{"id":469054,"date":"2026-06-22T06:40:37","date_gmt":"2026-06-22T10:40:37","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=469054"},"modified":"2026-06-22T10:37:16","modified_gmt":"2026-06-22T14:37:16","slug":"la-iglesia-y-la-posibilidad-de-volver-a-ser-12","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=469054","title":{"rendered":"La Iglesia y la posibilidad de \u201cvolver a ser 12\u201d"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><strong><em>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"right\"><i>\u201cDe la crisis actual surgir\u00e1 una Iglesia que habr\u00e1 perdido mucho. Se har\u00e1 peque\u00f1a, tendr\u00e1 que empezar todo de nuevo desde el principio\u201d<\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><i>Joseph Ratzinger, Fe y futuro (1970), p. 75.<\/i><\/p>\n<p>La formulaci\u00f3n del Papa Benedicto XVI acerca de una Iglesia que se hace peque\u00f1a no es un gesto nost\u00e1lgico por un pasado heroico ni por una f\u00f3rmula period\u00edstica destinada a excitar titulares llamativos. Es, antes bien, una hip\u00f3tesis eclesiol\u00f3gica que pretende describir una transformaci\u00f3n ontol\u00f3gica del cristianismo en la modernidad. Cuando Ratzinger afirma que la Iglesia \u201ctendr\u00e1 que empezar todo de nuevo desde el principio\u201d (Ratzinger, 1970, p. 75), no propone un retorno anacr\u00f3nico a estructuras ya desaparecidas, sino una relectura de la condici\u00f3n cristiana que prioriza la autenticidad del testimonio sobre la reproducci\u00f3n sociol\u00f3gica del \u201cpertenecer\u201d. La met\u00e1fora del \u201cdoce\u201d funciona aqu\u00ed como s\u00edmbolo: la medida no es estrictamente num\u00e9rica, sino existencial y apunta a la restauraci\u00f3n de una comunidad fundada en convicci\u00f3n y presencia sacramental, no en la hegemon\u00eda cultural.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p>Esta intuici\u00f3n se comprende mejor si se la sit\u00faa frente a la idea- dominante en ciertos tramos del siglo XX- de una Iglesia-masa, entendida como instituci\u00f3n que se autoafirma por su capacidad de integrar, administrar y representar amplios sectores sociales. Pues bien, Ratzinger diagnostica el agotamiento de ese modelo porque la secularizaci\u00f3n erosiona los procesos de transmisi\u00f3n cultural y convierte la fe en h\u00e1bito o en una opci\u00f3n entre otras. En consecuencia, la p\u00e9rdida de miembros no es, a sus ojo, un fracaso estad\u00edstico sino una depuraci\u00f3n, puesto que\u00a0<i>\u201cal disminuir el n\u00famero de sus fieles, perder\u00e1 tambi\u00e9n gran parte de sus privilegios sociales\u201d<\/i>\u00a0(Ratzinger, 1970, p. 75). Aqu\u00ed la cr\u00edtica no es utilitarista, sino que se trata de reivindicar una libertad de la Iglesia frente a los favores del poder, de re-enfocar la autoridad eclesial en la credibilidad del testimonio m\u00e1s que en la eficacia social y pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Su renuncia al papado en 2013 aparece, a la luz de esta l\u00ednea te\u00f3rica, como un gesto que debe leerse tanto en clave personal como eclesiol\u00f3gica. No puede reducirse a un efecto exclusivo del debilitamiento f\u00edsico, sino que es tambi\u00e9n la concreci\u00f3n de una convicci\u00f3n sobre la relaci\u00f3n entre el poder y la misi\u00f3n. Ratzinger hab\u00eda problematizado la hipertrofia administrativa del papado y la tensi\u00f3n que existe entre la figura del Pont\u00edfice como monarca absoluto y la llamada evang\u00e9lica a la pobreza y al servicio. En conversaci\u00f3n con Peter Seewald, sostuvo que\u00a0<i>\u201ccuando un Papa alcanza la clara conciencia de que ya no es f\u00edsica, mental y espiritualmente capaz de llevar a cabo el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en algunas circunstancias, el deber de dimitir\u201d\u00a0<\/i>(Benedicto XVI, 2010, p. 40). Tres anos antes de su renuncia, esta afirmaci\u00f3n anticipaba una prioridad estrictamente \u00e9tica: la salvaguarda de la misi\u00f3n por encima de la perpetuaci\u00f3n del cargo.