{"id":469786,"date":"2026-07-03T06:50:55","date_gmt":"2026-07-03T10:50:55","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=469786"},"modified":"2026-07-03T12:48:58","modified_gmt":"2026-07-03T16:48:58","slug":"venezuela-como-escenario-del-verdadero-superhombre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=469786","title":{"rendered":"Venezuela como escenario del verdadero \u201cSuperhombre\u201d"},"content":{"rendered":"<p><em><strong>Por<span style=\"color: #ff0000;\"> Lisandro Prieto<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\"><em>\u00abTodos somos responsables de todo y de todos ante todos, y yo m\u00e1s que todos los otros\u00bb.\u00a0\u00a0Emmanuel Levinas (1991, p. 86)<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: left;\">Como planteamos en nuestro anterior art\u00edculo, cuando la tierra se estremece, no s\u00f3lo se abren grietas en el asfalto o colapsan los cimientos de los rascacielos, sino que tambi\u00e9n se fracturan las estructuras conceptuales sobre las cuales edificamos nuestras certezas cotidianas. El doble terremoto que sacudi\u00f3 a nuestros hermanos venezolanos el pasado 24 de junio, dejando a su paso un rastro desolador de destrucci\u00f3n, p\u00e9rdidas irreparables y miles de personas sepultadas bajo el peso de su propia historia material, constituy\u00f3 mucho m\u00e1s que un desastre geol\u00f3gico. Se trat\u00f3 de un quiebre de car\u00e1cter existencial. Bajo la pesadumbre del cemento demolido en el Estado de La Guaira y en el coraz\u00f3n de Caracas, la vieja pregunta sobre qu\u00e9 es lo que verdaderamente sostiene al ser humano cuando todo lo construido se desmorona volvi\u00f3 a emerger con una urgencia hiriente. En estos instantes de desamparo absoluto, donde la t\u00e9cnica y el estatus se revelan in\u00fatiles, surge la necesidad de interrogar la esencia de nuestra fuerza y de cuestionar si las filosof\u00edas de poder individualista realmente nos sirven para habitar el abismo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La tradici\u00f3n intelectual de Occidente ha intentado, con frecuencia, resolver la fragilidad de nuestra condici\u00f3n mediante una apelaci\u00f3n a la trascendencia del individuo, a una suerte de autoafirmaci\u00f3n indomable frente a la hostilidad del entorno. Fue Friedrich Nietzsche quien, sirvi\u00e9ndose de la voz de su profeta de la monta\u00f1a, proclam\u00f3 ante una multitud desatenta una de las sentencias m\u00e1s influyentes del pensamiento moderno cuando en su obra maestra \u201cAs\u00ed habl\u00f3 Zaratustra\u201d afirm\u00f3:\u00a0<em>\u201cYo os ense\u00f1o el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. \u00bfQu\u00e9 hab\u00e9is hecho para superarlo?\u201d<\/em>\u00a0(Nietzsche, 1981, p. 34). Esta exhortaci\u00f3n, que hist\u00f3ricamente ha sido interpretada bajo la \u00f3ptica de la dominaci\u00f3n, del triunfo del yo sobre las circunstancias y de una voluntad de poder que se impone sobre la supuesta debilidad ajena, parece tambalearse cuando se la confronta con el polvo asfixiante de una cat\u00e1strofe real. El superhombre, entendido como un tit\u00e1n solitario, una escultura de autosuficiencia ego\u00edsta que desprecia la vulnerabilidad com\u00fan, carece de herramientas para escarbar entre los escombros. Su voluntad de se\u00f1or\u00edo se vuelve muda frente al dolor de un familiar atrapado en la oscuridad, pues la fuerza desprovista de compasi\u00f3n es incapaz de abajarse para rescatar aquello que considera inferior.