Para demostrar esa hipótesis, los expertos analizaron muestras de agua potable de 33 viviendas de Canadá con redes reemplazadas parcialmente, señala el trabajo divulgado en Environmental Science and Technology.
Como resultado, los niveles de plomo, después del cambio, disminuyeron a los 30 minutos de dejar correr el preciado líquido.
Sin embargo, los valores más bajos se registraron en aquellos hogares en los que las tuberías se habían suplantado parcial o totalmente más de dos años antes del inicio de la exploración.
Por eso, para los autores, dado que los servicios son responsables de apenas una parte del suministro de agua y los dueños de las viviendas lo son del resto, las instalaciones públicas deben decidir sobre el relevo de sus tuberías.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el plomo es una sustancia que se acumula y afecta a diversos sistemas del cuerpo: nervioso, hematológico, gastrointestinal, cardiovascular y renal.
La agencia considera que los niños son más vulnerables a los efectos neurotóxicos del metal. Un nivel relativamente bajo de exposición puede causar daños neurológicos graves y -en algunos casos- irreversibles, advierte.
La OMS recomienda, entre las medidas, eliminar sus usos no esenciales (como en el caso de la pintura) y supervisar los niveles de plomo en sangre de niños, mujeres en edad de procrear y trabajadores.






