{"id":473608,"date":"2026-09-11T06:30:05","date_gmt":"2026-09-11T10:30:05","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=473608"},"modified":"2026-09-11T12:02:07","modified_gmt":"2026-09-11T16:02:07","slug":"el-11s-y-las-mentiras-que-matan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=473608","title":{"rendered":"El 11s y las \u201cMentiras que matan\u201d"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\" align=\"right\"><em><strong>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p align=\"right\"><i>\u00abToda la vida de las sociedades en las que reinan las condiciones modernas de producci\u00f3n se anuncia como una inmensa acumulaci\u00f3n de espect\u00e1culos. Todo lo que antes era vivido directamente se ha alejado en una representaci\u00f3n\u00bb<br \/>\n<\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><i>Guy Debord,\u00a0<\/i><em>La sociedad del espect\u00e1culo<\/em><i>\u00a0(2002, p. 37).<\/i><\/p>\n<p>Pocas veces el s\u00e9ptimo arte ha logrado anticipar de manera tan precisa las fisuras en el r\u00e9gimen de la verdad de la posmodernidad como cuando Barry Levinson estren\u00f3 su obra titulada \u201cWag the dog\u201d (\u201c<em>Mentiras que matan\u201d<\/em>) en 1997. Aquella s\u00e1tira cinematogr\u00e1fica presentaba un escenario donde un asesor pol\u00edtico y un productor de Hollywood dise\u00f1an una guerra ficticia en Albania para desplazar un esc\u00e1ndalo presidencial del centro del debate p\u00fablico. La hip\u00f3tesis parec\u00eda entonces una caricatura audaz sobre el cinismo medi\u00e1tico. Sin embargo, apenas cuatro a\u00f1os despu\u00e9s, las im\u00e1genes en tiempo real de las Torres Gemelas desplom\u00e1ndose en Nueva York fracturaron la delgada frontera entre la producci\u00f3n audiovisual y la historia global. El horror del 11 de septiembre de 2001 no solo sacudi\u00f3 la geopol\u00edtica mundial, sino que dej\u00f3 en evidencia c\u00f3mo el poder posmoderno opera a trav\u00e9s de la estetizaci\u00f3n del conflicto y la administraci\u00f3n simb\u00f3lica de las masas a trav\u00e9s del miedo inoculado.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p>Si observamos con atenci\u00f3n ambas escenas, notaremos que el verdadero punto de convergencia no reside en una teor\u00eda conspirativa, sino en la mutaci\u00f3n ontol\u00f3gica de la realidad misma. Mientras que en la pel\u00edcula de Levinson la simulaci\u00f3n de una joven huyendo con un gatito en los brazos bastaba para fabricar un consenso patri\u00f3tico, la tragedia neoyorkina oper\u00f3 bajo una gram\u00e1tica visual inquietantemente similar. Las c\u00e1maras transmitieron el colapso de los rascacielos como si se tratase de una superproducci\u00f3n catastr\u00f3fica, donde la violencia tangible quedaba supeditada a su propio impacto esc\u00e9nico. En su ensayo titulado \u201cEl esp\u00edritu del terrorismo\u201d, publicado en el a\u00f1o 2002, Jean Baudrillard plante\u00f3 que el terrorismo\u00a0<i>\u201cnada inventa, nada inaugura\u201d<\/i>, sino que\u00a0<i>\u201cno hace sino llevar las cosas al extremo, al paroxismo\u201d<\/i>\u00a0(p. 11), exacerbando una l\u00f3gica impl\u00edcita dentro de la propia cultura de la pantalla. El ataque se despleg\u00f3 as\u00ed como la imagen definitiva, concebida para ser consumida de modo hipn\u00f3tico por miles de millones de espectadores aterrados.