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Los l\u00edmites \u00e9ticos del precitado paradigma de la autoafirmaci\u00f3n ego\u00edsta se manifestaron con claridad perturbadora en el propio escenario de la tragedia de Catia La Mar. En medio de la desesperaci\u00f3n colectiva, cuatro basuras con el cargo de agentes del Cuerpo de Investigaciones Cient\u00edficas, Penales y Criminal\u00edsticas, decidieron desviar su misi\u00f3n de asistencia humanitaria para apropiarse de dinero en efectivo de color verde que yac\u00eda entre las ruinas de las viviendas derrumbadas (Clar\u00edn, 2026). Este acto despiadado, que desat\u00f3 una honda indignaci\u00f3n a nivel internacional, revela la cara m\u00e1s l\u00fagubre de una existencia que asume la vida como un espacio de conquista individualista y supervivencia del m\u00e1s apto. Estas escorias, que usaron su uniforme no para proteger sino para saquear el dolor ajeno, encarnan a la perfecci\u00f3n lo que el propio fil\u00f3sofo alem\u00e1n denomin\u00f3 el\u00a0<em>\u201c\u00faltimo hombre\u201d<\/em>, ese ser que busca el provecho inmediato, el confort y la minimizaci\u00f3n del riesgo a costa de lo que sea, reduciendo la existencia a un fr\u00edo c\u00e1lculo de beneficio personal. Su acci\u00f3n dista de ser una simple infracci\u00f3n penal, sino que representa la degradaci\u00f3n ontol\u00f3gica que ocurre cuando la alteridad es anulada y el sufrimiento del otro es visto meramente como una oportunidad para el lucro individual.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta degradaci\u00f3n moral se proyect\u00f3 de manera sistem\u00e1tica sobre las ruinas, acentuando el contraste entre la rapacidad de estos carro\u00f1eros y el desamparo digno de la ciudadan\u00eda sufriente. En La Guaira, las denuncias contra uniformados por sustraer divisas de los hogares destruidos desataron una ira popular tan honda que los propios testigos de la tragedia arrebataron los billetes de las manos de las \u201cautoridades\u201d policiales para romperlos p\u00fablicamente ante la mirada at\u00f3nita de los transe\u00fantes (La Naci\u00f3n, 2026). Como podr\u00e1n apreciar, queridos lectores, con esta escena resplandece el gesto colectivo genuino, que prefiere aniquilar el valor de cambio antes que permitir que se alimente de la carro\u00f1a del desastre, una insubordinaci\u00f3n \u00e9tica realmente formidable. Al mismo tiempo, mientras las fuerzas del orden abdicaban de su cometido fundamental, la orfandad de los sobrevivientes se agudizaba ante la parsimonia de la burocracia asesina. Testimonios desgarradores como el del rescatista voluntario Miguel Poleo, quien buscaba febrilmente a sus seres queridos bajo el polvo de Caraballeda, exponen la crudeza de esta desidia con palabras desesperadas:\u00a0<em>\u201cHace d\u00edas avisamos que hay sobrevivientes. Tocan, piden ayuda, pero vienen un rato y se van. No colaboran\u201d<\/em>\u00a0(La Naci\u00f3n, 2026). Esta inacci\u00f3n c\u00f3mplice y la instrumentalizaci\u00f3n de la muerte por parte de la estructura estatal reafirman que la l\u00f3gica de dominaci\u00f3n del individuo autosuficiente, cuando se enquista en las instituciones, deshumaniza por completo las bases de la convivencia.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Frente a esa penumbra moral, el verdadero sentido de la superaci\u00f3n humana se abri\u00f3 paso en el mismo escenario, aunque a trav\u00e9s de una direcci\u00f3n opuesta y luminosa. Durante m\u00e1s de ciento catorce horas consecutivas, un contingente de rescatistas de diversas nacionalidades, entre los que destacaron brigadistas de Argentina, Costa Rica, El Salvador, Chile, M\u00e9xico y otros pa\u00edses- uni\u00f3 sus fuerzas en una faena milim\u00e9trica que desafiaba las leyes de la fatiga (La Voz del Interior, 2026). El objetivo de este descomunal despliegue, que implic\u00f3 la remoci\u00f3n manual de m\u00e1s de ciento cuarenta toneladas de escombros inestables, era devolver a la superficie a Hern\u00e1n Gil, un guardia de seguridad de 43 a\u00f1os que permaneci\u00f3 atrapado durante 8 d\u00edas en la garita sepultada en un centro comercial (El Pa\u00eds, 2026). Quienes se adentraron en aquellos espacios claustrof\u00f3bicos donde nadie se atrev\u00eda a ingresar, arriesgando su propia integridad por salvar la vida de un extra\u00f1o, no operaban bajo la l\u00f3gica de la dominaci\u00f3n o de la supremac\u00eda del yo. Por el contrario, su hero\u00edsmo se funda en una entrega extrema, un vaciamiento de s\u00ed mismos para sostener la existencia amenazada del \u201cotro\u201d.