{"id":464794,"date":"2026-04-17T06:00:43","date_gmt":"2026-04-17T10:00:43","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=464794"},"modified":"2026-04-17T15:15:34","modified_gmt":"2026-04-17T19:15:34","slug":"el-infanticidio-como-fracaso-de-la-razon-juridica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=464794","title":{"rendered":"El infanticidio como fracaso de la raz\u00f3n jur\u00eddica"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\"><em>\u201cEl Estado es el m\u00e1s fr\u00edo de todos los monstruos fr\u00edos. Es fr\u00edo incluso cuando miente; y \u00e9sta es la mentira que se desliza de su boca: &#8216;Yo, el Estado, soy el pueblo&#8217;\u201d<\/em>\u00a0Friedrich Nietzsche,\u00a0<em>As\u00ed habl\u00f3 Zaratustra<\/em>\u00a0(2011, p. 78)<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Cuando la historia no se traduce en aprendizaje \u00e9tico, transmuta en una circularidad macabra que devora a sus eslabones m\u00e1s d\u00e9biles. El reciente y doloroso asesinato de \u00c1ngel en la provincia de Chubut, Argentina, va m\u00e1s all\u00e1 de un episodio aislado o una anomal\u00eda estad\u00edstica, sino que se nos presenta como el s\u00edntoma de una patolog\u00eda profunda en la estructura del juicio institucional. Al igual que sucedi\u00f3 con Lucio Dupuy, nos hallamos ante una arquitectura judicial que, obnubilada por la corrupci\u00f3n y marcos ideol\u00f3gicos pat\u00e9ticos, parece haber postergado la observaci\u00f3n emp\u00edrica de los hechos en favor de una abstracci\u00f3n te\u00f3rica. Esta ceguera no es gratuita, en tanto que se trata de una negligencia con pretensiones de virtud pol\u00edtica que termina por entregar la vida de un ni\u00f1o a las manos de su verdugo bajo la apariencia de un \u201cderecho restituido\u201d.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La filosof\u00eda del derecho nos ha advertido largamente sobre los peligros de una justicia que se desvincula de la singularidad humana para servir a intereses categ\u00f3ricos. Michel Foucault, en su an\u00e1lisis sobre los mecanismos de poder, se\u00f1alaba c\u00f3mo las instituciones tienden a normalizar discursos que, en lugar de proteger al individuo, buscan validar una estructura de control o una narrativa pol\u00edtica imperante. En este sentido, la decisi\u00f3n de otorgar la custodia de \u00c1ngel a su madre- a pesar de las se\u00f1ales de alarma y la precariedad de los v\u00ednculos- resuena con la misma l\u00f3gica que sentenci\u00f3 la vida de Lucio: la prevalencia de un prejuicio de g\u00e9nero o de un romanticismo biol\u00f3gico por encima del principio de inter\u00e9s superior del ni\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta forma de ejercer el poder se inscribe en lo que Giorgio Agamben denominaba la gesti\u00f3n de la \u201cnuda vida\u201d, donde el sujeto queda reducido a un elemento biol\u00f3gico manipulable por el bando soberano de la ley. Al ignorar la biograf\u00eda del dolor que ya marcaba el cuerpo de estos ni\u00f1os, los jueces operaron desde una asepsia t\u00e9cnica que despoja al infante de su condici\u00f3n de persona para convertirlo en un objeto de transacci\u00f3n ideol\u00f3gica.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">En este punto, es imperativo cuestionar qu\u00e9 sucede en la psique de un magistrado cuando la evidencia del peligro es silenciada por el eco de un manual doctrinario. Hannah Arendt, al reflexionar sobre la naturaleza del mal, introdujo un concepto que hoy cobra una vigencia aterradora. Para ella, el mayor peligro no reside necesariamente en la maldad intr\u00ednseca, sino en la renuncia a la capacidad de pensar, es decir, en el cumplimiento autom\u00e1tico de una funci\u00f3n dentro de un apartado burocr\u00e1tico que ha perdido su norte moral:\u00a0<em>\u201cLo m\u00e1s grave en el caso de Eichmann era precisamente que hubo muchos hombres como \u00e9l, y que estos hombres no eran pervertidos ni s\u00e1dicos, sino que eran, y siguen siendo, terror\u00edficamente normales\u201d<\/em>\u00a0(Arendt, 2003, p. 418).