{"id":476983,"date":"2026-10-26T06:15:13","date_gmt":"2026-10-26T10:15:13","guid":{"rendered":"https:\/\/primermomento.com\/?p=476983"},"modified":"2026-10-26T14:47:27","modified_gmt":"2026-10-26T18:47:27","slug":"gaza-y-la-infancia-muda-como-reducto-del-horror-impune","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/primermomento.com\/?p=476983","title":{"rendered":"Gaza y la infancia muda como reducto del horror impune"},"content":{"rendered":"<p><strong><em>Por <span style=\"color: #ff0000;\">Lisandro Prieto<\/span><\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: right;\"><em>\u201cEntonces se pudo constatar que las gentes volv\u00edan mudas del campo de batalla. No enriquecidas, sino m\u00e1s pobres en cuanto a experiencia comunicable\u201d -Walter Benjamin, 1933\/1989, p. 167<\/em><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">El silencio es polis\u00e9mico, por lo que no siempre equivale a la quietud, sino que frecuentemente constituye el grito petrificado de lo inenarrable. Hace unos d\u00edas le\u00ed una conmovedora cr\u00f3nica de BBC Mundo (2026, 28 de mayo) titulada \u201cEl sufrimiento silencioso de los ni\u00f1os en Gaza que han perdido la capacidad de hablar\u201d, en la que la psicoterapeuta infantil Katrin Glatz Brubakk describe un panorama que quiebra la complacencia moral de nuestra \u00e9poca al dar testimonio de la mudez f\u00edsica y psicol\u00f3gica de miles de ni\u00f1os que, expuestos a una barbarie sistem\u00e1tica, han clausurado su propia capacidad de hablar. \u201cNo hay ning\u00fan ni\u00f1o en Gaza que no est\u00e9 traumatizado\u201d, relata Glatz Brubakk tras sus misiones de asistencia m\u00e9dica con la fundaci\u00f3n \u201cM\u00e9dicos sin fronteras\u201d. Esta afasia forzada por el estruendo de los bombardeos, el hambre deliberada y el desamparo estructural no constituye un s\u00edntoma cl\u00ednico aislado, sino el colapso absoluto del lenguaje ante un entorno que ha dejado de ofrecer las m\u00ednimas garant\u00edas de significaci\u00f3n y amparo vital.<\/p>\n<figure id=\"attachment_388231\" aria-describedby=\"caption-attachment-388231\" style=\"width: 223px\" class=\"wp-caption alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-388231\" src=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg\" alt=\"\" width=\"223\" height=\"224\" srcset=\"https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia.jpg 223w, https:\/\/primermomento.com\/wp-content\/uploads\/2023\/05\/Lisandro-Prieto-Femenia-150x150.jpg 150w\" sizes=\"auto, (max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-388231\" class=\"wp-caption-text\">Lisandro Prieto<br \/>Docente, escritor y fil\u00f3sofo<\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Al profundizar en las dimensiones de esta crisis humanitaria y cl\u00ednica, la mencionada cr\u00f3nica de la BBC (2026) aporta una clave anal\u00edtica insoslayable al advertir c\u00f3mo los equipos m\u00e9dicos se enfrentan a pacientes que, pese a conservar intactas sus funciones fon\u00e9ticas en t\u00e9rminos biol\u00f3gicos, han optado o sido empujados por el colapso ps\u00edquico a un repliegue absoluto donde las palabras ya no encuentran interlocutores ni refugio. Este fen\u00f3meno documentado en terreno nos obliga a reflexionar sobre c\u00f3mo el asedio continuado desarticula no solo el tejido urbano, sino la arquitectura mental m\u00e1s \u00edntima de las nuevas generaciones, transformando el mutismo en una trinchera defensiva extrema contra la insoportable crudeza de la destrucci\u00f3n masiva.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La precitada fractura en la capacidad de narrar nos devuelve de forma dolorosa a las reflexiones que Walter Benjamin consign\u00f3 en su obra cl\u00e1sica de 1933, \u201cExperiencia y pobreza\u201d. En aquel ensayo surgido de la desolaci\u00f3n posterior a la Primera Guerra Mundial, el fil\u00f3sofo berlin\u00e9s observ\u00f3 con agudeza c\u00f3mo los combatientes regresaban mudos de los campos de batallas, privados de una experiencia que pudiera ser transmitida de boca al o\u00eddo debido al despliegue abrumador de la t\u00e9cnica de exterminio. Lo que el pensador (1933\/1989) conceptualiz\u00f3 como una \u201cnueva barbarie\u201d (p. 168) se actualiza hoy en el territorio gazat\u00ed bajo una luz infinitamente m\u00e1s desgarradora. A diferencia de aquel combatiente adulto que regresaba empobrecido de su experiencia b\u00e9lica, el ni\u00f1o en Gaza es despojado de su voz antes de haber podido siquiera estructurar su relaci\u00f3n fundacional con el entorno. La agresi\u00f3n sistem\u00e1tica, la orfandad prematura y el asedio constante socavan la confianza ontol\u00f3gica m\u00e1s elemental, dejando al peque\u00f1o que ayuda a recoger fragmentos de cuerpos humanos en el asfalto en una intemperie absoluta donde el porvenir carece de horizonte regulativo, pues ning\u00fan infante puede acostarse hoy en su refugio con la certeza de que despertar\u00e1 con vida al amanecer.