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta constelaci\u00f3n de voluntades nobles desarma la noci\u00f3n de frontera geopol\u00edtica, demostrando que la proximidad \u00e9tica no se constri\u00f1e a la cercan\u00eda f\u00edsica ni a las adscripciones ideol\u00f3gicas o pol\u00edticas. El llamado del rostro sufriente posee la fuerza de suspender las distancias continentales para movilizar conciencias en tareas que, a\u00fan estando desprovistas de la espectacularidad de los t\u00faneles de rescate, resultan indispensables para sostener la vida. En M\u00e9xico, por ejemplo, colectivos de la sociedad civil como la Brigada de Rescate Topos formularon una convocatoria urgente a la ciudadan\u00eda para sumarse a los centros de acopio en Iztapalapa y Benito Ju\u00e1rez con la finalidad de clasificar, etiquetar y embalar las toneladas de insumos m\u00e9dicos y de primeros auxilios destinadas al puente humanitario (Infobae, 2026). Al instar a la comunidad bajo la premisa de que\u00a0<em>\u201ctu tiempo puede hacer la diferencia para que la ayuda llegue de forma organizada y oportuna a quienes m\u00e1s lo necesitan\u201d<\/em>\u00a0(Topos M\u00e9xico, citado en Infobae, 2026), se evidencia que la responsabilidad por el otro se ejerce tanto en la oscuridad asfixiante de una fosa de concreto como en la meticulosa y callada organizaci\u00f3n de una caja de v\u00edveres a miles de kil\u00f3metros. Esta microf\u00edsica del cuidado, coordinada por ciudadanos comunes que donan su tiempo bajo la \u00fanica consigna de la compasi\u00f3n, hila un tejido \u00e9tico invisible que rompe la autarqu\u00eda individualista y envuelve la fragilidad del semejante en una red transnacional de amparo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Semejante entrega nos obliga a redefinir el concepto de \u201cpoder\u201d. La fuerza aut\u00e9ntica del ser humano no se halla en su capacidad para elevarse por encima de los dem\u00e1s o para someter la naturaleza a su capricho, sino en el acto \u00e9tico de la responsabilidad incondicional. En su obra cl\u00e1sica sobre los v\u00ednculos humanos, \u201cEl arte de amar\u201d, Erich Fromm nos explic\u00f3 que el amor, lejos de ser un sentimiento pasivo en el que simplemente se cae por azar, constituye\u00a0<em>\u201cun poder activo en el hombre; un poder que rompe las paredes que separan al hombre\u00a0\u00a0de sus semejantes, que lo une con los dem\u00e1s\u201d<\/em>\u00a0(Fromm, 1959, p. 28). Este poder activo, que se manifiesta en la solidaridad inquebrantable de los rescatistas que cavaron t\u00faneles en la oscuridad para suministrar agua y aire al sobreviviente con una jeringa, es el \u00fanico que verdaderamente nos arranca de la insignificancia. Se trata de una fuerza que no est\u00e1 buscando el aplauso, los likes en las redes sociales ni el enriquecimiento, sino que responde al llamado imperativo de una vida que pende de un hilo. Si eso no es ser un superh\u00e9roe, \u00bfentonces qu\u00e9 es?