<\/p>\n<p>Leer su renuncia como coherente con la profec\u00eda de 1969 implica ver en el gesto un desplazamiento simb\u00f3lico: del espect\u00e1culo de la acci\u00f3n visible hacia la labor de la pasi\u00f3n orante. Al retirarse al monasterio Mater Ecclesiae, Benedicto XVI no s\u00f3lo renunci\u00f3 a funciones ejecutivas; encarn\u00f3 una forma de autoridad que renuncia a la centralidad sociopol\u00edtica para sostener la Iglesia desde una presencia lit\u00fargica y contemplativa. En su \u00faltima audiencia general dijo que su decisi\u00f3n\u00a0<i>\u201cno revoca esto. No regreso a la vida privada [&#8230;] No abandono la cruz, sino que permanezco de una manera nueva junto al Se\u00f1or Crucificado\u201d<\/i>\u00a0(Benedicto XVI, \u00daltima Audiencia General, 27 de febrero de 2013). Ese\u00a0<i>\u201cpermanecer de una manera nueva\u201d<\/i>\u00a0es, por tanto, la pr\u00e1ctica personal de la minor\u00eda creativa: desplazarse del protagonismo medi\u00e1tico a la intensidad de la oraci\u00f3n que fertiliza la comunidad.<\/p>\n<p>No obstante, esta correspondencia entre teor\u00eda y gesto comporta matices que conviene se\u00f1alar. Por un lado, la renuncia introduce una \u201csecularizaci\u00f3n funcional\u201d del papado: si el ejercicio del pontificado se somete a criterios de capacidad f\u00edsica y administrativa, la figura papal puede verse despojada de su aura trascendente hasta el punto de asimilarla a la l\u00f3gica de un jefe ejecutivo cuya legitimidad depende de su eficacia. Esta asimetr\u00eda genera reparos leg\u00edtimos: despojar el oficio de un elemento de pertenencia puede abrir paso a instrumentalizaciones del cargo o a inestabilidades en la sucesi\u00f3n. Por otro lado, le\u00eddo desde la perspectiva ratzingeriana, el acto no es debilitamiento sino renuncia prof\u00e9tica: renunciar al monopolio de la presencia p\u00fablica para reconstruir la Iglesia sobre cimientos espirituales. As\u00ed, esa renuncia, en su intensidad, es tambi\u00e9n una pedagog\u00eda de la fragilidad que interpela a la comunidad: si el pastor manifiesta su precariedad voluntaria, invita a la Iglesia a comprender su fuerza en la d\u00e9bil fidelidad de sus miembros y no en la omnipotencia de su magistratura.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n entre riesgo y coherencia se hace visible en la pregunta por las consecuencias institucionales. Si la renuncia legitima la idea de una Iglesia peque\u00f1a sostenida por la oraci\u00f3n y la fidelidad, \u00bfc\u00f3mo encuadrar la exigencia de gobierno, de responsabilidad administrativa y de presencia p\u00fablica que el mundo contempor\u00e1neo demanda? Ratzinger fue consciente de esta antinomia porque su propuesta no abogaba por la renuncia total a la pol\u00edtica ni por la retirada del compromiso social, sino por una priorizaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n testimonial. La renuncia papal es, entonces, una llamada a repensar la competencia del liderazgo, en este caso, eclesial: menos tutela de poder, m\u00e1s servicio que posibilite la palabra cre\u00edble de la fe.