- Advertisement -spot_img
InicioOpiniónEl esfuerzo e ímpetu independentista en el mar. 15 de abril 1844,...

El esfuerzo e ímpetu independentista en el mar. 15 de abril 1844, TORTUGUERO

- Advertisement -spot_img

 
Luego de la victoria en las serranías del memiso, el 13 de abril del 1844, en sus reductos calcinados, el General Duverge enarbola nuestra bandera nacional.

Antes de ese día 13, Charles Herard, había solicitado refuerzos y suministros para llevar a cabo su plan para cruzar Bani hasta la ciudad de Santo Domingo. Se conoce que en sus afanes por reconquistar nuestro territorio y después de la proclama del 27 de febrero de 1844, mediante Decreto de fecha 8 de marzo de ese año, ya el Gobierno haitiano había ordenado el primer bloqueo marítimo a todos los puertos de la naciente República Dominicana, desde la bahía de Neyba hasta Monte Cristi.

Sabemos también que las noticias de la batalla de Azua, el 19 de marzo, llegaron a Puerto Príncipe veinticinco horas después de su ocurrencia y que el Consejo de Secretarios de Estado dictó instrucciones para que le llevaran refuerzos a Hérard por mar, desde Jacmel. Es decir, que desde antes de la contienda del Memiso, la solicitud de refuerzos se había presentado al Consejo de Secretarios de Estado y este, comunicó Hérard que las remitiría, aunque igual le informo que en Les Cayes, un jefe militar negro de nombre Louis Jean-Jacques Accau estaba sublevado y le habían ordenado al coronel mulato Fabré Geffrard que se trasladara al sur a combatir la rebelión campesina de Accau y de los demás jefes negros. Tal situación complicaba las cosas para Hérard, quien continuaba anclado en Azua por haber sido impedido de cruzar las montañas de El Número ni penetrar hacia El Maniel por el paso de El Memiso.

De lado dominicano, informes previos indicaban que había presencia de naves francesas en las costas del Sur.

Debe explicarse que, un día después de la batalla en Santiago fue recibido informe sobre operaciones militares marítimas y es que el 31 de marzo, el Almirante francés De Moges, a bordo de la Fragata «La Neréide», se sitúa en la Bahía de Ocoa y desde allí le dirige una comunicación al Presidente de Haití, Charles Hérard, para incitarlo a la conciliación con los dominicanos y para reiterarle la propuesta para que aceptara la mediación de Francia en la terminación del diferendo. Al día siguiente, 1ro. de abril, de Moges desembarca y se traslada a Azua, en donde sostiene una entrevista con el Presidente Hérard, en su cuartel general, en relación con la cual al día siguiente escribe un reporte al Cónsul Saint-Dennys, en el que expresa estas informaciones: ¨ Hérard cree que el movimiento dominicano no es la obra del pueblo, sino de la clase superior; Hérard explica que sólo hará la guerra contra esos rebeldes, por tanto no quiere apresurarse a fin de dar al pueblo la oportunidad de reflexionar y de retornar a la autoridad haitiana¨.
De Moges entonces se retiró de Azua y queda confirmado que una flotilla de barcos haitianos se encontraba en avance para el asalto a las costas de la Bahia de Ocoa y transportaban suministros para el ejército haitiano que estaba allí detenido.

Son dos naves haitianas las que son detectadas, un bergantín y una goleta, las que traían lo requerido para las tropas de Hérard. 

El 13 de abril, tres goletas dominicanas al mando del comandante Juan Bautista Cambiaso zarparon desde Aguas de la Estancia (Ubicada en las costas de Bocacasta, Bani. ¡Oh Bani!, siempre luminoso en el horizonte de la patria). De allí salían Cambiaso al mando de la goleta Separación Dominicana, el buque insignia, el capitán Juan Bautista Maggiolo tutelando la goleta María Chica y el teniente, Prócer banilejo y primer almirante dominicano, Juan Alejandro Acosta capitaneando la goleta San José. ( Juan Alejandro Acosta, él mismo que en la goleta-bergantín «Leonor» hizo lucir los colores dominicanos, cuando el 1 de marzo de 1844, partió rumbo a Curazao, ondeando orgullosamente el Pabellón Nacional, surcando los mares de Neptuno, en busca del líder del movimiento libertador Juan Pablo Duarte y a sus compañeros Pedro Alejandro Pina y Juan Isidro Pérez). El 14 al amanecer divisaron fondeados en Tortuguero (Azua) un bergantín, una goleta y una balandra que parecía iban a entrar al puerto a llevar abastecimiento al enemigo.

El 15 de abril, el comandante Cambiaso avistó tres embarcaciones haitianas en la costa bombardeando la localidad de Puerto Tortuguero. Las tres embarcaciones eran la Pandora, La Mouche y Le Signifie. Cambiaso rápidamente decidió arremeter contra la flota enemiga.