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta \u201cnormalidad\u201d del funcionario in\u00fatil que se limita a aplicar la norma sin considerar las consecuencias vitales de su fallo es la que hoy enluta nuevamente a la sociedad argentina. Cuando la ideolog\u00eda destroza a la justicia, lo que queda es un cascar\u00f3n jur\u00eddico vac\u00edo, incapaz de distinguir entre la protecci\u00f3n de un derecho y la condena a muerte de un inocente. Retomando a Foucault en este punto, recordemos c\u00f3mo describe en su obra \u201cVigilar y castigar\u201d a un sistema penal y judicial que no busca necesariamente la verdad, sino la producci\u00f3n de una verdad que sea \u00fatil para el mantenimiento de un orden espec\u00edfico. Pues bien, en los casos de Lucio y \u00c1ngel, la utilidad buscada parece ser la validaci\u00f3n de un paradigma de deconstrucci\u00f3n de roles que, tr\u00e1gicamente, ignor\u00f3 completamente la pulsi\u00f3n destructiva real de las progenitoras.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La perversidad de este mecanismo radica en la infiltraci\u00f3n de la ideolog\u00eda de g\u00e9nero como un filtro que deforma la realidad f\u00e1ctica. Al presuponer una bondad ontol\u00f3gica o una superioridad moral inherente a una de las partes por su adscripci\u00f3n a un colectivo o identidad protegida por el relato oficial, la justicia abdica de su imparcialidad. Se produce entonces lo que Jean-Fran\u00e7ois Lyotard describir\u00eda como un \u201clitigio\u201d, donde la v\u00edctima no tiene un lenguaje para expresar su agravio porque las categor\u00edas de la ley han sido capturadas por el discurso dominante. En esta instancia, la ideolog\u00eda opera como un metarrelato totalitario que anula la evidencia cl\u00ednica y el sentido com\u00fan que logra que el magistrado no juzgue hechos, sino que se dedique a confirmar dogmas de moda.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta captura ideol\u00f3gica no se agota en el pestilente estrado, sino que se extiende hacia los auxiliares de la justicia, particularmente en el campo de la psicolog\u00eda pericial. El caso de \u00c1ngel, al igual que el de Lucio, pone de manifiesto c\u00f3mo el informe psicol\u00f3gico ha dejado de ser una herramienta de diagn\u00f3stico cl\u00ednico para convertirse en un instrumento de validaci\u00f3n doctrinaria. Cuando el psic\u00f3logo interviene desde una \u201cperspectiva\u201d pre-configurada, su mirada ya no busca el bienestar del ni\u00f1o, sino la armonizaci\u00f3n del caso con la agenda de g\u00e9nero dominante. Esta desprofesionalizaci\u00f3n implica una traici\u00f3n \u00e9tica sin precedentes en la que se genera una sustituci\u00f3n de la salud mental por la ingenier\u00eda social. Sigmund Freud, en \u201cEl malestar en la cultura\u201d, ya nos advert\u00eda sobre la fragilidad de los v\u00ednculos humanos frente a las pulsiones agresivas, se\u00f1alando que la cultura y sus leyes intentan- a menudo sin \u00e9xito- contener esta destructividad. Si el psic\u00f3logo ignora la peligrosidad latente de una madre o un entorno abusivo para no contradecir el relato de infalibilidad materna deconstruida, est\u00e1 cometiendo una negligencia criminal. Al negar esta cuota de agresividad instintiva en las progenitoras por razones ideol\u00f3gicas, la psicolog\u00eda forense se convierte en el c\u00f3mplice silencioso que abre la puerta al verdugo. La destrucci\u00f3n de la familia, entendida como el n\u00facleo de protecci\u00f3n primaria, se acelera cuando los peritos prefieren la comodidad del consenso pol\u00edtico antes que la aspereza de un informe que denuncie los peligros reales que rodean a la v\u00edctima.