<\/p>\n<p>A este debate se incorpora con fuerza la figura de Jorge Mario Bergoglio. La transici\u00f3n de la \u201cIglesia peque\u00f1a\u201d de Ratzinger a la \u201cIglesia en salida\u201d de Francisco represent\u00f3 uno de los giros dial\u00e9cticos m\u00e1s profundos en la historia reciente del catolicismo. No se trata de dos diagn\u00f3sticos contrapuestos sino de respuestas estrat\u00e9gicas distintas frente a una premisa compartida: la estructura eclesial heredada de la Cristiandad ya no funciona para la transmisi\u00f3n del mensaje en la posmodernidad. Francisco no ignoraba la profec\u00eda de la reducci\u00f3n, m\u00e1s bien, parece haberla tomado como punto de partida para una reformulaci\u00f3n pragm\u00e1tica. Si la intuici\u00f3n de Benedicto subrayaba la purificaci\u00f3n interior y la autenticidad del testimonio, la propuesta de Bergoglio traduc\u00eda esa p\u00e9rdida de masa en una exigencia misionera que rechazaba esa autorreferencialidad y buscaba las periferias como lugar teol\u00f3gico.<\/p>\n<p>La diferencia entre ambos papas se vuelve especialmente significativa cuando se compara su acento sobre identidad y misi\u00f3n. Ratzinger privilegiaba la identidad, la formaci\u00f3n y la pureza doctrinal como condici\u00f3n de credibilidad; Francisco pon\u00eda el \u00e9nfasis en llegar al herido y al excluido, en que las estructuras se transformen para ser cauces de evangelizaci\u00f3n y no instrumentos de auto-preservaci\u00f3n. Concretamente, en Evangelii gaudium escribi\u00f3:\u00a0<i>\u201cSue\u00f1o con una opci\u00f3n misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelizaci\u00f3n del mundo actual m\u00e1s que para la auto-preservaci\u00f3n\u201d<\/i>\u00a0(Francisco, 2013, n. 27). Es tremendamente revelador que ambos converjan en la cr\u00edtica de los \u201cprivilegios sociales\u201d y la burocratizaci\u00f3n, pese a que su respuesta pr\u00e1ctica diverge: una prioriza la purificaci\u00f3n interna, la otra reclama una conversi\u00f3n pastoral que haga cre\u00edble la pobreza evang\u00e9lica all\u00ed donde est\u00e1n quienes vagan al margen.<\/p>\n<p>Consecuentemente, la reforma de la Curia y la promulgaci\u00f3n de \u201cPraedicate evangelium\u201d muestran hasta qu\u00e9 punto Francisco tom\u00f3 medidas que, en t\u00e9rminos administrativos, son afines a la intuici\u00f3n ratzingeriana de que la Iglesia no debe funcionar como una corte. Al intentar convertir los dicasterios en \u00f3rganos de servicio y no en centros de poder, Bergoglio ejecut\u00f3 una traducci\u00f3n institucional de una idea compartida: si la Iglesia va a ser peque\u00f1a, su cabeza no puede sostener un aparato estatal pesado y anacr\u00f3nico. De igual manera, la apuesta por la sinodalidad aparece como una modalidad pr\u00e1ctica de responder a la \u201cIglesia de los doce\u201d, puesto que en contextos de escasez num\u00e9rica y de clero, la corresponsabilidad y el \u201ccaminar juntos\u201d devienen no s\u00f3lo desider\u00e1tum pastoral sino necesidad estructural. Como afirm\u00f3 en diversas ocasiones, la misi\u00f3n exige sinergias y la participaci\u00f3n de todos los miembros del Pueblo de Dios, lo que implica desplazar el centro de gravedad desde la c\u00faspide hacia la comunidad.<\/p>\n<p>En este punto, la enc\u00edclica \u201cLumen Fidei\u201d merece una atenci\u00f3n especial como documento de mediaci\u00f3n entre ambas perspectivas. Escrita con las dos manos que la historia puso sobre ella, la enc\u00edclica es un puente: inicia la trilog\u00eda sobre las virtudes teologales por Benedicto XVI y la culmina Francisco, de modo que la fe aparece all\u00ed como luz que gu\u00eda a un pueblo que camina en la fragilidad de la historia. Lumen Fidei recupera la preocupaci\u00f3n ratzingeriana por la verdad como encuentro y no como ideolog\u00eda:\u00a0<i>\u201cLa fe no es un refugio para gente pusil\u00e1nime, sino que ensancha la vida. Hace descubrir una gran llamada, la