Hoy fuimos testigos, partícipes activos de una gran concentración frente al Ministerio de Educación de la República Dominicana, organizada por la Asociación Dominicana de Profesores, donde exigían varias reivindicaciones. Fue ahí, justo ahí, entre consignas y el ardiente sol, donde pudimos constatar la dimensión de la fuerza gremial que posee la ADP.
Una fuerza que trasciende más allá de los distritos y centros educativos. Una fuerza que, a simple vista, sin adentrarse a profundidad, puede confundir a quienes, sin analizar, la pueden definir como la batalla entre David y Goliat.
Pero lamentablemente, «no todo lo que brilla es oro», reza un famoso refrán. La realidad es que tenemos una ADP, donde sus miembros sólo apoyan las protestas si se ven afectados directamente o alguno de sus allegados, así y sólo así, si sus intereses inmediatos están en juego. Un gremio donde su presidente, al igual que judas, cena en la misma mesa de a quienes piensa empeñar.
Tan semejante como un barco a la deriva en alta mar, sin un timón y sin un capitán que dirijan y orienten al norte de lo que realmente se desea alcanzar. Y porque es mejor estar frío con mis amigos de partido que con la masa poblacional que está encargada de educar y transformar los futuros lideres que dirigirán el destino de nuestro país. Así seguirá, siempre y cuando los intereses colectivos se antepongan a los placeres de su presidente.
«ADP unidad y combativa, jamás será vencida».
Lisselot Zapata
Periodista