<\/p>\n<p>Surge entonces una paradoja dolorosa que atraviesa la conciencia contempor\u00e1nea. Durante d\u00e9cadas, la industria cultural aliment\u00f3 las salas de cine con relatos de destrucci\u00f3n masiva, invasiones y derrumbes de rascacielos. Cuando la violencia irrumpi\u00f3 finalmente en las calles de Manhattan, la mente colectiva no experiment\u00f3 el acontecimiento como una novedad absoluta, sino como la escenificaci\u00f3n f\u00edsica de una fantas\u00eda previamente ensayada. Al respecto, el fil\u00f3sofo Slavoj \u017di\u017eek profundiz\u00f3 sobre este fen\u00f3meno en \u201cBienvenidos al desierto de lo real\u201d (2005), donde se\u00f1ala c\u00f3mo\u00a0<i>\u201cel hecho de que los ataques del 11 de septiembre fueran material de fantas\u00edas populares mucho antes de que el hecho tuviera lugar nos da otra prueba de la l\u00f3gica oblicua de los sue\u00f1os\u201d<\/i>\u00a0(p. 20). Aquel martes fat\u00eddico, la ficci\u00f3n no imit\u00f3 a la vida, sino que la realidad busc\u00f3 desesperadamente parecerse al cine para lograr ser asimilada. La conmoci\u00f3n no radic\u00f3 \u00fanicamente en la tr\u00e1gica p\u00e9rdida de vidas humanas, sino en el abrumador v\u00e9rtigo de descubrir que nuestro sentido de lo real depende por entero de un libreto audiovisual previo.<\/p>\n<p>Es precisamente en esta encrucijada entre el dise\u00f1o medi\u00e1tico y el c\u00e1lculo soberano donde cobra su dimensi\u00f3n m\u00e1s inquietante la categor\u00eda de operaci\u00f3n de falsa bandera o auto-atentado. Lejos de constituir un ardid de contrainteligencia o una fantas\u00eda persecutoria, la manipulaci\u00f3n de la propia vulnerabilidad ha funcionado hist\u00f3ricamente como un catalizador decisivo del poder estatal. Ya Hannah Arendt sosten\u00eda en su ensayo \u201cLa mentira en la pol\u00edtica\u201d, incluido en \u201cCrisis de la Rep\u00fablica\u201d (1999), que la falsificaci\u00f3n de los hechos\u00a0<i>\u201ces un fen\u00f3meno tan antiguo en la historia como la pol\u00edtica misma, pero lo que la distingue hoy es la sustituci\u00f3n masiva de la realidad por la fabricaci\u00f3n de im\u00e1genes\u201d<\/i>\u00a0(p. 14). La historia del siglo XX est\u00e1 llena de episodios donde la creaci\u00f3n o instrumentalizaci\u00f3n de provocaciones sirvi\u00f3 para legitimar escaladas b\u00e9licas. Desde el incendio del Reichstag en 1933, vertiginosamente utilizado por el r\u00e9gimen nacionalsocialista para abolir los derechos civiles, pasando por las turbias escaramuzas del Golfo de Tonk\u00edn en 1964 que sirvieron de pretexto a la intervenci\u00f3n militar masiva en Vietnam, hasta los planes desclasificados de la Operaci\u00f3n Northwoods en 1962 \u2013donde la c\u00fapula militar estadounidense contempl\u00f3 escenificar ataques terroristas en suelo propio para justificar la invasi\u00f3n a Cuba-, la estructura del Estado ha demostrado una fr\u00eda disposici\u00f3n a sacrificar la vida de sus propios ciudadanos en el altar de la hegemon\u00eda.<\/p>\n<p>Desde la teor\u00eda pol\u00edtica contempor\u00e1nea, esta inclinaci\u00f3n a infligirse o auspiciar el propio trauma encuentra una lectura a\u00fan m\u00e1s profunda. Por ejemplo, Jacques Derrida acu\u00f1\u00f3 el t\u00e9rmino de \u201cinmunolog\u00eda pol\u00edtica\u201d durante su c\u00e9lebre di\u00e1logo con Borradori publicado en \u201c<em>La filosof\u00eda en una \u00e9poca de terror<\/em>\u201d (2004), explicando que\u00a0<i>\u201cun proceso autoinmune es ese proceso pavoroso por el cual un organismo vivo produce de manera \u2018espont\u00e1nea\u2019 una defensa que se encarga de destruir sus propios principios de protecci\u00f3n\u201d<\/i>\u00a0(p. 162). De esta manera, el Estado moderno act\u00faa como una l\u00f3gica autoinmune cuando tolera, precipita o capitaliza la agresi\u00f3n contra su propia estructura para rearmarse de autoridad impune. Paralelamente, al analizar la arquitectura jur\u00eddica de estas crisis, Giorgio Agamben argumenta en \u201cEstado de excepci\u00f3n\u201d (2005) que\u00a0<i>\u201cel totalitarismo moderno se define como la instauraci\u00f3n, por medio del estado de excepci\u00f3n, de una guerra civil legal que permite la eliminaci\u00f3n f\u00edsica no s\u00f3lo de los adversarios pol\u00edticos sino de categor\u00edas enteras de ciudadanos\u201d<\/i>\u00a0(p. 24). Bajo este tamiz, la veracidad originaria del ejecutor de un atentado pierde relevancia frente al uso que \u201cel Soberano\u201d le otorga: la tragedia se transforma inmediatamente en la licencia definitiva para suspender las garant\u00edas constitucionales y someter a la poblaci\u00f3n a una vigilancia totalitaria en nombre de la seguridad.<\/p>\n<p>Frente a este horizonte abismal, la conciencia ciudadana queda atrapada en un doble desgarro existencial y pol\u00edtico donde cualquier desenlace pulveriza los cimientos normativos del proyecto moderno. Si acept\u00e1ramos la hip\u00f3tesis de que la propia c\u00fapula de poder planific\u00f3 o instig\u00f3 la masacre para justificar una cruzada b\u00e9lica interminable en Medio Oriente, el armaz\u00f3n conceptual del Estado constitucional de derecho colapsar\u00eda de inmediato. Recordemos que en las p\u00e1ginas del \u201cLeviat\u00e1n\u201d, Thomas Hobbes (2006) inmortaliz\u00f3 la premisa medular del pacto pol\u00edtico al dictaminar que\u00a0<i>\u201cel fin de la obediencia es la protecci\u00f3n\u201d<\/i>\u00a0(p. 208). Cuando el Soberano transmuta esa protecci\u00f3n en un sacrificio deliberado de sus propios gobernados en aras de la expansi\u00f3n imperial, el contrato social pierde su entera validez y la rep\u00fablica se revela como un espect\u00e1culo sangriento de auto-preservaci\u00f3n desp\u00f3tica. La figura de la democracia quedar\u00eda entonces reducida a una simulaci\u00f3n perversa destinada a adormecer a las v\u00edctimas mientras son entregadas a los designios de cuatro o cinco degenerados con intereses puestos en inversiones a futuro.<\/p>\n<p>Por otro lado, si rechazamos la conspiraci\u00f3n y asumimos que la tragedia aconteci\u00f3 debido a la ceguera, incompetencia y torpeza burocr\u00e1tica de las agencias de inteligencia, el golpe resulta igualmente demoledor. En este segundo escenario, cae de golpe el velo de la invulnerabilidad de la potencia m\u00e1s armada de la historia de la humanidad, exponiendo la radical fragilidad de sus estructuras de seguridad frente a un pu\u00f1ado de fan\u00e1ticos armados con estiletes. Como observa acertadamente Judith Butler en su obra titulada \u201cVida precaria\u201d (2006), la irrupci\u00f3n de la violencia en Manhattan desnud\u00f3 una condici\u00f3n insoslayable al constatar que\u00a0<i>\u201csaberse vulnerable es saberse expuesto a una herida que no siempre se puede prever ni controlar\u201d<\/i>\u00a0(p. 62). En definitiva, la ilusi\u00f3n de una fortaleza inexpugnable se esfuma, dejando al ciudadano atrapado entre dos abismos insoportables: o habita en una naci\u00f3n regida por leviatanes dispuestos a traicionarlo brutalmente, o vive bajo la tutela de un gigante torpe e incapaz de salvaguardar su propia existencia f\u00edsica. En ambas vertientes de este dilema, la fe en las instituciones republicanas salta por los aires.