El 15 de abril del 1844, en Tortuguero, la Bahía de Ocoa era el nuevo teatro de operaciones militares. Tres  (3) embarcaciones compradas a sus propietarios dominicanos, recién adquiridas por la Junta Central Gubernativa y las que habían sido armadas con tres  cañones cada una, representaban la recién formada Marina de Guerra Dominicana (Separación dominicana, María Chica y San José). En algunos textos se relata que, ¨ a las 11 horas del día 15 de abril, avistaron naves enemigas en el puerto de Azua. El bergantín haitiano se hizo a la vela para entrar en combate, pero el volumen de fuego de la goleta Separación Dominicana fue tan nutrido que la obligó a vararse (encallarse) en tierra. Al entrar en combate la María Chica, las tropas enemigas que se encontraban atrincheradas en tierra, recibieron un as de fuego tal, que fueron destruidas, y los dos buques que quedaban en el puerto se vararon en medio del caos en las proximidades de tierra¨. Se evita el desembarco de suministros y tropa de refuerzo. La participación del holandés-curazoleño Juan everts, por su pericia, fue importante en ese y otros combates marinos.

Los navíos nacionales en la bahía, cuidaron ese enarcado brazo de tierra dominicana en cuyo entorno lamían ya las olas libres, esas que besan tierra dominicana.

Para el 15 de abril del 1844, la Marina de guerra dominicana estaba formada y dispuesta a la defensa ante ataques y en contra de las huestes que no entendieran que había derecho a tener patria. Desde el 27 de febrero ya se había jurado rechazo implacable a los dominadores y las embarcaciones defenderían por agua la majestuosa tierra nacional, avanzarían frontal contra el navío invasor aún cuando azotara espumante el bravío mar sureño, apoyando las espadas que por tierra detenían las hordas del yugo.

Con el bergantín y las goletas adquiridas, ya se instalaba un cuerpo de guardia y vigilancia naval con capacidad de respuesta, plantándose como cañoneros de la independencia. Se constituyen en fuego de hoguera, de llama libertaria, que mientras se desplazaban ondulantes sobre el mar, remontando las cabriolas azuladas y aún cuando sus cascos se retorcían furiosos con crepitantes estallidos luego del lanzamiento del cañón, iluminaban con rojo resplandor los rostros de la libertad de los marinos dominicanos,  esos que hicieron con su esfuerzo que independiente flotara sobre el amplio océano, el pabellón tricolor.

Nuestras armas vencedoras en las orillas del guayubin y del caudaloso Yaque, ha repelido completamente a los forajidos soldados del Norte. Vencedoras también en el infortunado pueblo de Azua, han admirado el ejército del sur y le han, seguramente, desconcertado al igual de su Presidente. Al corriente, poco más o menos, de las fuerzas sutiles que los haitianos podían tener en el puerto de Azua, resolvimos armar algunos buques, formar la expedición marítima que marchó sobre ellos con el objeto de atacarnos, y las playas del Tortuguero se han inmortalizado con la que obtuvieron nuestras goletas, La Separación Dominicana y la María Chica…Tal ha sido el resultado del primer encuentro por el mar y como nuestra causa es justa y acepta a los ojos del Señor, él nos protege, y el triunfo completo sobre nuestros opresores, es indudable. (Fragmentos de la proclama al pueblo y al ejercito, 23 de abril de 1844, Junta Central Gubernativa).

Tortuguero, constituía una acción marítima que confirmaba la disposición de mantener y defender la soberanía nacional, una acción naval que llevó a los haitianos a comprender que sus dificultades en la guerra aumentaban, que los accesos estaban siendo cerrados y el cinturón de las tropas dominicanas les apretaba mucho, pero sobre todo, que los recursos militares de los dominicanos crecían y su audacia, valentía y dignidad no estaba ya en dudas.

El 15 de abril del 1844, los dominicanos advirtieron, que un ejército dominicano estaba en las llanuras, en las montañas, en el valle, en el mar, lanzados con energía inquebrantable a la conquista irrevocable de su independencia. Abarloado al costado por sus comandantes en tortuguero, Juan Bautista Cambiaso y Juan Alejandro Acosta, entraron en combate e hizo surgir a los dragones marinos dominicanos y advirtió a los haitianos que ya teníamos un cuerpo naval dispuesto para defender con bravura y acrisolada lealtad la causa de la emancipación de la república dominicana.
Quizás el mar  y  sus olas no admiten lápidas o mausoleos que recuerden a los marinos dominicanos, pero debe haber en esa zona costera y de playa, un nombre que recuerde su heroica intervención, porque ante el llamado estuvieron listos y acudieron al llamamiento de la patria.

Admiración reverente para ese soldado, marino dominicano, que sacudiendo su alma decidió actuar y ser libre, por ellos y por sus hermanos dominicanos, por su familia. ¡Prez y gloria a esos iniciadores y cooperadores de tan digna misión patriótica!

Alto respeto para esos marineros sin nombre que desde un bergantín o una goleta, rudimentariamente armada, en medio del clamor independentista, más que voces de hombres, con gritos  de fieras marinas, al ver  que se insistía en conculcar la libertad, ordenaron…!FUEGO! .

Que el amor a la patria permanezca grabado en el corazón de los dominicanos, pero como savia benéfica, que, difundiéndose por todos los miembros de la sociedad, la vigoriza, la ennoblece, la conserva y la impele cada vez más por el camino del progreso, del bien colectivo y la humanidad, porque si se necesitan virtudes y heroísmos para fundar un pueblo, igual se necesitan trabajos y abnegaciones para perpetuar de una manera digna su existencia!

! VIVA ETERNA! ¡REPUBLICA DOMINICANA!

Sócrates David Peña Cabral
Abogado y articulista

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Advertisement -spot_img
- Advertisement -spot_img
spot_img
Más leídas
- Advertisement -spot_img
Noticias de la hora
- Advertisement -spot_img
Ir a la barra de herramientas