El problema comenzó en noviembre del pasado año en el sureño condado de San Diego, donde se han registrado todos los decesos y el mayor número de infecciones desde entonces, 490.
Ante esta situación, el gobernador de California, Jerry Brown, declaró hace cuatro días el estado de emergencia en aras de controlar el mal.
Mediante la medida se persigue aumentar el suministro de vacunas para inmunizar a la población, la ‘herramienta más efectiva’ contra la propagación del virus, consideró entonces Karen Smith, directora de Salud Pública Estatal del Departamento de ese sector en el territorio.
Por su lado, el congresista Darrell Issa llamó al gobierno federal a proveer fondos de emergencia para contener la epidemia tras asegurar que los números reportados hasta ahora triplican la cifra de casos de 2015.
Con daños para el hígado, la hepatitis A es una enfermedad altamente contagiosa, especialmente entre las personas desamparadas y que viven en la calle o abusan de drogas, recordaron reportes de prensa.
Su último gran brote en Estados Unidos, agregaron, ocurrió hace 14 años en Pensilvania, donde más de 900 personas terminaron contagiadas.






