Por segunda vez en menos de una semana, un evento de estas características afecta el noreste norteamericano, principalmente a dichos territorios, Pensilvania, Massachusetts y Connecticut.
Según las informaciones periodísticas, la primera víctima mortal fue una mujer de 88 años de edad, quien resultó impactada por un árbol que cayó frente a su vivienda en el neoyorkino condado de Rockland.
La anciana, quien retiraba nieve con una pala en el momento del incidente, sufrió graves heridas y posteriormente falleció en un hospital.
También perdió la vida un hombre de 40 años cuando el vehículo en el cual se trasladaba por una carretera del condado de Bergen, New Jersey, pasó sobre unos cables eléctricos que habían caído en la vía y terminó envuelto en llamas.
A estos daños humanos, se sumaron miles de interrupciones del servicio eléctrico y de cancelaciones de vuelos, y la paralización del transporte por autobuses y trenes.
En sitios de Nueva York, precisaron las fuentes, hubo vientos con velocidades sostenidas de 50 a 65 kilómetros por hora, y acumulados de nieve superiores a los 60 centímetros.
La última gran tormenta en esta zona provocó siete muertes cuando el pasado viernes se fortaleció rápidamente y sufrió un fenómeno conocido como bombogénesis.
Con ese nombre se denomina al proceso mediante el cual un sistema extratropical de baja presión cae como mínimo 24 milibares en menos de 24 horas.
Tal comportamiento contribuye a un incremento acelerado de las condiciones de tormentas que lleva a calificar a esos eventos meteorológicos como ciclones bombas.
Los fallecimientos, entre ellos los de un niño de seis años de edad y otro de 11, se debieron a la caída de árboles y se registraron en Virginia, Pensilvania, Maryland, Nueva York y Rhode Island.
Además, la llamada tormenta del nor’easter obligó la cancelación de más de tres mil 300 vuelos, entorpeció el tráfico terrestre, causó fuertes inundaciones, y dejó 2,2 millones de personas sin electricidad.