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La precitada persistencia de la entrega adquiere un cariz a\u00fan m\u00e1s estremecedor all\u00ed donde la vida ya ha sido apagada por el desastre, revelando que el imperativo \u00e9tico excede incluso los l\u00edmites de la supervivencia biol\u00f3gica. En la parroquia de San Bernardino, bajo las ruinas del desplomado edificio Rita, la labor de rescate no se orienta hacia el j\u00fabilo de un milagro sonoro, sino hacia la callada gravedad de la p\u00e9rdida absoluta. Un informe de prensa internacional detalla c\u00f3mo decenas de voluntarios, estudiantes y vecinos remueven con desesperaci\u00f3n toneladas de mamposter\u00eda inestable con la penosa tarea de recuperar restos humanos de una estructura donde, de manera tr\u00e1gica,\u00a0<em>\u201cm\u00e1s del 90% de quienes estaban all\u00ed murieron\u201d<\/em>\u00a0(Infobae, 2026). \u00bfQu\u00e9 impulsa a un ser humano a descender a esos s\u00f3tanos asfixiantes, rodeados por el olor a descomposici\u00f3n y el riesgo de nuevos colapsos, cuando la esperanza del latido se ha desvanecido por completo? En este punto, el desinter\u00e9s \u00e9tico se depura de cualquier rastro de utilitarismo pragm\u00e1tico. Recuperar un cuerpo sin vida no genera gratitud ni ofrece un beneficio tangible al rescatista, pero constituye, sin embargo, el acto supremo de dignificaci\u00f3n del \u201cotro\u201d, la afirmaci\u00f3n de que ese ser humano no ser\u00e1 abandonado al olvido o a la asimilaci\u00f3n muda del escombro que ser\u00e1 arrastrado eventualmente por las m\u00e1quinas.\u00a0\u00a0La porf\u00eda silenciosa en San Bernardino se revela as\u00ed como una extensi\u00f3n profunda de esa misma solidaridad extrema, demostrando que el v\u00ednculo ontol\u00f3gico no se quiebra ni siquiera ante el umbral de la muerte.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">A la luz de estas acciones hermosas y desesperadas, la filosof\u00eda de Emmanuel Levinas nos proporciona una clave hermen\u00e9utica crucial para comprender que el acceso al misterio del ser no se realiza mediante la contemplaci\u00f3n te\u00f3rica o la afirmaci\u00f3n del propio ego, sino en el encuentro con el rostro del otro en su extrema precariedad. El rostro del herido, del sepultado, e incluso el rostro ausente de quien ha perecido, nos interpela de manera ineludible y previa a cualquier decisi\u00f3n racional. En su obra \u201cHumanismo del otro hombre\u201d, el pensador de origen lituano sostiene que la subjetividad humana nace precisamente en ese instante en que nos descubrimos rehenes del sufrimiento del pr\u00f3jimo, obligados a responder por \u00e9l sin esperar nada a cambio. Al escuchar la voz de un sobreviviente o al buscar los restos silenciados bajo toneladas de ladrillos, quienes remueven las piedras no se enfrentan a un obst\u00e1culo t\u00e9cnico que resolver, sino a una demanda \u00e9tica inalienable que exige una respuesta inmediata. El verdadero \u201csuperhombre\u201d no es, por tanto, el conquistador nietzscheano que se desentiende de la fragilidad del mundo para esculpir su propio destino de poder, sino aquel que asume la carga inasumible del dolor ajeno y descubre que su libertad m\u00e1s alta radica en su capacidad de sustituir, de hacerse responsable de la vida del otro hasta el l\u00edmite de sus propias fuerzas f\u00edsicas, an\u00edmicas y espirituales. De hecho, en el texto citado, el autor plantea que\u00a0<em>\u201cel hombre libre est\u00e1 consagrado al pr\u00f3jimo, nadie puede salvarse sin los otros. El dominio reservado del alma no se cierra desde el interior\u201d\u00a0<\/em>(Levinas, 2005, p. 110).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La tragedia de Venezuela se nos presenta como un espejo implacable de nuestro tiempo. Nos sit\u00faa frente a una disyuntiva radical: podemos elegir el camino de la rapi\u00f1a moral y del individualismo mezquino que carcome los despojos entre los escombros, o podemos abrazar la herida del mundo y reconocer que nuestra \u00fanica posibilidad de trascender estriba en el lazo de la solidaridad incondicional. Aquellos hombres y mujeres que doblaron sus espaldas bajo el sol para levantar vigas y cascotes nos demostraron que el amor extremo, la empat\u00eda que se niega a claudicar ante el cansancio y el dolor compartido, constituyen el verdadero y \u00fanico \u201cs\u00faper-poder\u201d del que dispone nuestra especie. No hay mayor altura filos\u00f3fica que aquella que se alcanza de rodillas, con las manos ensangrentadas por el roce de la piedra y el acero, intentando devolver el aliento o la identidad a quien la tierra y la desidia pol\u00edtica pretend\u00edan devorar.