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Semejante devaluaci\u00f3n radical de la palabra trasciende los linderos del trauma cl\u00ednico para adentrarse en los abismos de la ontolog\u00eda y de la identidad personal, plante\u00e1ndonos una pregunta ineludible sobre c\u00f3mo repercute la p\u00e9rdida de la voz en la continuidad de la propia conciencia. En el plano de la interrupci\u00f3n existencial, cobra pleno sentido la distinci\u00f3n formulada por Paul Ricoeur en su tratado \u201cS\u00ed mismo como otro\u201d (1996) entre la mismidad (idem) o continuidad puramente f\u00edsica, y la ipseidad (ipse) o identidad narrativa. Mientras el organismo del ni\u00f1o mantiene una persistencia biol\u00f3gica e id\u00e9ntica a trav\u00e9s del tiempo- un cuerpo que resiste f\u00edsicamente bajo las bombas-, su capacidad para constituirse como un yo continuo en el plano biogr\u00e1fico queda tr\u00e1gicamente suspendida. La privaci\u00f3n del habla arrebata a estas infancias el recurso hermen\u00e9utico necesario para dotar de sentido a los acontecimientos de su existencia y trazar una l\u00ednea biogr\u00e1fica coherente, convirtiendo el silencio en una amputaci\u00f3n de la ipseidad, de tal forma que la vida deja de ser una historia susceptible de ser narrada y queda reducida a la inercia de la carne que resiste al exterminio, puesto que, como sostiene Ricoeur (2006), \u201cuna vida no es m\u00e1s que un fen\u00f3meno biol\u00f3gico en tanto la vida no sea interpretada\u201d (p. 17).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Bajo las ruinas de este colapso, cabe preguntarse si contin\u00faa existiendo el mismo sujeto cuando extingue su capacidad de comunicarse. El yo, concebido como agente de la comunicaci\u00f3n, no es una entidad aut\u00f3noma que preexista al lenguaje y que emplee la palabra como una herramienta accesoria, sino que, por el contrario, la subjetividad se forja en la alteridad, en la trama de relaciones ling\u00fc\u00edsticas que nos permiten designarnos como autores de nuestras propias acciones. Pues bien, cuando se clausura esta dimensi\u00f3n, el sujeto de la acci\u00f3n se desvanece de forma inevitable. El ni\u00f1o silenciado se ve despojado de su papel de agente en su propia vida, dejando de ser un narrador para convertirse en el objeto pasivo sobre el cual se inscribe el horror de la metralla, de manera que su yo ya no se reconoce en sus propias determinaciones temporales, dado que el ma\u00f1ana se ha borrado y el ayer carece de palabras para ser integrado, empujando al individuo al mutismo de lo inhumano.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Cuando el aparato perceptivo y cognitivo se enfrenta a un dolor que desborda todo l\u00edmite, el sistema nervioso opera una desconexi\u00f3n radical como mecanismo de supervivencia. Al respecto, Giorgio Agamben, en su riguroso an\u00e1lisis de la \u201cnuda vida\u201d titulado \u201cLo que queda de Auschwitz\u201d (2005), indaga precisamente en el estatuto existencial del \u201cmusulm\u00e1n\u201d, aquel prisionero del campo de exterminio que, habiendo sido despojado de toda dignidad y voluntad, ca\u00eda en una apat\u00eda insondable y un mutismo absoluto. Para Agamben, el verdadero testigo de la atrocidad no es quien ha logrado sobrevivir para contarlo con elocuencia, sino aquel que ha sido conducido al umbral de lo inhumano, se\u00f1alando que \u201cno somos nosotros, los supervivientes, los verdaderos testigos [&#8230;] somos una poblaci\u00f3n an\u00f3mala [&#8230;] son ellos, los musulmanes, los hundidos, los testigos integrales, aquellos cuya declaraci\u00f3n hubiera podido tener un significado general\u201d (Agamben, 2005, p. 33). Al observar a los ni\u00f1os mudos de Gaza, nos encontramos ante esos mismos testigos integrales que describe el autor italiano, cuyo silencio no es una elecci\u00f3n consciente ni una patolog\u00eda puramente individual, sino la materializaci\u00f3n f\u00edsica del testigo absoluto de una masacre que goza de impunidad global, interpelando con potencia ensordecedora a los tribunales de derecho internacional y a la indiferencia de los espectadores del mundo entero.