<\/p>\n<p>A ra\u00edz de esta fisura estructural, las autoridades estatales desplegaron una estrategia donde la manipulaci\u00f3n del miedo super\u00f3 los l\u00edmites de la trama cinematogr\u00e1fica expuesta en \u201cWag the dog\u201d. Tras las cenizas del World Trade Center, la maquinaria pol\u00edtica norteamericana estructur\u00f3 la narrativa de la famosa \u201cGuerra contra el terror\u201d y la posterior invasi\u00f3n a Irak bajo los argumentos vaporosos sobre armas de destrucci\u00f3n masiva (nunca encontradas) que recordaban a la arbitrariedad argumental de un gui\u00f3n de estudio. En este punto, es necesario acudir a \u201cLa sociedad del espect\u00e1culo\u201d (2002), obra en la que Guy Debord sostuvo de manera contundente que\u00a0<i>\u201cel espect\u00e1culo no es un conjunto de im\u00e1genes, sino una relaci\u00f3n social entre personas mediatizada por im\u00e1genes\u201d<\/i>\u00a0(p. 38). De este modo, la soberan\u00eda pol\u00edtica ya no se ejerce mediante la construcci\u00f3n comunitaria, sino a trav\u00e9s del monopolio de la escenograf\u00eda, transformando al ciudadano en un espectador cuya \u00fanica funci\u00f3n consiste en validar moralmente los despliegues b\u00e9licos decididos tras bambalinas.<\/p>\n<p>La precitada voluntad de manipulaci\u00f3n simb\u00f3lica y de ocultamiento sistem\u00e1tico no se limit\u00f3 al frente geopol\u00edtico externo, sino que extendi\u00f3 sus efectos nocivos sobre la salud f\u00edsica y psicol\u00f3gica de la propia ciudadan\u00eda. Documentos e investigaciones period\u00edsticas revelan que tras los atentados del 11 de septiembre, las autoridades de la ciudad de Nueva York y el gobierno federal ocultaron deliberadamente informaci\u00f3n t\u00e9cnica crucial sobre la toxicidad del aire en la \u201cZona cero\u201d. La consigna de que el aire era seguro para respirar buscaba proyectar una ilusi\u00f3n de pronta recuperaci\u00f3n econ\u00f3mica e invulnerabilidad patri\u00f3tica, precipitando enfermedades cr\u00f3nicas a miles de socorristas y habitantes del bajo Manhattan. Aquel episodio dej\u00f3 al descubierto que el espect\u00e1culo no duda en sacrificar los cuerpos reales de su poblaci\u00f3n con tal de preservar la coherencia del libreto triunfalista.<\/p>\n<p>Acaso la mutaci\u00f3n m\u00e1s impredecible de esta superestructura del miedo resida en la manera en que el tejido social, sometido durante d\u00e9cadas a una islamofobia institucionalizada, termina desmantelando los prejuicios inculcados por el poder. En su influyente estudio \u201c<em>Good Muslim, Bad Muslim\u201d<\/em><i>\u00a0<\/i>(2004), Mahmood Mamdani analiz\u00f3 c\u00f3mo el discurso hegem\u00f3nico posterior al 11-S redujo la complejidad sociopol\u00edtica del mundo isl\u00e1mico a un estigma binario destinado a justificar el intervencionismo militar y la estigmatizaci\u00f3n dom\u00e9stica. Sin embargo, la trayectoria de una comunidad no permanece congelada en los moldes de la propaganda estatal de una \u00e9poca espec\u00edfica. Con el paso de los a\u00f1os, el electorado de la metr\u00f3poli neoyorquina protagoniz\u00f3 un giro \u00e9tico y pol\u00edtico impensable en los d\u00edas inmediatos al colapso de las torres: la elecci\u00f3n de Zohran Mamdani como alcalde de la ciudad, un dirigente musulm\u00e1n de izquierda que prest\u00f3 juramento sobre un hist\u00f3rico ejemplar del Cor\u00e1n. Este fen\u00f3meno expone el fracaso a largo plazo del estigma estatal y atestigua la capacidad de una sociedad civil para mutar el significado del espacio p\u00fablico frente a la paranoia promovida por las \u00e9lites de comienzos de siglo.<\/p>\n<p>La tensi\u00f3n desatada cuando el nuevo liderazgo municipal confirm\u00f3 su asistencia a las ceremonias conmemorativas del 11 de septiembre en el memorial del Ground Zero \u2013pese a las encendidas resistencias de sectores conservadores que intentaron vetar su presencia- refleja la vigencia de esta disputa por la memoria pol\u00edtica. Quienes pretend\u00edan excluirlo defend\u00edan el monopolio de un ritual fundado en el agravio identitario y la enemistad eterna. Al presentarse en el epicentro del trauma colectivo, la presencia de un alcalde isl\u00e1mico desaf\u00eda la ontolog\u00eda del enemigo fabricado, reconfigurando el duelo no como un combustible para el odio b\u00e9lico o el control policial, sino como un ejercicio com\u00fan de memoria, dignidad y sanaci\u00f3n compartida.