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Al final, cuando las r\u00e9plicas del sismo cesen y el polvo vuelva a asentarse sobre las costas, nos quedar\u00e1 la memoria de una humanidad que se neg\u00f3 a quebrarse bajo el peso del ego\u00edsmo. El milagro de la supervivencia de Hern\u00e1n Gil o la dignificaci\u00f3n de las v\u00edctimas de San Bernardino superan ampliamente lo que podamos entender como \u201ctriunfos\u201d t\u00e9cnicos, forenses o de ingenier\u00eda de rescate, porque son el testimonio viviente de que somos seres constituidos para el encuentro, de que existimos porque hay otros dispuestos a no dejarnos morir en soledad o en el silencio de las ruinas. Si la herida del otro no nos conmueve, si somos capaces de contemplar el dolor ajeno sin sentir que nuestros propios cimientos se tambalean, entonces la verdadera cat\u00e1strofe ya ha ocurrido en nuestro interior, mucho antes de que la tierra comenzara a temblar.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">\u00bfQu\u00e9 es, entonces, lo que verdaderamente nos otorga la condici\u00f3n de humanos en un mundo indiferente y hostil? \u00bfSeguiremos midiendo nuestra grandeza por la altura de las torres que edificamos y por el poder que acumulamos para dominarnos mutuamente, o seremos capaces de comprender que el \u00fanico abismo insuperable es aquel que abrimos cuando le damos la espalda al rostro del que sufre y clama? Si el verdadero superhombre es aquel que sostiene el peso del mundo con los brazos de la solidaridad, \u00bfno ser\u00e1 que nuestra obstinada b\u00fasqueda de pol\u00edticos salvadores y h\u00e9roes de ficci\u00f3n es s\u00f3lo el s\u00edntoma de nuestra cobard\u00eda para asumir la inmensa responsabilidad de amarnos los unos a los otros entre las ruinas del presente?<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\"><strong>Referencias bibliogr\u00e1ficas y fuentes consultadas<\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Clar\u00edn. (1 de julio de 2026). La indignaci\u00f3n de los rescatistas en Venezuela al descubrir a un polic\u00eda que se robaba d\u00f3lares de los escombros.\u00a0<em>Clar\u00edn<\/em>.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.clarin.com\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.clarin.com&amp;source=gmail&amp;ust=1783183526728000&amp;usg=AOvVaw3J1xsZnYXUYQZNC9Jrfy_S\">https:\/\/www.clarin.com<\/a><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Deutsche Welle. (2 de julio de 2026). Un sobreviviente es rescatado en Venezuela ocho d\u00edas tras los terremotos.\u00a0<em>DW<\/em>.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.dw.com\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.dw.com&amp;source=gmail&amp;ust=1783183526728000&amp;usg=AOvVaw0Hiz46T3ae-vpXpZUceRpa\">https:\/\/www.dw.com<\/a><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El Pa\u00eds. (2 de julio de 2026). Medio mundo al rescate de Hern\u00e1n: m\u00e1s de 100 personas de 10 pa\u00edses tratan de salvar a un venezolano tras una semana bajo los escombros.\u00a0<em>El Pa\u00eds<\/em>.\u00a0<a href=\"https:\/\/elpais.com\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/elpais.com&amp;source=gmail&amp;ust=1783183526728000&amp;usg=AOvVaw0xkwHLXMMr62XTTDA6JDIf\">https:\/\/elpais.com<\/a><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Fromm, E. (1959).\u00a0<em>El arte de amar<\/em>. Editorial Paid\u00f3s.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Infobae. (2 de julio de 2026). Infobae en Venezuela: voluntarios trabajan para recuperar restos humanos entre los escombros de un ic\u00f3nico edificio: \u201cM\u00e1s del 90% de quienes estaban aqu\u00ed murieron\u201d.