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta confrontaci\u00f3n con el testigo absoluto nos sit\u00faa ante un abismo \u00e9tico y jur\u00eddico que raras veces es problematizado por la racionalidad moderna, a saber, la atribuci\u00f3n de verdad y credibilidad a las expresiones que carecen de la envoltura de la palabra articulada. En el andamiaje del derecho internacional posmoderno y de las instituciones liberales, la capacidad para comparecer ante un tribunal, dar consentimiento o testificar se encuentra estrechamente ligada al dominio ling\u00fc\u00edstico formal, de modo que quien no puede traducir su dolor en un relato coherente y estructurado es despojado de su estatuto como sujeto de derecho activo. Al respecto, Miranda Fricker, en su revelador estudio titulado \u201cInjusticia epist\u00e9mica\u201d (2017), examina c\u00f3mo las asimetr\u00edas de poder y los prejuicios estructurales pueden menoscabar la credibilidad de un individuo, se\u00f1alando que \u201cla justicia testimonial se produce cuando los prejuicios llevan a un oyente a otorgar a las palabras de un hablante un grado de credibilidad disminuido\u201d (p. 17). Si aplicamos este prisma a la mudez de la infancia en Gaza, el agravio adquiere una dimensi\u00f3n extrema, pues no se trata meramente de que se minimice su palabra por una desconfianza prejuiciosa, sino de que se anula toda su aptitud testimonial debido a la imposibilidad de hablar, confinando sus cuerpos dolientes a una zona de exclusi\u00f3n jur\u00eddica donde su capacidad de consentir o denunciar queda suspendida en el vac\u00edo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Por consiguiente, reconocer la credibilidad de lo no verbal exige un desplazamiento \u00e9tico radical hacia la alteridad. Como bien sostiene Emmanuel Levinas en \u201cTotalidad e infinito\u201d (1977) al afirmar que \u201cel rostro habla\u201d (p. 89), la revelaci\u00f3n del otro en su desnudez y vulnerabilidad extrema constituye un discurso \u00e9tico primordial que antecede y fundamenta a cualquier palabra articulada. El silencio del ni\u00f1o traumatizado no representa una p\u00e1gina en blanco para ser escrita por int\u00e9rpretes ajenos, sino una presencia expresiva que nos impone la responsabilidad moral infinita de su resguardo. Aqu\u00ed radica, precisamente, el imperativo de proteger esta mudez contra la instrumentalizaci\u00f3n y la explotaci\u00f3n del espect\u00e1culo medi\u00e1tico, puesto que en el consumo contempor\u00e1neo del dolor ajeno existe un peligro latente de expropiar el silencio de las v\u00edctimas infantiles para adecuarlo a las narrativas geopol\u00edticas preconcebidas, olvidando que velar por la integridad de estos peque\u00f1os testigos silenciosos implica comprender que su silencio forzado es una demanda soberana de justicia que no requiere de ventriloquia ideol\u00f3gica, sino de una escucha atenta capaz de descifrar la verdad inscrita en el temblor de una mirada perdida o en la rigidez de un cuerpo.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ante este panorama de despojo, surge una interrogante crucial de car\u00e1cter \u00e9tico y epistemol\u00f3gico sobre c\u00f3mo reconstruir el hilo de una historia personal cuando los canales de la palabra verbal han quedado obturados por la violencia. En aquellas circunstancias en las que el habla colapsa, el ser humano se ve impelido a recurrir a lenguajes alternativos para restaurar la trama del s\u00ed mismo, y es en este \u00e1mbito donde los lenguajes expresivos no verbales- como la pintura, la arcilla o la melod\u00eda- dejan de funcionar como recursos accesorios de juego o diagn\u00f3stico cl\u00ednico para convertirse en aut\u00e9nticos dispositivos hermen\u00e9uticos de gran valor cognoscitivo. No se trata de un simple canal de desahogo, sino de un acto \u00e9tico de autoafirmaci\u00f3n, de modo que al dotar de forma material la vivencia indecible, el infante inicia un proceso de metamorfosis de su dolor. En este sentido, en su estudio sobre las transiciones de la herida psicol\u00f3gica, Boris Cyrulnik (2015) sostiene que \u201cel esfuerzo de construir un relato para compartirlo convierte al afectado de nuevo en sujeto de su historia y no ya en cosa maltratada por el trauma\u201d (p. 12). De esta manera, cuando el trazo del dibujo delinea el hogar destruido o las manos moldean el contorno de la p\u00e9rdida, el ni\u00f1o abandona el rol de objeto inerte sobre el cual se inscribi\u00f3 la violencia para transformarse en el autor de su propia representaci\u00f3n, siendo este un desplazamiento vital para recomponer la \u201cipseidad\u201d fracturada y rescatar la subjetividad de su par\u00e1lisis existencial.