“Quienes han fallado a las mujeres, tienen nombre y apellido. Son las clases sociales que han gobernado siempre. No somos todos. No caben juntos, mansos y cimarrones, víctimas y victimarios”, expresó.
Álvarez lamentó que en lo que va de 2026 ya se registren 32 feminicidios cometidos por exparejas, mientras miles de denuncias por violencia machista continúan acumulándose ante las autoridades.
En un artículo publicado en el periódico Lucha, órgano del Partido Comunista del Trabajo (PCT), la también psicóloga indicó que detrás de las estadísticas existen familias destruidas, niños en la orfandad y mujeres que viven bajo el miedo constante de denunciar a sus agresores.
Criticó las respuestas oficiales que atribuyen la problemática únicamente a “la sociedad” o a factores culturales sin profundizar en las responsabilidades del Estado y de los sectores de poder.
A su juicio, muchas mujeres desconfían de las instituciones encargadas de protegerlas debido a la indiferencia, incompetencia y falta de respuestas efectivas.
“¿Cuántas muertas en vida tenemos? ¿Cuántas muertas de miedo? Esas que no se atreven a acudir por ayuda y protección del Estado porque no creen en las instituciones llamadas a darles seguridad, entre otros motivos, por desconfianza… Y por miedo”, apuntó.
De acuerdo con la dirigente del PCT, en muchos casos denunciar es una agravante frente a su agresor, que incluso puede ser el mismo Estado, por su indiferencia, incompetencia y esencia.
Asimismo, consideró urgente abrir un debate nacional sobre las causas del feminicidio y la violencia contra las mujeres, señalando que persiste una cultura patriarcal donde algunos hombres se asumen propietarios de la vida y el cuerpo femenino.
“Hay que desmontar el pensamiento patriarcal que genera presunción de superioridad de los hombres frente a las mujeres; de que somos una cosa, su propiedad, de que pueden usarnos y desecharnos a su antojo”, sentenció Virtudes.
Teóricamente, dijo, el Estado dominicano está llamado a la protección integral nuestra. ¿Y qué pasa? Que las mujeres, las trabajadoras y las pobres, salvo honrosas excepciones, no importamos a las clases dominantes y su liderazgo político y económico, denunció.
Apuntó que ellas sólo son un número para el padrón electoral y sus implicaciones; para pagar impuestos; para diseñar estadísticas y elaborar indicadores sociales que justifiquen nuevos préstamos; para mendigar ayuda internacional, incluso sobre la base de la misma violencia de género.
También defendió la necesidad de fortalecer la organización y movilización social para exigir políticas públicas efectivas, educación con enfoque de igualdad y un Estado laico que contribuya a desmontar patrones de discriminación y violencia.
Álvarez llamó a trabajadores, profesionales, artistas, activistas, sectores educativos, deportivos y religiosos a involucrarse en la defensa de los derechos de las mujeres y demandó garantías para una vida “plena y segura”, basada en el respeto y la igualdad.