\u00a0<em>Infobae<\/em>.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.infobae.com\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.infobae.com&amp;source=gmail&amp;ust=1783183526728000&amp;usg=AOvVaw005_24PhSOHwK1XjZkgOkU\">https:\/\/www.infobae.com<\/a><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Infobae. (2 de julio de 2026). Topos M\u00e9xico solicita voluntarios para centros de acopio para enviar ayuda humanitaria a Venezuela.\u00a0<em>Infobae<\/em>.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.infobae.com\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.infobae.com&amp;source=gmail&amp;ust=1783183526728000&amp;usg=AOvVaw005_24PhSOHwK1XjZkgOkU\">https:\/\/www.infobae.com<\/a><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La Naci\u00f3n. (1 de julio de 2026). Voluntarios buscan sobrevivientes del terremoto en Venezuela y denuncian a polic\u00edas por saquear edificios destruidos.\u00a0<em>La Naci\u00f3n<\/em>.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.lanacion.com.ar\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.lanacion.com.ar&amp;source=gmail&amp;ust=1783183526728000&amp;usg=AOvVaw2xEsSf7xpDTLreiHre2nYV\">https:\/\/www.lanacion.com.ar<\/a><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La Voz del Interior. (26 de junio de 2026). Rescatistas cordobeses salvan vidas en el desastre de Venezuela: \u00abIngresamos a lugares donde no se animan\u00bb.\u00a0<em>La Voz<\/em>.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.lavoz.com.ar\/\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.lavoz.com.ar&amp;source=gmail&amp;ust=1783183526728000&amp;usg=AOvVaw081pKt951stSARqfWyMsUl\">https:\/\/www.lavoz.com.ar<\/a><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Levinas, E. (1991).\u00a0<em>\u00c9tica e infinito<\/em>\u00a0(P. Nemo, Entrevistador). Editorial Visor.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Levinas, E. (2005).\u00a0<em>Humanismo del otro hombre<\/em>\u00a0(D. E. Guillot, Trad.). Siglo XXI Editores.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Nietzsche, F. (1981).\u00a0<em>As\u00ed habl\u00f3 Zaratustra: Un libro para todos y para nadie<\/em>\u00a0(9.\u00aa ed.). Alianza Editorial.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u00abTodos somos responsables de todo y de todos ante todos, y yo m\u00e1s que todos los otros\u00bb.\u00a0\u00a0Emmanuel Levinas (1991, p. 86) Como planteamos en nuestro anterior art\u00edculo, cuando la tierra se estremece, no s\u00f3lo se abren grietas en el asfalto o colapsan los cimientos de los rascacielos, sino que tambi\u00e9n se fracturan [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":469406,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_bbp_topic_count":0,"_bbp_reply_count":0,"_bbp_total_topic_count":0,"_bbp_total_reply_count":0,"_bbp_voice_count":0,"_bbp_anonymous_reply_count":0,"_bbp_topic_count_hidden":0,"_bbp_reply_count_hidden":0,"_bbp_forum_subforum_count":0,"footnotes":""},"categories":[33],"tags":[],"class_list":["post-469786","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-opinion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/469786","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=469786"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/469786\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":469787,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/469786\/revisions\/469787"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/469406"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=469786"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=469786"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/primermomento.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=469786"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}