3lica establece una distinci\u00f3n \u00e9tica crucial para casos de sufrimiento terminal: el rechazo al encarnizamiento terap\u00e9utico. En la carta \u201c<em>Samaritanus Bonus\u201d<\/em>, la Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe precisa que\u00a0<i>\u201crenunciar a medios extraordinarios o desproporcionados no equivale al suicidio o a la eutanasia; expresa m\u00e1s bien la aceptaci\u00f3n de la condici\u00f3n humana ante la muerte\u201d<\/i>\u00a0(2020, p. 14). En este marco, el drama de Noelia nos sit\u00faa en un intersticio: si bien la Iglesia propone el acompa\u00f1amiento y los cuidados paliativos como la respuesta moralmente superior, el caso interpela a la comunidad religiosa sobre los l\u00edmites de la resistencia f\u00edsica y ps\u00edquica, obligando a pensar si la prolongaci\u00f3n forzada de una existencia totalmente quebrada no atenta tambi\u00e9n contra la dignidad de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por su parte, el largo calvario judicial que sufri\u00f3 Noelia- alargado, seg\u00fan diversos reportes, por la instrumentalizaci\u00f3n de grupos externos y oposiciones familiares- pone de manifiesto la fragilidad del testimonio en la esfera p\u00fablica. Cuando la voluntad de un individuo se convierte en un campo de batalla ideol\u00f3gico, se incurre en lo que Judith Butler denomina una distribuci\u00f3n desigual de la \u201cvulnerabilidad\u201d. En su texto titulado \u201cVida precaria\u201d, Butler argumenta que\u00a0<i>\u201cla p\u00e9rdida y la vulnerabilidad parecen ser condiciones para la formaci\u00f3n de la esfera p\u00fablica, ya que \u00e9sta se fundamenta en la exposici\u00f3n del cuerpo ante otros\u201d<\/i>\u00a0(2006, p. 46). Noelia fue expuesta y su sufrimiento fue diseccionado en medios masivos de comunicaci\u00f3n y tribunales, despoj\u00e1ndola a menudo de su condici\u00f3n de sujeto para transformarla en un s\u00edmbolo \u00fatil para causas ajenas. La violencia simb\u00f3lica ejercida sobre ella durante esos 601 d\u00edas de espera constituye una herida que la ley, por s\u00ed sola, no alcanza a reparar.<\/p>\n<p>Por otro lado, la tradici\u00f3n liberal, encabezada por John Stuart Mill, nos recuerda que\u00a0<i>\u201csobre s\u00ed mismo, sobre su propio cuerpo y esp\u00edritu, el individuo es soberano\u201d<\/i>\u00a0(<em>Sobre la libertad<\/em>, 2013, p. 65). Bajo este precepto, la oposici\u00f3n de terceros basada en convicciones morales o afectivas carecer\u00eda de legitimidad frente a un adulto competente. No obstante, el caso de Noelia se complic\u00f3 bastante al vincularse su petici\u00f3n con un sufrimiento ps\u00edquico y antecedentes graves de trauma. Es aqu\u00ed donde la bio\u00e9tica debe huir del paternalismo sin abandonar la prudencia necesaria para discernir si la competencia para decidir est\u00e1 nublada por factores tratables. La Comisi\u00f3n de Garant\u00eda y Evaluaci\u00f3n atendi\u00f3 la singularidad del asunto, entendiendo que respetar la voz del afectado no significa autorizarla sin interrogantes, sino verificar que esa elecci\u00f3n no sea el resultado de una carencia de recursos evitables. La libertad de elecci\u00f3n ser\u00eda genuina cuando el \u201cno\u201d a la vida es una opci\u00f3n tan asistida como lo fue, en su momento, el intento de preservarla.<\/p>\n<p>Finalmente, la mediatizaci\u00f3n y la difusi\u00f3n de informaciones falsas sobre el proceso cl\u00ednico de Noelia revelan una crisis en nuestra capacidad de escucha \u00e9tica. Se prioriz\u00f3 el ruido del debate pol\u00edtico por sobre el silencio necesario para comprender un dolor que Noelia resumi\u00f3 con una crudeza desgarradora:\u00a0<i>\u201csimplemente es que no puedo m\u00e1s\u201d<\/i>\u00a0(Rosas, 2026, p\u00e1rr. 10). Esta claudicaci\u00f3n ante el dolor podr\u00eda no ser un simple capricho, sino la manifestaci\u00f3n de un l\u00edmite ontol\u00f3gico y existencial. Cuando la vida se convierte en una sucesi\u00f3n de instantes dedicados exclusivamente a la gesti\u00f3n del padecimiento, la eutanasia se presenta no como un ataque a la vida, sino como el \u00faltimo gesto de custodia sobre la dignidad que le resta a esa existencia, un acto de \u201cjusticia\u201d hacia quien ya no encuentra en la biograf\u00eda m\u00e1s que la repetici\u00f3n del trauma.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, amigos m\u00edos, la partida de Noelia Castillo nos deja ante varios interrogantes que sacuden los cimientos de nuestra comunidad moral, bio\u00e9tica, legal y religiosa. No basta con legislar el final de la vida si no somos capaces de garantizar la calidad de la misma en sus momentos de mayor fragilidad. \u00bfHasta qu\u00e9 punto la demora judicial de 601 d\u00edas no constituye en s\u00ed misma una forma de maleficencia institucionalizada? \u00bfEs \u00e9tico que el Estado ofrezca la muerte como alivio definitivo cuando antes fue incapaz de ofrecer una vida libre de violencia y desamparo? \u00bfPuede una ley se eutanasia ser verdaderamente liberadora en un contexto de precariedad en salud mental y de cultura que huye del dolor como si fuera una falla t\u00e9cnica? \u00bfC\u00f3mo podemos asegurar que la petici\u00f3n de morir sea un acto genuino de libertad y no el \u00faltimo refugio frente al abandono o la incomprensi\u00f3n de un sistema que s\u00f3lo sabe medir la vida en latidos y no en sentidos?