vocaci\u00f3n al amor, y asegura que este amor es digno de fe, que vale la pena entregarse a \u00e9l, porque su fundamento se halla en la fidelidad de Dios, que es m\u00e1s fuerte que nuestra fragilidad\u201d<\/i>\u00a0(Francisco \/ Benedicto XVI, 2013, n. 53). Al mismo tiempo, incorpora la impronta bergogliana, que sit\u00faa la fe como bien com\u00fan y como fuerza que edifica la ciudad humana:\u00a0<i>\u201cLa fe no s\u00f3lo se presenta como un camino, sino tambi\u00e9n como una edificaci\u00f3n, como el lugar donde el hombre puede vivir con los dem\u00e1s<\/i>\u00a0[&#8230;]\u00a0<i>La fe es un bien para todos, es un bien com\u00fan, su luz no luce s\u00f3lo dentro de la Iglesia ni sirve \u00fanicamente para construir una ciudad eterna en el m\u00e1s all\u00e1; nos ayuda a edificar nuestras sociedades\u201d<\/i>\u00a0(Francisco \/ Benedicto XVI, 2013, n. 51).<\/p>\n<p>Evidentemente, la contribuci\u00f3n ratzingeriana en Lumen Fidei enfatiza, asimismo, la humildad de la verdad, puesto que ella\u00a0<i>\u201cno se impone con la violencia, no aplasta a la persona. Al nacer del amor, puede llegar al coraz\u00f3n, al centro personal de cada hombre. Se comprende as\u00ed que la fe no sea intransigente, sino que crezca en el respeto de los dem\u00e1s\u201d<\/i>\u00a0(Francisco \/ Benedicto XVI, 2013, n. 34). Esta afirmaci\u00f3n se articula con la l\u00f3gica de la minor\u00eda creativa, en tanto que la verdad cristiana se propone y no atrae por coacci\u00f3n, sino por la fuerza del amor, y esa din\u00e1mica es la que justifica la preferencia por una comunidad peque\u00f1a, pero cre\u00edble.<\/p>\n<p>Otro concepto fundamental, propuesto por Ratzinger en el marco de esta discusi\u00f3n, es el de \u201cdictadura del relativismo\u201d. No era para \u00e9l un mero eslogan cultural sino el diagn\u00f3stico de una \u201cpatolog\u00eda de la raz\u00f3n\u201d que empuja al sujeto hacia la autarqu\u00eda del yo y contrae la apertura al otro y a la verdad trascendente. En la homil\u00eda \u201cpro eligendo pont\u00edfice\u201d de 2005 advirti\u00f3 que\u00a0<i>\u201cse va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como \u00faltima medida s\u00f3lo al propio yo y a sus antojos<\/i>\u00a0[&#8230;]\u00a0<i>Nosotros, en cambio, tenemos otra medida: el Hijo de Dios, el hombre verdadero. \u00c9l es la medida del verdadero humanismo\u201d<\/i>\u00a0(Ratzinger, 2005). Frente a esa dictadura, \u201cLumen Fidei\u201d propuso la fe como ant\u00edtesis y f\u00e1rmaco: ant\u00edtesis porque restaura el horizonte del sentido m\u00e1s all\u00e1 del yo; f\u00e1rmaco porque, mediante la experiencia del encuentro, cura la fragmentaci\u00f3n radical del sujeto moderno.<\/p>\n<p>Esta oposici\u00f3n entre la luz de la fe y la oscuridad del relativismo atraviesa toda la enc\u00edclica. \u201cLumen Fidei\u201d afirma que la fe no es una simple adhesi\u00f3n subjetiva sino una modalidad de conocimiento que permite \u201cver\u201d la trama unificadora de la realidad y lo hace con exactitud en su c\u00e9lebre formulaci\u00f3n:\u00a0<i>\u201cSi se quita la fe en Dios de nuestras ciudades, se debilita la confianza entre nosotros, pues quedar\u00edamos unidos s\u00f3lo por el miedo y el inter\u00e9s\u201d<\/i>\u00a0(Francisco \/ Benedicto XVI, 2013, n. 55). Desde esta perspectiva (ratzingeriana), la minor\u00eda creativa debe salvar esta pretensi\u00f3n de verdad en medio del escepticismo generalizado, porque la fe no es anti-racionalidad sino la expansi\u00f3n de la raz\u00f3n hacia el horizonte de sentido, el Logos que confronta el nihilismo resultante del relativismo absoluto posmoderno.