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Asimismo, es fundamental incorporar el aviso que realiz\u00f3 Jordan Peterson sobre la desintegraci\u00f3n de las estructuras jer\u00e1rquicas en la competencia y la verdad en favor de aquellas basadas meramente en el poder ideol\u00f3gico. Peterson sostiene que cuando una sociedad reemplaza el an\u00e1lisis objetivo de la conducta individual por categor\u00edas de identidad colectiva, el resultado es una ceguera moral que termina por victimizar a los m\u00e1s inocentes. Concretamente, en su obra \u201c12 reglas para vivir\u201d, nos dice que\u00a0<em>\u201csi no puedes entender por qu\u00e9 alguien hizo algo, mira las consecuencias de sus acciones y luego infiere sus motivaciones\u201d<\/em>\u00a0(Peterson, 2018, p. 145).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Si inferimos la motivaci\u00f3n de la justicia y sus peritos en los casos de \u00c1ngel y Lucio a trav\u00e9s de sus consecuencias \u2013el asesinato de dos ni\u00f1os-, descubrimos una voluntad de sacrificar la realidad en el altar del resentimiento ideol\u00f3gico. Peterson argumenta que las ideolog\u00edas son sustitutos simplistas del pensamiento complejo que permiten a las personas sentirse moralmente superiores sin asumir la responsabilidad de las consecuencias de sus creencias. En este sentido, la perversidad judicial y pericial no es solo un error t\u00e9cnico, sino una manifestaci\u00f3n de lo que Peterson describe como el deseo de \u201creescribir la estructura de la realidad\u201d para que encaje en una utop\u00eda dogm\u00e1tica, aunque ello implique ignorar el riesgo de muerte inminente.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta degradaci\u00f3n funcional del nefasto poder judicial convive con la impunidad que resulta aberrante para el ciudadano com\u00fan. La figura del juez y del perito, protegida por una estabilidad que deber\u00eda garantizar su independencia de juicio, se ha transformado en un escudo para la negligencia temeraria. Mientras que cualquier profesional debe responder ante la ley por su mala praxis, aquellos que entregan a un ni\u00f1o a sus asesinos parecen habitar en una dimensi\u00f3n de irresponsabilidad absoluta sin consecuencias. Esta ausencia de castigo no es s\u00f3lo un error o fallo administrativo, sino una traici\u00f3n al principio de igualdad: la sociedad contempla, entre la impotencia y el estupor, c\u00f3mo aquellos que deciden sobre la vida y la muerte permanecen a gusto en sus cargos, blindados por privilegios corporativos, mientras que las familias entierran a sus hijos.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El caso de \u00c1ngel expone con crudeza lo que algunos sectores ya definen como una \u201cdiscusi\u00f3n inc\u00f3moda\u201d pero ineludible: la existencia de fallos judiciales que, lejos de basarse en la sana cr\u00edtica, parecen redactados bajo la presi\u00f3n de un clima de \u00e9poca que penaliza el juicio de valor sobre la conducta materna. Esta tensi\u00f3n entre la protecci\u00f3n real y el cumplimiento de la consigna ideol\u00f3gica crea un vac\u00edo legal donde el ni\u00f1o queda completamente desamparado. La justicia, al intentar ser un motor de cambio social, olvida su funci\u00f3n primordial de preservaci\u00f3n de la vida, convirtiendo las sentencias en manifiestos que, parad\u00f3jicamente, terminan por ser sentencias de muerte.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La decadencia moral que subyace a estos casos tambi\u00e9n se manifiesta en la respuesta social y comunicativa. Existe una tendencia a la compartimentaci\u00f3n de la empat\u00eda, donde ciertos sectores temen denunciar la falla judicial por miedo a que dicha cr\u00edtica sea interpretada como un ataque a banderas ideol\u00f3gicas m\u00e1s amplias. Sin embargo, la justicia que se niega a reconocer sus propios errores bajo el pretexto de sostener un relato pol\u00edtico se convierte en c\u00f3mplice de la tragedia. La mirada de la ley sobre la infancia deber\u00eda ser, por definici\u00f3n, una mirada libre de apriorismos, un enfoque que comprenda que la vulnerabilidad de un ni\u00f1o de cuatro a\u00f1os no entiende de agendas, sino de protecci\u00f3n inmediata y efectiva.