<\/p>\n<p>La verdadera compasi\u00f3n no reside \u00fanicamente en permitir la salida ni en prohibirla, sino en el rigor con el que examinamos las condiciones que hicieron que esa salida sea considerada la \u00fanica deseable. Queda pendiente la tarea de construir una esfera p\u00fablica que proteja el testimonio de quien la est\u00e1 pasando realmente mal, evitando que su dolor sea devorado por la maquinaria de la banalizaci\u00f3n y la polarizaci\u00f3n. Al final, el caso de Noelia nos susurra al o\u00eddo una pregunta: \u00bfestamos preparados para escuchar la palabra del otro con el cuidado que se merece, o preferimos convertir sus heridas en argumentos para nuestras propias certezas?<\/p>\n<p>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Arendt, H. (2007).\u00a0<em>Responsabilidad y juicio<\/em>. Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Butler, J. (2006).\u00a0<em>Vida precaria: El poder del duelo y la violencia<\/em>. Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe. (2020).\u00a0<em>Carta Samaritanus Bonus sobre el cuidado de las personas en las fases cr\u00edticas y terminales de la vida<\/em>. Libreria Editrice Vaticana.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Dussel, E. (1998).\u00a0<em>\u00c9tica de la Liberaci\u00f3n en la Edad de la Globalizaci\u00f3n y de la Exclusi\u00f3n<\/em>. Trotta.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Dworkin, R. (1994).\u00a0<em>El dominio de la vida: Una discusi\u00f3n acerca del aborto, la eutanasia y la libertad individual<\/em>. Ariel.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0El Pa\u00eds. (29 de marzo de 2026).\u00a0<em>Las heridas (y lecciones) que deja la eutanasia de Noelia Castillo<\/em>.\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/sociedad\/2026-03-29\/las-heridas-y-lecciones-que-deja-la-eutanasia-de-noelia-castillo.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/elpais.com\/sociedad\/2026-03-29\/las-heridas-y-lecciones-que-deja-la-eutanasia-de-noelia-castillo.html&amp;source=gmail&amp;ust=1775756592701000&amp;usg=AOvVaw32NiK37ZFhNFsu3yfmRxvX\">https:\/\/elpais.com\/sociedad\/<wbr \/>2026-03-29\/las-heridas-y-<wbr \/>lecciones-que-deja-la-<wbr \/>eutanasia-de-noelia-castillo.<wbr \/>html<\/a><\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Foucault, M. (2014).\u00a0<em>Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber<\/em>. Siglo XXI Editores. (Original publicado en 1976).<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Gracia, D. (2008).\u00a0<em>Fundamentos de Bio\u00e9tica<\/em>. Eudema.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Han, B-C. (2021).\u00a0<em>La sociedad paliativa: El dolor hoy<\/em>. Herder Editorial.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Juan Pablo II. (1995).\u00a0<em>Carta Enc\u00edclica Evangelium Vitae sobre el valor e inviolabilidad de la vida humana<\/em>. Tipograf\u00eda Pol\u00edglota Vaticana.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Kant, I. (2012).\u00a0<em>Fundamentaci\u00f3n para una metaf\u00edsica de las costumbres<\/em>\u00a0(R. R. Aramayo, Trad.). Alianza Editorial. (Original publicado en 1785).<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Le Breton, D. (1999).\u00a0<em>Antropolog\u00eda del dolor<\/em>. Seix Barral.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Mill, J. S. (2013).\u00a0<em>Sobre la libertad<\/em>\u00a0(P. de Azc\u00e1rate, Trad.). Alianza Editorial. (Original publicado en 1859).<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Rosas, P. (27 de marzo de 2026).\u00a0<em>Eutanasia de Noelia Castillo: \u00abElla sufri\u00f3 un calvario judicial que alargaron para enturbiar la situaci\u00f3n y asustar a los m\u00e9dicos\u00bb<\/em>. BBC Mundo.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.bbc.com\/mundo\/articles\/cj408jvkvldo\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.bbc.com\/mundo\/articles\/cj408jvkvldo&amp;source=gmail&amp;ust=1775756592701000&amp;usg=AOvVaw3UXKTVcphoqBPtLopNNH_k\">https:\/\/www.bbc.com\/mundo\/<wbr \/>articles\/cj408jvkvldo<\/a><\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Tronto, J. C. (2020).\u00a0<em>Cuidar: Democracia y \u00e9tica del cuidado<\/em>. Fundaci\u00f3n Pasqual Maragall \/ Herder.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u00abNo se trata de un derecho a la muerte, sino de un derecho a la propia vida, de la cual la muerte es el acto final\u00bb. Ronald Dworkin,\u00a0El dominio de la vida\u00a0(1994, p. 238). La muerte de Noelia Castillo va m\u00e1s all\u00e1 de la simple aplicaci\u00f3n de un protocolo administrativo o el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":464188,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"class_list":["post-464187","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/464187","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=464187"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/464187\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":464189,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/464187\/revisions\/464189"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/464188"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=464187"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=464187"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=464187"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}