Los haitianos han provocado las hostilidades, y nos han agredido, sin siquiera hacernos una comunicación, y sin responder a las notas oficiales que hemos dirigido a su Presidente. Tal ha sido el desprecio que han agregado a sus vejaciones anteriores, pensando sin duda que, con su presencia sola, volverían a dominarnos para tratarnos mejor que nunca, pero el omnipotente, que protege nuestra causa ha querido que en tres encuentros que hemos tenido con ellos, en Neiba y Azua, nuestras armas hayan salido vencedoras, principalmente en la jornada del día 19 de marzo en que ha sido considerable el número de muertos y heridos de su parte, habiéndose visto en la precisión de abandonar el campo después de tres horas de combate. (Fragmentos de la proclama al pueblo y al ejercito, Marzo 1844, Junta Central Gubernativa).

Al amanecer del 19 de Marzo el General Hérand organizaba su ejército con el fin de atacar a las tropas dominicanas y en actitud victoriosa, por los triunfos obtenidos en los días anteriores, cruza el Yaque del Sur, si pensar que ya en esta nueva República los hombres se habían formulado deberes que implicaban un pacto rectilíneo con los mandatos de la dignidad y estaban dispuestos en abonar el destino con su corazón y dar como legado a sus hijos y descendientes, una bandera libre.
Días antes, durante las últimas semanas, dominicanos, simples, ásperos y burdos, donde no había encumbrado paladín, sólo hombres de nobles apariencias, unos “jodidos” campesinos con valor, muchos dominicanos, sin excusas, ni pretextos, ni hechos, ni argumentos que le pudieran justificar la retirada o su inasistencia a la cita histórica, fueron instruidos militarmente en la hacienda de la familia soñé, denominada las yayitas. Estos hombres, tan solo portaban un machete de guerra y ¨el brío inexplicable que da las ansias de libertad¨. El general Antonio Duverge, centinela de la frontera y de espartano valor, con certero instinto militar, había definido el plan de combate.
En las primeras horas del día 19 de marzo, con ímpetu creciente, el ejército invasor inició su ataque, avanzando sobre el campo de batalla. El enemigo fue rechazado por el cañón de Francisco Soñé, la fusilería de Lucas Díaz, Jean E. Ceara y José Del C. García.
La contingencia continuo por varias horas, se produjeron enormes bajas, momentos de extremo peligro para la causa dominicana, de incertidumbre y aún agotadas las huestes libertarias, Duverge ordenó, lo que constituiría una acción decisiva, un ataque en masa de arma blanca y con actitud casi suicida, intrépida, los guerreros nacionales se fueron en ataque frontal contra los haitianos, provocando arrolladora victoria. ¨Fueron aquellos dominicanos sin apellidos, forjadores sin argumentos de libertades, esos cortos de palabras, que no sabían expresar frases memorables para recogerlas en los libros y la posteridad, esos que no aparecen en los registros epónimos de la historia, los que con su grandeza resumida en el machete aquel, encarnaron en su diestra la dignidad y la vergüenza de la patria amenazada¨.
Era ya el 19 de marzo un día memorable en la historia nacional y el triunfo obtenido por las tropas dominicanas, despejaba en la mayoría los primeros temores de nuestra permanencia como libre República e hizo creer por siempre, con fe invencible, en la fecunda utopía de la independencia absoluta y nos obliga a todos, en sostener hasta hoy la bandera de la libertad y la independencia, aún con los inciertos y difíciles días en que hemos vivido.
Con la victoria militar de azua, sobrevivió la nacionalidad dominicana. Que cada dominicano se coloque hoy frente a la Bandera y la toque con orgullo, ella es legado invaluable de todos los soldados que avanzaron y cayeron en el campo de la acción. Que cada dominicano se coloque hoy frente a la Bandera y la toque con orgullo, es la piel ondeante de la patria, la piel de nuestros abuelos, de nuestros padres, de nuestros hermanos, de nuestros hijos.
VIVA IMPERECEDERA LA REPUBLICA DOMINICANA!
Sócrates David Peña Cabral
Abogado y articulista