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Esta reconstrucci\u00f3n de la propia historia responde a una b\u00fasqueda existencial de significado frente a la desolaci\u00f3n del desamparo. \u00bfC\u00f3mo volver a habitar el mundo tras presenciar la aniquilaci\u00f3n de toda certidumbre? En la realidad devastada de Gaza, la recuperaci\u00f3n de un sentido tras el despojo se revela como la precondici\u00f3n de la supervivencia de la psique. Por ello, al reflexionar sobre el destino del ser humano en los l\u00edmites del horror concentracionario, el psiquiatra Viktor Frankl (2015) formul\u00f3 una de las m\u00e1ximas fundamentales de la ontolog\u00eda existencial al constatar que \u201cel sufrimiento, en cierto modo, deja de ser sufrimiento en el momento en que encuentra un sentido, como puede ser el sentido de un sacrificio\u201d (p. 135). Para los ni\u00f1os de Gaza, este sentido no puede originarse en abstracciones ideol\u00f3gicas o consignas pol\u00edticas de los adultos, sino que debe surgir del restablecimiento del afecto, del juego silencioso y del amparo relacional diario. Por consiguiente, el imperativo \u00e9tico para la comunidad internacional consiste en proporcionar los soportes afectivos y culturales que sirvan como apoyos para que dicho sentido pueda florecer de nuevo, de lo contrario, el trauma corre el riesgo de petrificarse, aprisionando a la infancia en un porvenir que no ser\u00e1 m\u00e1s que la repetici\u00f3n incesante del espanto.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">La persistencia de esta barbarie que se despliega en tiempo real ante las pantallas de un planeta anestesiado desmorona los pilares morales sobre los que se pretendi\u00f3 reconstruir el proyecto \u00e9tico de la modernidad. En su conferencia radiof\u00f3nica de 1966, recopilada en el volumen de ensayos \u201cConsignas\u201d, Theodor W. Adorno sostuvo que \u201cla exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educaci\u00f3n\u201d (Adorno, 1966\/1973, p. 80). El fil\u00f3sofo argument\u00f3 que fundamentar semejante imperativo resultar\u00eda monstruoso ante la evidencia de lo sucedido en los campos. Sin embargo, d\u00e9cadas despu\u00e9s de aquel reclamo urgente, la repetici\u00f3n del horror no se presenta como un peligro te\u00f3rico latente, sino como una realidad diaria legitimada por el mutismo geopol\u00edtico, manifest\u00e1ndose hoy en la justificaci\u00f3n burocr\u00e1tica del asesinato infantil a gran escala bajo la etiqueta de \u201cefectos colaterales\u201d. En definitiva, la mudez de la infancia gazat\u00ed es el espejo invertido de nuestra propia mudez colectiva, el costo real de un orden internacional que prefiere callar antes que incomodar a las estructuras hegem\u00f3nicas de poder.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Desde la perspectiva analizada por el personal cl\u00ednico en el terreno, el retraimiento constituye una respuesta neurol\u00f3gica para escapar de una realidad intolerable que contin\u00faa infligiendo dolor de manera ininterrumpida. Al rehusarse a interactuar a trav\u00e9s del habla con un entorno hostil, el ni\u00f1o resguarda su \u00faltimo reducto de mismidad frente a la aniquilaci\u00f3n externa, pues el lenguaje, que por definici\u00f3n requiere de la existencia de un interlocutor que escuche y reconozca la propia subjetividad, pierde su raz\u00f3n de ser cuando el otro se manifiesta exclusivamente bajo la forma de metralla, fuego y despojo. Se destruye, de este modo, el espacio com\u00fan de la palabra compartida. Si la infancia es hist\u00f3ricamente el territorio de la promesa, del juego y de la apertura hacia el porvenir, la Gaza contempor\u00e1nea representa la clausura sistem\u00e1tica de toda posibilidad de advenimiento existencial. El mutismo de estos ni\u00f1os constituye una grieta insondable en la historia: no hablan porque el mundo exterior se ha convertido en un cementerio de significados donde ya no queda nada habitable que nombrar.