<\/p>\n<p>En definitiva, queridos lectores, queda claro que aprehender la profunda sinton\u00eda entre la ficci\u00f3n de \u201cWag the dog\u201d, la tragedia tridimensional del 11 de septiembre y sus insospechados virajes hist\u00f3ricos implica asomarse al abismo de nuestra propia condici\u00f3n pol\u00edtica. La tragedia humana se desvanece cuando la muerte, el dolor y el enga\u00f1o institucional se convierten en insumos de montaje para justificar el control estatal, la suspensi\u00f3n de libertades civiles y la estigmatizaci\u00f3n de aquello que se indique como \u201cdiferente\u201d. Si la verdad ha quedado relegada a un simple efecto de producci\u00f3n y si el sufrimiento s\u00f3lo nos conmueve cuando respeta las leyes de la est\u00e9tica audiovisual, el horizonte democr\u00e1tico se torna inquietante. \u00bfSomos a\u00fan capaces de despertar de la fascinaci\u00f3n hipn\u00f3tica de la pantalla y cuestionar las verdades oficiales que enferman y manipulan a nuestras sociedades? \u00bfNos hemos resignado a habitar una existencia donde cada tragedia real es apenas el pr\u00f3logo de la siguiente guerra, o seremos capaces de fracturar la escenograf\u00eda del miedo para construir un espacio com\u00fan donde la alteridad ya no sea percibida como una amenaza, sino como la condici\u00f3n misma de nuestra libertad? \u00bfQu\u00e9 nos queda de la promesa republicana si debemos elegir entre ser s\u00fabditos sacrificables de un Estado traidor o presas indefensas ante la torpeza de sus guardianes?<\/p>\n<h3>Referencias bibliogr\u00e1ficas y fuentes consultadas<\/h3>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Agamben, G. (2005).\u00a0<em>Estado de excepci\u00f3n<\/em>\u00a0(F. Costa e I. Costa, trads.). Adriana Hidalgo editora.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Arendt, H. (1999).\u00a0<em>Crisis de la Rep\u00fablica<\/em>. Taurus.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Baudrillard, J. (2002).\u00a0<em>El esp\u00edritu del terrorismo<\/em>. Anagrama.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Butler, J. (2006).\u00a0<em>Vida precaria: El poder del duelo y la violencia<\/em>\u00a0(F. Rodr\u00edguez, trad.). Paid\u00f3s.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Debord, G. (2002).\u00a0<em>La sociedad del espect\u00e1culo<\/em>\u00a0(J. L. Pardo, trad.). Pre-Textos.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Derrida, J. (2004). Autoinmunidad: suicidios simb\u00f3licos y reales. En G. Borradori,\u00a0<em>La filosof\u00eda en una \u00e9poca de terror: Di\u00e1logos con J\u00fcrgen Habermas y Jacques Derrida<\/em>\u00a0(J. J. Botero, trad., pp. 131-195). Taurus.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0Hobbes, T. (2006).\u00a0<em>Leviat\u00e1n<\/em>\u00a0(C. Mellizo, trad.). Alianza Editorial.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<span lang=\"EN-US\">Mamdani, M. (2004).\u00a0<em>Good Muslim, Bad Muslim: America, the Cold War, and the Roots of Terror<\/em>.\u00a0<\/span>Pantheon Books.<\/p>\n<p>\u00b7\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u017di\u017eek, S. (2005).\u00a0<em>Bienvenidos al desierto de lo real<\/em>. Akal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u00abToda la vida de las sociedades en las que reinan las condiciones modernas de producci\u00f3n se anuncia como una inmensa acumulaci\u00f3n de espect\u00e1culos. 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