<\/p>\n<p>Lo esencial de la denuncia ratzingeriana es que el relativismo act\u00faa de manera dictatorial porque estigmatiza y margina a quien afirma una verdad trascendente, tild\u00e1ndolo de intolerante; la respuesta, seg\u00fan \u00e9l, no ha de ser la agresi\u00f3n pol\u00edtica, sino la evidencia gozosa del testimonio. Una minor\u00eda que vive a la luz de la fe se convierte inmediatamente en atracci\u00f3n epistemol\u00f3gica y humana: su poder no es coercitivo, sino propositivo. Por \u00faltimo, Lumen Fidei articula esa evidencia cuando remarca que la fe nace del encuentro y se transmite\u00a0<i>\u201cde contacto en contacto\u201d<\/i>\u00a0(n. 37), lo que sit\u00faa la evangelizaci\u00f3n en la esfera de la credibilidad personal m\u00e1s que en la hegemon\u00eda institucional.<\/p>\n<p>No obstante, esta estrategia terap\u00e9utica plantea problemas reales. La lucha contra la dictadura progre del relativismo a trav\u00e9s de la luz de la fe choca con una sensibilidad cultural que confunde verdad con imposici\u00f3n. Si la verdad es condici\u00f3n de libertad, pero la sociedad posmoderna la identifica con \u201cdogmatismo\u201d, el di\u00e1logo corre riesgo de quedar frustrado de antemano. Adem\u00e1s, si la fe pretende ser \u201cluz de la ciudad\u201d cuando la Iglesia ha perdido autoridad institucional, surge la pregunta por la eficacia comunicativa: \u00bfpuede una minor\u00eda, por m\u00e1s creativa que sea, recuperar la confianza necesaria para que su testimonio sea escuchado como medicina y no como proselitismo?<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, queridos lectores, queda por decir que la convergencia de Ratzinger y Francisco en temas como la p\u00e9rdida de privilegios y la necesidad de credibilidad encuentra en \u201cLumen Fidei\u201d un punto de encuentro: la fe como luz frente a la dictadura del relativismo. Sin embargo, el remedio propuesto- una minor\u00eda creativa que testimonie la verdad en la periferia- exige una ingenier\u00eda moral e institucional formidable: formaci\u00f3n, paciencia y una \u00e9tica del encuentro que no confunda convicci\u00f3n con coerci\u00f3n. \u00bfEs posible en nuestras sociedades proponer una verdad que no sea entendida como poder? \u00bfPuede esa minor\u00eda sostenerse sin convertirse en una \u00e9lite separada, o la \u00fanica v\u00eda para sobrevivir es convertirse en levadura social a trav\u00e9s de obras y palabras? Estas preguntas siguen abiertas y requieren que la Iglesia asuma la tensi\u00f3n sin buscar atajos: la luz que cura el relativismo exige, simult\u00e1neamente, humildad y valent\u00eda.<\/p>\n<p><b>Referencias bibliogr\u00e1ficas y fuentes consultadas<\/b><\/p>\n<p>Benedicto XVI. (2010). Luz del mundo. Conversaciones con Peter Seewald. Barcelona: Herder. (p. 40).<br \/>\nBenedicto XVI. (2013, 27 de febrero). \u00daltima Audiencia General.<br \/>\nFrancisco. (2013). Evangelii gaudium. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. n. 27.<br \/>\nFrancisco \/ Benedicto XVI. (2013). Lumen Fidei. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana. (nn. 34, 37, 51, 53, 55).<br \/>\nFrancisco. (2015). Discurso en la conmemoraci\u00f3n del 50 aniversario de la instituci\u00f3n del S\u00ednodo de los Obispos.<br \/>\nRatzinger, J. (1970). Fe y futuro (Glaube und Zukunft). Salamanca: S\u00edgueme. (p\u00e1gs. 75\u201377).<br \/>\nRatzinger, J. (2005). Homil\u00eda en la Bas\u00edlica de San Pedro. 18 de abril.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cDe la crisis actual surgir\u00e1 una Iglesia que habr\u00e1 perdido mucho. Se har\u00e1 peque\u00f1a, tendr\u00e1 que empezar todo de nuevo desde el principio\u201d Joseph Ratzinger, Fe y futuro (1970), p. 75. 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