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">En este sentido, la recurrencia del patr\u00f3n- denuncias desestimadas, advertencias familiares ignoradas y una entrega final al entorno abusivo- sugiere que el sistema judicial padece una desconexi\u00f3n ontol\u00f3gica con la realidad. No se trata s\u00f3lo de falta de presupuesto o de personal, sino de una crisis grave de discernimiento. Al respecto, Emmanuel Levinas, al hablar de la \u00e9tica como \u201cfilosof\u00eda primera\u201d, sosten\u00eda que el encuentro con el rostro del \u201cOtro\u201d constituye una demanda de responsabilidad infinita que no puede ser eludida por ninguna ley general:\u00a0<em>\u201cEl rostro se me impone sin que yo pueda dejar de ser responsable de su miseria. La conciencia pierde su primac\u00eda. La presencia del rostro significa un orden\u201d<\/em>\u00a0(Levinas, 2015, p. 81).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El rostro de \u00c1ngel, como el de Lucio, era una apelaci\u00f3n \u00e9tica, un orden de protecci\u00f3n que el sistema eligi\u00f3 traducir a t\u00e9rminos administrativos, privandolo de su humanidad antes de que la violencia f\u00edsica terminara con su vida. El juez y la psic\u00f3loga, al desviar la mirada del rostro sufriente hacia el c\u00f3digo ideol\u00f3gico, rompieron el pacto fundacional de la justicia. La ideolog\u00eda, al colectivizar la culpa y la virtud, deshumaniza la singularidad del ni\u00f1o, trat\u00e1ndolo como una pieza de recambio en un experimento de ingenier\u00eda social. Peterson refuerza esta idea al advertir que cuando dejamos de tratar a las personas como individuos y empezamos a tratarlas como representantes de grupos, la crueldad se vuelve no solo posible, sino inevitable.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta impasividad social ante la persistencia de funcionarios judiciales degenerados en sus funciones es el s\u00edntoma final de una comunidad que ha perdido su instinto de autopreservaci\u00f3n moral. Una sociedad que tolera que sus magistrados decidan desde el prejuicio y no desde la evidencia, y que luego les permite permanecer impunes, es una comunidad que ha aceptado la barbarie como norma. La tolerancia ante la injusticia institucionalizada ha logrado erosionar los cimientos de la confianza p\u00fablica porque si el funcionario no responde por sus actos, el derecho se convierte en una farsa y la ley en un instrumento de tortura para quienes, en realidad, deber\u00eda defender.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u00bfC\u00f3mo es posible que, tras la conmoci\u00f3n nacional que supuso el caso de Lucio Dupuy, los resortes preventivos hayan fallado con tal exactitud en el caso de \u00c1ngel? La respuesta parece hallarse en la institucionalizaci\u00f3n de la indiferencia bajo el ropaje de la \u201cperspectiva\u201d. Si la perspectiva, cualquiera que sea, impide ver las lesiones en el cuerpito de un ni\u00f1o o el terror en su voz y su mirada, entonces ese enfoque ha dejado de ser una herramienta de justicia para convertirse en un instrumento al servicio de la opresi\u00f3n. La muerte de \u00c1ngel nos obliga a confrontar una verdad inc\u00f3moda: la decadencia moral no s\u00f3lo reside en quienes ejecutan el acto violento, sino en la pasividad reglamentada de quienes ten\u00edan el deber jur\u00eddico de evitarlo. El silencio en las oficinas judiciales y el ruido de las consignas abstractas se han fundido en una melod\u00eda f\u00fanebre que se repite. Mientras el derecho siga siendo un campo de batalla para la validaci\u00f3n de teor\u00edas en lugar de un refugio para la vida, seguiremos asistiendo al sacrificio de los m\u00e1s peque\u00f1os en el altar de la soberbia ideol\u00f3gica y el desinter\u00e9s pol\u00edtico.