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Resulta inadmisible cobijarse bajo el c\u00f3modo manto del escepticismo intelectual o el lamento humanitario de ocasi\u00f3n mientras se consiente la demolici\u00f3n ps\u00edquica y f\u00edsica de toda una generaci\u00f3n. El silencio de las v\u00edctimas m\u00e1s peque\u00f1as no es solo una herida cl\u00ednica abierta que el futuro deba suturar con terapia, sino que constituye un veredicto definitivo sobre el fracaso \u00e9tico de la humanidad. Tras contemplar el vac\u00edo de esas miradas infantiles que renunciaron a la palabra como \u00faltimo acto desesperado de defensa, la par\u00e1lisis del espectador adquiere un tinte de complicidad inexcusable. \u00bfAcaso la clausura de la palabra en la infancia gazat\u00ed no prefigura la mudez moral de una especie que ha decidido intercambiar su dignidad a cambio de la sumisi\u00f3n geopol\u00edtica? \u00bfQu\u00e9 derecho nos queda a invocar las palabras justicia, derechos o civilizaci\u00f3n si permitimos que la primera lengua de la infancia sea la del mutismo forzado por la impunidad? La verdadera secuela de este horror no radica \u00fanicamente en las ruinas materiales que cubren el territorio devastado, sino en la inquietante certeza de saber que, habiendo presenciado la asfixia del habla de sus ni\u00f1os, hemos decidido seguir hablando como si nada de esto nos concerniera.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Referencias bibliogr\u00e1ficas y fuentes consultadas<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Adorno, T. W. (1973). La educaci\u00f3n despu\u00e9s de Auschwitz. En Consignas (pp. 80-95). Amorrortu Editores. (Trabajo original publicado en 1966).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Agamben, G. (2005). Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo (Homo Sacer III) (2\u00aa ed.). Editorial Pre-Textos. (Trabajo original publicado en 1998).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">BBC Mundo. (2026, 28 de mayo). El sufrimiento silencioso de los ni\u00f1os en Gaza que han perdido la capacidad de hablar. BBC News Mundo. <a href=\"https:\/\/www.bbc.com\/mundo\/articles\/ckjwedx54pqeo\" data-saferedirecturl=\"https:\/\/www.google.com\/url?q=https:\/\/www.bbc.com\/mundo\/articles\/ckjwedx54pqeo&amp;source=gmail&amp;ust=1793126624547000&amp;usg=AOvVaw2VStIkQoN3DbxZS39Zd0U6\">https:\/\/www.bbc.com\/mundo\/articles\/ckjwedx54pqeo<\/a><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Benjamin, W. (1989). Experiencia y pobreza. En Discursos interrumpidos I (pp. 167-173). Editorial Taurus. (Trabajo original publicado en 1933).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Cyrulnik, B. (2015). Autobiograf\u00eda de un espantap\u00e1jaros. Testimonios de resiliencia: el retorno a la vida. Editorial Gedisa.<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Frankl, V. E. (2015). El hombre en busca de sentido (3\u00aa ed.). Editorial Herder. (Trabajo original publicado en 1946).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Fricker, M. (2017). Injusticia epist\u00e9mica: el poder y la \u00e9tica del conocimiento. Editorial Herder. (Trabajo original publicado en 2007).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Levinas, E. (1977). Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad. Editorial S\u00edgueme. (Trabajo original publicado en 1961).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ricoeur, P. (1996). S\u00ed mismo como otro. Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1990).<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400;\">Ricoeur, P. (2006). La vida: un relato en busca de narrador. \u00c1gora. Papeles de Filosof\u00eda, 25(2), 9-22.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Lisandro Prieto \u201cEntonces se pudo constatar que las gentes volv\u00edan mudas del campo de batalla. No enriquecidas, sino m\u00e1s pobres en cuanto a experiencia comunicable\u201d -Walter Benjamin, 1933\/1989, p. 167 El silencio es polis\u00e9mico, por lo que no siempre equivale a la quietud, sino que frecuentemente constituye el grito petrificado de lo inenarrable. 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