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta repetici\u00f3n de lo atroz nos sit\u00faa en un escenario de desamparo metaf\u00edsico. Cuando el Estado, que seg\u00fan la teor\u00eda del contrato social de Hobbes deber\u00eda ser el garante de la seguridad b\u00e1sica, se convierte en el facilitador de la agresi\u00f3n por omisi\u00f3n deliberada, el tejido mismo de la civilizaci\u00f3n se desgarra. No estamos ante un \u201cerror judicial\u201d en t\u00e9rminos procesales, estamos ante una perversi\u00f3n de la \u201cphronesis\u201d aristot\u00e9lica, esa prudencia que permite aplicar la ley universal al caso concreto con sabidur\u00eda y justicia.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Para cerrar, queridos lectores, s\u00f3lo nos queda preguntar: \u00bfhasta qu\u00e9 punto estamos dispuestos a sacrificar la evidencia de la realidad para mantener a salvo nuestras construcciones te\u00f3ricas? \u00bfQu\u00e9 nombre debemos darle a una justicia que, en su af\u00e1n de ser pol\u00edticamente correcta, termina siendo humanamente abyecta? La pregunta queda suspendida en el aire, all\u00ed donde el llanto de un ni\u00f1o no fue escuchado a tiempo por quienes tienen la obligaci\u00f3n de ser sus o\u00eddos y su voz. \u00bfSer\u00e1 \u00c1ngel el \u00faltimo nombre en esta lista de negligencias, o hemos aceptado ya, con resignaci\u00f3n cobarde, que la ideolog\u00eda tiene permiso de matar en nombre del \u201cprogreso\u201d? \u00bfEs la justicia un acto de protecci\u00f3n al d\u00e9bil o una simple gimnasia ret\u00f3rica para los poderosos de turno? \u00bfCu\u00e1nto tiempo m\u00e1s permitiremos que el mapa ideol\u00f3gico oculte el territorio del dolor ajeno y que la impunidad de los responsables sea el sello de nuestra decadencia?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u00bfPodremos alguna vez mirar a los ojos de estas v\u00edctimas sabiendo que nuestra pasividad fue su sentencia? La respuesta no est\u00e1 en ning\u00fan expediente, sino en la capacidad que nos queda, como sociedad, de volver a sentir el horror frente a lo injustificable y de exigir que la venda de la justicia no sea para no ver el dolor, sino para no discriminar el auxilio.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Agamben, G. (1998).\u00a0<em>Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida<\/em>. Pre-Textos.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Arendt, H. (2003).\u00a0<em>Eichmann en Jerusal\u00e9n. Un estudio sobre la banalidad del mal<\/em>\u00a0(12.\u00aa ed.). Lumen.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Foucault, M. (2002).\u00a0<em>Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisi\u00f3n<\/em>. Siglo XXI Editores.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Freud, S. (1992).\u00a0<em>El malestar en la cultura<\/em>. Alianza Editorial.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Levinas, E. (2015).\u00a0<em>\u00c9tica e infinito<\/em>. La balsa de la Medusa.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Lyotard, J.-F. (1988).\u00a0<em>La diferencia<\/em>. Gedisa.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Nietzsche, F. (2011).\u00a0<em>As\u00ed habl\u00f3 Zaratustra<\/em>\u00a0(Edici\u00f3n de bolsillo). Alianza Editorial.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Peterson, J. B. (2018).\u00a0<em>12 reglas para vivir. Un ant\u00eddoto al caos<\/em>. Planeta.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cEl Estado es el m\u00e1s fr\u00edo de todos los monstruos fr\u00edos. 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